Toponimia Guardesa - galiciasuroeste

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Toponimia Guardesa

Arquivo 2020
LA CRUZADA
por Juan Domínguez Fontela

 

         De los cuatro barrios que constituyen la villa; el sector central o casco de la misma, Cimadavila, la Marina y la Cruzada, es éste el que ocupa una posición más poética. Situado en la vertiente N. O. Del monte de Santa Tecla, sobre el puerto de La Guardia, goza de unas vistas encantadoras, disfrutando de lleno el conjunto de la villa y una inmensa extensión de las aguas del Atlántico. Sus casas son todas un excelente mirador para observar las múltiples embarcaciones de las líneas ultramarinas y las que parten de los puertos de Andalucía, Galicia y Portugal o se dirigen a los mismos. De ningún sitio como éste pueden observarse las borrascosas tormentas que frecuentemente se desencadenan en nuestra desabrigada costa. Las puestas de Sol en todos los días del año, vistas desde la Cruzada, son simplemente maravillosas, lo mismo que el rielar de la Luna en noches serenas cuando declina a su ocaso sobre las aguas del Atlántico. Su estela rizada que se extiende y dilata hasta muchas millas es algo fascinador soberanamente poético.
        Procede el nombre de Cruzada de la voz latina cruciata, equivalente a crucillada o encrucijada, nombre que originado de la posición correlativa de sus calles y caminos que frecuentemente se cruzan entre sí. En varios de los puntos de estos caminos se encuentran y cruzan, la antigua piedad de nuestros ascendientes colocó sencillos cruceros, entre los cuales se destaca el situado en la fuente de la Cal, del que después nos ocuparemos.
         El nombre de Cruzada se repite en la toponimia española y portuguesa, como es fácil comprobarlo con cualquier diccionario geográfico o postal, pero no creo que ninguno alcance el carácter poético de que este sector de nuestra villa está saturado.  
         El terreno de la Cruzada es pobre, aunque impregnado de elementos de fertilización por la gran cantidad de humus proveniente de las vertientes del monte. Constituido todo el terreno por socalcos o terrenos de declive, sostenidos por muros de contención para salvar las tierras laborables superiores, es, sin embargo, muy productivo en varios frutos agrícolas, merced a una laboriosidad constante y penosísima de sus propietarios, contribuyendo a hacerlos productivos la distribución de las aguas, especialmente en la fuente de la Cal, que no alcanza para todas las necesidades. Desde los pinares, hasta el mar, son muchas y muy variadas las hortalizas que se producen en sus mezquinos campos y exiguas huertas.  
         Tuvo la Cruzada desde muy remotas épocas, hasta nuestros días una modesta fábrica de cerámica ordinaria y rudimentaria. En pequeñas y casuales excavaciones que se han hecho en las inmediaciones de su horno han aparecido fragmentos de loza ibérica con insculturas hermanas a las descubiertas en la población de la cumbre de Santa Tecla. Muchas de las piezas de loza, allí fabricadas recientemente, tienen todos los caracteres morfológicos de las pertenecientes a la más remota antigüedad. Hoy a desaparecido esta rudimentaria industria local.
        Tiene la Cruzada algunas de las calles por donde pueden hoy transitar coches y automóviles, cuando antes por ellas sólo podían andar carros. Para complemento de esta progresiva sólo falta que se abra una carretera que desde las cercanías de la Alameda atraviese la Cruzada y conduzca a Camposancos, enlazando después a ésta con el puerto.
        En una de estas calles están una serie de estaciones del Vía-Crucis cuyas imágenes de piedra comienzan con una hermosa cruz en los Teares y terminan en la capilla de San Cayetano. Bajo este punto de vista los de la Cruzada no quisieron ir en zaga de los vecinos de Sobrelavilla.
        Este poético templo de la Cruzada es la joya más estimable de sus cristianos vecinos. Desde el siglo XVII en que se construyó, ha sido siempre objeto predilecto de la piedad tradicional, frecuentemente allí se celebra la Santa Misa, casi todos los domingos del año, especialmente en Cuaresma se hace el ejercicio del Vía-Crucis, pero cuando se desborda el entusiasmo de los vecinos de la Cruzada, es en los días consagrados al Santo abogado de la Providencia. Sus festejos son famosos y atraen multitudes de la comarca. Alma de estos cultos y del progreso del barrio y de su capilla es la benemérita señora doña Rosa Alvarez Vda. De Moreno.
        Integran el barrio de la Cruzada la calle de la Roda llamada así por la máquina de cordelar, que allí existió antiguamente para la fabricación de cuerdas. De los Telares y Malata, de la que nos hemos ocupado en otras notas toponímicas, así como de la fuente de la Cal.
        Al lado de ésta álzase un esbelto y bien proporcionado crucero, artístico por las imágenes religiosas que lo ornamentan. Fue construido a mediados del siglo XVIII, según dice la inscripción grabada en su peana.
        Tiene este crucero de cuatro a cinco metros de altura. El pedestal es sencillo y de estilo neo-clásico-portugués en el que se inspiró el maestro que cinceló a principios del siglo XIX el que estuvo antiguamente al principio de la Vía Sacra, o calle del calvario y hoy se halla en el cementerio nuevo, después de haber estado desde 1834 en el cementerio de San Pedro. El fuste de su columna es estriado, su capitel es del orden compuesto. En éste está hincada la cruz con la imagen de Jesús crucificado, que tiene una calavera a sus pies. Arrodillado ante el Redentor está una devota imagen de San Francisco de Asís en actitud de éxtasis y con las manos alzadas hacia aquel.
        En el zócalo sobre el que descansa la columna está esculpida esta leyenda:
SSMO. CHRISTO
DE LA MISERICO
RDIA
        El pedestal de éste crucero tiene grabada la siguiente inscripción:
A DEVOCI
ON DE JOSE
CIVIDAN
ES Y SV MV
GER YSABEL
PENIZA
AÑO DE 1762

          Estos piadosos hijos de la Cruzada casados en 1742 eran hijos respectivamente de Domingo Cividanes y María López; y de Juan Peniza y Ursula Rodríguez. Son ascendientes de D. Juan Antonio Español y de Domingo Español, fundador y propulsor el primero del barrio del Pasaje y notable Alcalde de esta villa, el segundo. Sus apellidos propios eran Cividanes y López que conmutaron por el de Español en sus emigraciones familiares a Méjico y Guatemala.
          Punto significado de la Cruzada es el de la fuente del mar. A muchos llama la atención de que se llame así a este altozano situado sobre la huerta del Convento de Benedictinas y la Ribera, cuando allí no existe fuente alguna.  Antiguamente se decía encima da fonte do mar, aludiendo a la copiosa fuente de la Ribera, pero el pueblo, simplificando el nombre, llamó y sigue llamando a aquel sitio fonte do mar. Tal es el origen del nombre vulgar de este camino situado, después de tras da cerca de las monjas. Desde esta altura que domina completamente la villa y la marina se hacían antiguamente, por promesas devotas, a las altas horas de la noche, ruegos de oraciones por las ánimas y por otros fines piadosos, repitiendo a veces las saetas de las misiones.
          Un hijo notable de la Cruzada fue el Padre Maestro Fray José Español, de la Orden de Santo Domingo, que nació a principios de febrero de 1744.
          Ingresó en 1757 en el famoso convento dominico de Salamanca, donde hizo su profesión religiosa en 5 de abril de 1760. Varón de gran talento fue su principal ocupación la enseñanza de Ciencias Eclesiásticas en Nieva, Salamanca, Cuenca, Piedrahita y Santiago. Murió en el convento de San Esteban de Salamanca, cuna de grandes Filósofos y Teólogos, a los ochenta años de edad en octubre de 1824. En la biblioteca del seminario de Tuy hay alguna obra de Teología con su ex libris. En la sacristía de la parroquia de La Guardia consérvase un librito, en pasta de piel, donado por él en el año 1804 para los cultos de la Virgen del Rosario, fue muy estimado en la Orden por su ciencia y santidad, y considerado como un eminente Teólogo.
          Nació también en la Cruzada el R. P. Fray Manuel Rodríguez Franco, hijo de Silvestre y de María, que vistió el hábito franciscano en la provincia de San Miguel de Extremadura. Falleció en 25 de septiembre de 1805, después de una vida apostólica consagrado a la predicación de la divina palabra.
          Otro religioso franciscano, distinguido hijo de la Cruzada fue el R. P. Rosendo de la Transfiguración, nacido en 25 de enero de 1729. Profesó en la provincia de San Pablo en 1748. Destinado a las misiones de Filipinas, desempeñó allí cargos importantes al servicio de la Orden, como Provincial, Definidor y otros. Falleció en Manila en 23 de febrero de 1801, a los 72 años de edad y 54 de hábito, pasó la mayor parte de su vida evangelizando a los pueblos filipinos con su elocuente palabra y edificándolos en sus grandes virtudes. Su nombre de bautismo era el de Rosendo Antonio González y fueron sus padres Benito y Francisca.
          Es de justicia que consagre unas líneas a otro benemérito hijo de la Cruzada, D. Ramiro Franco. Dedicado al comercio en la ciudad de Sevilla, profesó siempre un amor extraordinario a la villa que le vio nacer, de lo que dio muestras en sus empeños por dotar a La Guardia de una historia local. Con las noticias que le facilitó D. Ramón López Portela y otros que menciona en su opúsculo, y con la colaboración del periodista sevillano D. José Povedano compuso el trabajo La Guardia. Un recuerdo a galicia, del cual hizo tiradas numerosas en un folleto, en una gran hoja mural, y en la “Ilustración Española y Americana”. Puso también en movimiento sus relaciones para restaurar en La Guardia el antiguo hospital, en uno de cuyos departamentos quería hubiese una gran iconoteca con grandes cuadros que él regaló, y una biblioteca popular para cuya base envió varios cajones con numerosos libros. Falleció este cultísimo hijo de la Cruzada hacia el año 1880 en la ciudad de Sevilla.
          Esta es la Cruzada, un poético lugar de Galicia, un hermoso aledaño de La Guardia habitado por gentes laboriosas y honorables patria de hombres de talento que han prestado grandes servicios a la cultura, a la industria y al comercio.


La Fuente de la Cal
por Juan Domínguez Fontenla

¿Porqué se llama fuente de La Cal a la de la Cruzada?
 
 
         Son varias las personas que me han preguntado la razón de llamarse fuente de la Cal a aquella riquísima en aguas potables, tal vez las mejores que existen en nuestra villa. Me dicen si es que existió allí alguna calera, o al menos una calería que diese nombre a la referida fuente de la Cruzada.
         Nada de esto. El nombre de cal es un nombre sustantivo absolutamente galaico que nada tiene que ver con aquel producto mineral.
         Esta voz cal es en el caso que analizamos exclusivamente gallega y derivada directamente de la latina callis o cal-is que significa sendero o camino estrecho y equivale a la palabra calle de la lengua castellana. La voz cal  en este sentido estuvo muy en uso en la Edad Media.
         Verifícase en esta voz la figura de dicción o metaplasmo, por supresión de elementos al fin de la voz latina citada, por lo cual callis o cal-is quedó reducida a la voz galaica cal, quedando así apocopada la dicción.
         La evolución de la palabra ha sido la siguiente: El acusativo de la flexión nominal, caso del que proceden ordinariamente las voces de las lenguas románicas, comenzó perdiendo la eme final quedando así convertido en cal-le. Desapareció después con el uso popular este segundo elemento y quedó convertida en cal.
         Esta misma transformación filológica ha sucedido con la voz latina vallis o val-lis valle que ha dado lugar a los muchos nombres topográficos de val que existen en Galicia. Tanto una como otra voz toponímica produjeron los apellidos Dacal y Doval muy generalizados en nuestra región.
         De la voz cal como originaria de callis tenemos otro ejemplo muy cercano a nosotros en la inmediata y bellísima parroquia de San Juan de Tabagón. Existe allí una Rúa da Cal, o como vulgarmente dicen también, calle da Rúa da Cal, formando con ambas formas uno o dos pleonasmos impropios, pues, la voz cal ya significa calle o camino, y el decir Rúa da Cal, es lo mismo que decir calle de la calle.
         Pero ¿quién destierra del lenguaje popular éstos y otros modismos por impropios que sean?
         Y debo decir de paso que la voz rúa, muy usada en la lengua galaico-portuguesa, procede directamente de la francesa rue introducida en nuestro vocabulario, merced a inmigraciones de los hijos de esta nación, cuando acompañaron al Rey D. Enrique en la primera independencia de Portugal y divulgada por los trovadores venidos de allende los Pirineos en aquellos siglos medioevales.
         Esta es, pues, la razón de llamarse fuente de la Cal a la abundantísima en agua potable situada en el laborioso y poético barrio de la Cruzada. Por estar situada al lado de una antiquísima rúa o calle, que es tal vez uno de los caminos más frecuentados de aquel sector de nuestro pueblo y una de las vías que conducían al histórico monte de Santa Tecla, se llamó antiguamente y seguirá llamándose la fuente de la Cal.


OS TEARES O LOS TELARES EN LA CRUZADA
por Juan Domínguez Fontela

         Es éste otro nombre cuyo origen muy pocos conocerán, especialmente entre la gente moza, por provenir de una industria textil hoy completamente olvidada entre los hijos de La Guardia.
         Al regresar de Méjico y Cuba el hijo de esta villa, D. Benito Español hacia el año 1835, concibió el proyecto de dotar a nuestro pueblo de una importante industria que daría ocupación a muchos convecinos suyos de ambos sexos, y para ello, asociándose con D. Antonio Medrano, sobrino del párroco de La Guardia don Antonio Herrero, vecino que era también de esta villa, fundó una modesta fábrica de servilletas, toallas y manteles en la casa que forma ángulo en dos de las calles de la Cruzada, en el sitio que aún hoy se llama con el título que encabeza estas líneas.
         No he podido comprobar si allí se elaboraban también lienzos para confeccionar ropa blanca como paño crudo y otros similares.
        Los primeros obreros peritos que trabajaron en esta fábrica fueron D. Benito González, casados más tarde con doña Josefa Sobrino y un hermano de aquel, llamado D. Antonio González, unido después en matrimonio con doña Dolores de Puga y Ozores. Ambos fueron mandados venir de Portugal, como prácticos en el arte textil, con objeto de dirigir dicha industria y enseñar teórica y prácticamente el manejo de la maquinaria de que disponía el nuevo establecimiento.
         Esta industria guardesa alcanzó mucha importancia por la abundancia de la producción y por la excelente calidad de los géneros que se elaboraban.
         En algunas casas de La Guardia, y nosotros lo hemos visto muchas veces, existían y existen todavía piezas de aquellos géneros fabricados en aquellos telares, que se distinguen por la duración de su tejido, muy resistentes a la acción del uso y del tiempo y por la belleza de su presentación, especialmente los de labor adamascada. Muchos de aquellos artículos tienen como característica una estrecha franja de color azul o encarnada situada a unos diez centímetros de los extremos. La materia prima que se empleaba era el hilo de lino o el de algodón.
         Los productos de esta fábrica tuvieron mucha aceptación en esta comarca, en otras regiones de España y aún en Portugal, merced al precio bajo que tenían, que permitía competir con otras marcas extrañas. Pero sucedió a esta villa lo que a otras localidades con otros productos fabriles. Cuando se perfeccionaron las máquinas extranjeras que permitían mayor producción y por tanto rebaja en los precios, aquí no se supo evolucionar y la introducción en nuestro comercio de artículos similares más baratos echó por tierra esta importante industria local que daba pan a muchas familias y llevaba el nombre de nuestro laborioso pueblo a regiones lejanas. Hoy sólo resta de ella el edificio convertido en domicilio particular.
         Lo único que permanece es el nombre de Teares o Telares con que se conoce aquella calle de nuestra villa.
         Descendiente y heredero del fundador de esta fábrica de tejidos fue otro benemérito hijo de La Guardia D. Juan Antonio Español, fundador del edificio del magnífico Colegio de Padres Jesuitas del Pasaje de Camposancos y de los muelles de aquel punto. Lugar fue éste de gran importancia comercial por los barcos que allí se hacían o reparaban, por los que allí arribaban para desembarcar productos americanos y de otras naciones y de donde partían importantes artículos para Cádiz y puertos trasatlánticos. A la sombra de éste movimiento comercial se fundó el barrio del Pasaje.
         Otra obra de D. Juan Antonio Español en nuestra comarca fue el puente del Tamuje, obra hermosa de arquitectura civil construido en 1844-45, con todas las garantías de solidez y comodidad. Siendo Diputado Provincial gestionó y consiguió con su influencia la realización de esta obra que era entonces una necesidad pública, por estar derruido el puente antiguo y como por su cargo no podía contratar la obra, lo hizo en su nombre y como maestro D. José Fernández, vecino de San Cristóbal de Goyán.
  
La Malata
Por Juan Domínguez Fontela
  
 
         Es esta también una de las calles características de nuestra villa, situada en el poético barrio de la Cruzada. He aquí el origen histórico de este nombre.
         Una de las enfermedades que más estragos causaban en la Edad Media en todos los pueblos de la costa marítima ibérica era la lepra. Propagada por los habitantes de la costa mediterránea de Africa, en sus frecuentes incursiones piratas sobre los puertos de nuestra península, causaron innumerables víctimas por doquiera.
         Pero las autoridades de aquellas épocas, adelantándose a las investigaciones científicas modernas, reconocieron que los medios profilácticos eran los más adecuados, sino para curar el mal, al menos para contener su avance, evitando su propagación, y determinaron el aislamiento absoluto de los desgraciados, a quienes la terrible enfermedad atacaba, para lo cual constituían barrios especiales en los sectores más alejados de las poblaciones donde incomunicaban a aquellos infelices.
         En La Guardia verificóse esto en la parte alta de la Cruzada, al pie y en medio de los pinares bajos de la costa de Santa Tecla. Allí existían una serie de casitas de planta baja y una fuente que aún hoy brota, dedicada a Santa Catalina, y toda esta pequeña población estaba rodeada de una cerca de piedra, con prohibición absoluta de que nadie allí entrase, aún los parientes más cercanos, y de que los enfermos para nada pudiesen salir de su aislado retiro.
         La caridad de sus condeudos y de las personas benéficas solucionaba las necesidades de aquellos pobrecitos llevándoles ropas y alimentos. El agua corría para todos. Al fallecer se les daba sepultura al lado de la misma capillita donde se entregaban a las oraciones salidas de sus atribulados corazones. De esta capilla aún subsisten elementos importantes de sus arruinadas paredes. De este modo la enfermedad fue extinguiéndose y sólo restan uno que otro caso especialmente en otros lugares de Galicia. En La Guardia no recordamos los nacidos actuales ni un solo enfermo de tan triste dolencia.
         El nombre con que éstos eran conocidos era el de Malatos, en singular malato-a[1], según el sexo y la enfermedad lo era con la voz italiana melattia, significando aquel gafo, leproso y esta lepra. A los lugares o barrios en que éstos se albergaban se les llamaba Malata, leprosería, gafedad.
         En muchos pueblos existe aún, como en La Guardia, lugares conocidos con el nombre de Malata, por ejemplo en la villa de Cangas de Morrazo, frente a Vigo. En la provincia de la Coruña hay en el pueblo de San Salvador de Serantes un barrio lugareño que se llama también Malata.
         En otras poblaciones, como Tuy, Orense, Verín, Vivero, etc., se les llamaba de San Lázaro por estar bajo el patrocinio de este Santo leproso de Jerusalén.
         Tal es el origen histórico del nombre que tiene desde hace varios siglos esta calle de nuestra Cruzada. La capilla de Santa Catalina y su culto fue trasladado a mediados del siglo XVII a la actual capilla de San Cayetano, que en esta época se edificó.
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[1] La voz malato-a, según el filólogo Coruñés procede de la voz latina male Rabitus. Al castellano y al gallego-portugués pasó esta voz directamente del italiano.

 
“La Vía Sacra”
por Juan Domínguez Fontela
 
           Era este el nombre de la calle que va desde la que baja desde la Iglesia a la marina, tras de la Plaza del Reloj, hasta el santuario de la Guía, situado sobre la villa.
           Llamóse Vía sacra por razón de las estaciones del Vía Crucis público distribuidas en todo el trayecto de la misma. Es la devoción del Vía Crucis una práctica muy arraigada, a la que nuestro pueblo ya desde remota antigüedad viene consagrándose con inusitada frecuencia. Recibió gran incremento esta devoción con motivo de una gran misión que en nuestra villa predicó el V. P. Fray José de Carabantes, religioso capuchino e insigne misionero en América y en España, a fines del siglo XVII. Los dos siglos y medio pasados no han borrado su memoria diciéndose de él que su voz apostólica solo tuvo uno que pudiera comparársele: el Beato Padre Fray Diego de Cádiz, oriundo de Tuy. De la Misión del V. Padre Carabantes se recuerda que hacía todos los días de la Misión el ejercicio público de la Vía Sacra llevando sobre sus hombros una pesada cruz de madera, edificando a todos con su penitencia, piedad y elocuencia apostólica y para que se arraigase más en el pueblo la práctica de este Santo ejercicio inició una colecta pública para costear los gastos de unas nuevas cruces para las estaciones, ya que las antiguas estaban en gran parte arruinadas o desaparecidas.
           A esta restauración se refieren las dos inscripciones consignadas en una de las estaciones cerca de la capilla de la Guía. Dice una:
 
HESTAS CRUCES SE
PVSIERON A DEVOCI
ON DE ALGUNOS BECI
NOS DE ESTA BILLA
           En otra se lee:
 
AQUÍ PADECIO LA
MUERTE EL REI
DE LA PROPIA
VIDA
AÑO DE 1684
 
           Camino de la Guía, antes de llegar a su amplia plaza, cerca de la encrucijada se halla la Estación IX que fue restaurada también en el año 1795, según dice la siguiente inscripción grabada en el travesaño de la misma cruz:
 
JOSE FRANCO TABOAS LA
HIZO AÑO DE 1795
 
           Puesto que hablamos de esta calle queremos dejar consignada una interesante efemérides que un vecino de esta calle esculpió en un lienzo de pared interior de su casa situada precisamente frente a dicha Estación IX del Vía Crucis, inscripción que se refiere a una gran caída de aguas que hizo muchos daños en el Rosal el año de 1783.
 
          Dice así dicha efemérides:
 
EN EL AÑO DEL 83
A SVZEDIDO LA DESGR
HACIA DE UNA VENIDA DE
AGUA QUE LLEVO MUCHAS
HAZIENDAS EN EL DIA
DE LOS SANTOS INOCE
NTES
 
          Termina la Vía Crucis en la hermosa plazoleta de Nuestra Señora de la Guía, en la cual se alza la esbelta capilla de este título. Llamóse desde hace muchos siglos de la Guía como ese voto de la piedad de los caminantes que se dirigían por la antigua vía marítima a Bayona y Vigo, la cual pasaba por este lugar.
          Como hemos  publicado en otra ocasión en el semanario de La Guardia “La Voz del Tecla”, no podemos precisar con exactitud la fecha en que fue edificada la capilla actual, pero detalles arquitectónicos de la misma y en especial su pórtico, hacen fijar su construcción en mediados del siglo XVI. Entre nuestros papeles sobre La Guardia figura una papeleta referente a una donación testamentaria de un hijo de nuestra cristiana Marina legando la limosna de ”veinticinco diñeiros para a capela de Nosa Señora da Guía, extramuros da vila da Guarda”, frase que probaba la existencia de este pequeño templo ya antes del siglo XV. Del estado ruinoso en que se hallaba a principios del XVI tenemos testimonio en mandatos de visita pastoral en los que se encarece al párroco la necesidad de proceder a su restauración.
          Cuando en el siglo XVII se construyó el castillo de “Santa Cruz” se dedicó a nuestra Señora de la Guía el baluarte que está frente al hermoso y poético barrio de sobre la villa.
          Tierna y conmovedora es la práctica del Vía Crucis, en los días de semana santa en esta calle y en su capilla. No hay vecino de La Guardia que deje de acudir a esta santo ejercicio tradicional en estos días, especialmente el Jueves y Viernes Santo, aún a las altas horas de la noche. La capilla aparece entonces ornamentada con gusto exquisito y emocionante piedad, para que en ella terminen las plegarias y meditaciones conmemorativas de la pasión de Cristo.
Tienen singular atractivo en este laborioso barrio las fiestas de Nuestra Señora de la Guía celebradas tradicionalmente en los días 7 y 8 de diciembre, no siendo inferiores en solemnidad las que muchos años se celebran el 7 y 8 de septiembre, por buscar días de más bonanza que en los crudos de invierno.


      
Calle de los Malteses
por Juan Domínguez Fontela
 
 
           Esta es una de las calles más características de nuestra villa. Una de las manzanas de casas que la forman caen inmediatamente sobre las peñas del rompeolas de nuestro pequeño puerto. Tanto en ésta como en la manzana de frente han estado siempre habitadas sus casas exclusivamente por los laboriosos marineros de nuestra población.
           ¿De donde procede el nombre de calle de los Malteses con que es conocida desde antiguo? Para muchos no ofrece la menor duda que este nombre es debido a un barco de Malta que aquí se perdió estrellándose contra las rocas, y cuyos tripulantes aquí fijaron su residencia no pensando en volver más a su patria.
           Esta afirmación a la que quiso darse carácter de tradición popular, tuvo muchos seguidores especialmente desde que se publicó el folleto histórico de Ramiro Franco “La Guardia. Un recuerdo de Galicia”[1] en cuya página 7 se sostiene esta teoría desprovista de todo fundamento válido.
           El nombre de Malteses nada tiene que ver en absoluto con los habitantes de la famosa isla mediterránea. El barco que capea en el blasón heráldico de nuestra villa tampoco nada tiene que ver con el barco desarbolado a que allí se alude.
           El nombre de Malteses tiene el origen siguiente: En la ciudad de Lisboa y en otros muchos puertos portugueses se daba antiguamente el nombre de malteses a los marineros mercenarios o jornaleros, es decir aquellos que no estando enrolados al servicio fijo de una embarcación determinada, están en las casas esperando a que los llamen, ya para suplir a otros que teniendo destino fijo no pueden salir al mar, ya para cubrir plazas vacantes. Como la influencia de los usos y costumbres de Portugal ha sido siempre muy grande en los pueblos fronterizos gallegos y especialmente en los puertos de mar próximos a la boca del Miño, la cual aún hoy subsiste en el lenguaje popular de La Guardia saturada de palabras y modismos portugueses y de aquí procedió que, por vivir en este barrio de La Guardia muchos marineros en aquellas condiciones, se haya dado vulgarmente este nombre a la referida calle, nombre que se ratificó oficialmente cuando se rotularon todas las de la villa.
           Esta apreciación mía, es fácil de comprobar, está apoyada en el testimonio de libros portugueses dedicados a relatar costumbres populares en nuestra nación hermana.
           ¿Cuál es el origen de éste término apelativo propio de los habitantes de la isla de Malta, aplicado a estos marineros galaico-portugueses? Lo ignoro.
           He aquí algunas variantes y derivaciones de la palabra malteses, según los filólogos portugueses.
           MALTA.- Reunión de trabajadores, especialmente marineros que se trasladan fácilmente de un lugar para otro en busca de trabajo.
           CASA DE MALTA.- Domicilio en que viven o duermen, como en familia varios trabajadores.
           MALTËS, ESES.- Trabajador, trabajadores que viven en maltas, sin casa determinada esperando que los llamen o contraten para el trabajo. Voz muy usada refiriéndose a marineros.
           MALTESÏA.- Rancho o agrupación de malteses o trabajadores dispuestos a ir a donde los llamen.
 
[1] La Guardia. Imp. De Juan Antonio Pacheco, 1873.
 

Juan Domínguez Fontela
Archivo de Antonio Martínez Vicente






LA RÚA O CALLE DEL MEDIO
por Juan Domínguez Fontela
 
  Seguramente que son muy pocas las personas que sepan cual era la calle que llevó durante muchos siglos este nombre.
           Rúa del Medio o calle del Medio a la que hoy se conoce con el nombre de calle de Colón, la cual fue desde remota antigüedad la vía más importante de La Guardia.
           Geométrica y topográficamente a ninguna otra calle le corresponde con más propiedad este nombre de del Medio que se le daba, porque es como el eje o línea diametral que dividía en dos sectores la antiquísima población castramentada La Garda o Guarda, Foz do Miño.
           Fue nuestra villa primitivamente un castro o más bien un oppidum, situado sobre el burgo marinero preromano que constituye indudablemente la primitiva población de La Guardia. La disposición de las tres únicas calles que constituían la ciudadela demuestra el carácter militar de ésta.
           No tenía la población más que dos puertas: una hacia la plaza y otra hacia las escaleras del convento. Una y otra puerta son términos y extremos de la calle del Medio, la rasante de la puerta de la Plaza a un metro sobre el nivel actual de aquel sitio. Aún recordamos la piedra concavada en que giraba el quicio de la puerta. La puerta de abajo, “a porta da vila”, sobre las escaleras, tenía la rasante actual. Allí puede verse todavía la concavidad en que se apoyaba el quicio de su puerta.
           Con la rúa del Medio comunicaban la rúa do Pozo situada al naciente y que conducía a la plaza única de la villa hoy llamada Monte Real. En esta rúa existía un cuartelillo para guarnición del castro, y el único pozo de agua potable para servicio de sus habitantes, el cual dio nombre a la calle. La otra calle llamada de San Marcos, por razón del hospital-albergue, que a su entrada existió, donde está hoy la carnicería del municipio, conducía a la plazoleta o atalaya del muro de la villa. Ni en este sitio ni en el Monte Real, existían las bocas calles que existen hoy, pues, el oppidum, o población amurallada, no tenía más entradas que las citadas. Las portas da vila, la calle que va del Monte Real a la del convento y a la Plaza Nueva abriose hacia el año 1840, al demolerse el muro que venía desde la Plaza por detrás de las casas de la calle actual de Cervantes. En 1839 aún se reparó el muro que cerraba esta bocacalle por temor a un nuevo asalto a la villa, como el que dio en 1.º de julio de aquel año el bandolero Guillade. Hacia este tiempo se abrió también la boca calle del Muro.
         En la parte alta de la calle del Medio existió la casa solariega y torre de los Correa. Demolida esta torre en los días turbulentos de Pedro Alvarez Sotomayor, más conocido por Pedro Madruga, en tiempos de los Reyes Católicos, quedó únicamente el solar y sobre él edificaron los linajudos señores de aquella casa su noble vivienda, llamada en el siglo XVI la casa nueva de Correa, que aún hoy existe. Esta reedificación se hizo en el año 1500.
          En el n.º 146 del “Boletín de la Comisión de Monumentos de Orense” correspondiente a los meses septiembre-octubre de 1922 hemos publicado un notable testamento que estaba inédito en el Archivo de la Catedral de Tuy, otorgado en la ciudad de Orense en el año 1471 por D. Gómez Correa, vecino de La Guardia, herido de muerte por una saeta en el combate entre las fuerzas del Conde de Benavente y las del Conde de Lemos, D. Gómez Correa había acompañado con sus gentes las huestes de Pedro Madruga partidario del de Benavente.
          Refiriéndose a esta torre de La Guardia dice así el testamento: “item luxo arriva de Miño meu primo a torre de Garda que aja e leve”.
         En esta casa al pie de la misma torre vivía Elvira Correa, hermana del testador casada con Juan Culler, Merino da vila y escudero, padres del canónigo de Tuy y Abad de La Guardia D. Lorenzo Correa, cuya sepultura con escudo heráldico está detrás del altar de la Virgen de los Dolores, fundada y construida por él en la iglesia parroquial de La Guardia.
          Tiene esta casa en su fachada el escudo heráldico de los descendientes de la familia dividido en cuatro cuarteles, el de la derecha superior es el león atravesado por una espada, apellido Ozores, el de la izquierda las jaqueles de Sotomayor, el de la derecha inferior Zúñiga y el de la izquierda la cruz de Pereira.
          Otro escudo de la misma casa ostenta una gran águila explayada sobre cuyo pecho se ostenta un escudo con trece correas cruzadas en diagonal, que es el blasón del apellido Correa. Los colores de este escudo son: negra el águila y rojas las correas cruzadas sobre campo de oro. Alude el águila al apellido Aguiar de Doña Dordea y el de Correa a D. Pedro, padres del valiente campeón D. Pelayo fundador de esta ilustre familia.
          En esta casa nació y vivió muchos años doña Isabel Ozores y Sotomayor, uno de los hermanos fundadores del convento de Benedictinas de esta villa. Casada con D. Baltasar de Sequeiros y Benavides, de quienes proceden los Condes de Priegue, que tuvieron entre otros hijos a D. Fray Antonio de Sotomayor, Arzobispo de Dámaso y confesor de Felipe IV, D. Fray Francisco, Arzobispo de Quito y Charcas, y a D. Fray Alvaro, electo Obispo de Orense. También vivió en esta casa D. Diego de Zúñiga y Sotomayor, Obispo de Samora y Orense.
          Por una información notarial hecha en 1622 que existe en el Archivo de la Casa de Sto. Tomé de Freijeira, tomada del de Simancas consta que los tres primeros asistían de niños a la escuela pública de La Guardia.
          El blasón heráldico del Sr. Zúñiga y Sotomayor se ostenta en la fachada lateral del convento de Benedictinas y en la fachada de la casa mencionada.
          Frente a esta y formando ángulo en la calle del Medio con la de San Marcos con una capilla unida al mismo, existía el hospital del mismo nombre. Allí se curaban los enfermos pobres y alojaban los impedidos necesitados. Existía ya en 1458 y debía ya haber sido fundado muy atrás porque se arruinó y se instauró algunos años más tarde, como consta por un documento público del archivo de la familia Correa que dice: se otorgó en el año de 1494 ante la puerta del hospital nuevo de San Marcos.
          De este hospital hablaremos en uno de los capítulos de nuestro proyectado libro “La Guardia. Páginas de su historia”.
          Otra casa ilustre existió en esta misma calle del Medio. Aquí vivió y tenía solar en 1556 D. Antonio Varela, casado con doña Apolonia González. Su hijo Ruy Martínez Varela se casó con doña Francisca Vázquez Falcón, cuyo hijo se casó con doña Gutierre Falcón y Sotomayor, Caballero del Hábito de Santiago, de quienes descienden los Marqueses de Bardaña. Los escudos heráldicos han desaparecido de la casa en que vivió esta familia. Hoy solo pueden verse estos en la capilla de la Santísima Trinidad en nuestra iglesia parroquial, dos escudos en que campean los apellidos de esta noble casa, uno en la pared de la epístola sobre un arco sepulcral hoy tapiado y otro en el suelo cubriendo un sarcófago.
          Otras varias familias de significada prosapia vivieron en esta calle, la principal de la antigua villa amurallada, de la que daremos cuenta cuando mencionemos los hijos más distinguidos de nuestro pueblo.
    
Juan Domínguez Fontela
Del Archivo de Antonio Martínez Vicente
 
  
  
CALLE DE PUERTO RICO
por Juan Domínguez Fontela
 
Archivo de Antonio Martinez Vicente
 
Antes de 1895 era conocida esta vía por carretera a Bayona y en ella no había más edificaciones que el edificio destinado a escuelas públicas de niños y niñas.
En 1895, siendo alcalde de esta villa D. Agustin Sobrino acordó la Corporación municipal, en una de sus sesiones, poner a dicha calle el nombre de Elduayen, que conservó hasta 1910 en que, acordado por nuestro Ayuntamiento, que a la sazón presidía D. Severiano Martínez, sustituir el nombre de Plaza de la Constitución que llevaba desde tiempo inmemorial nuestra plaza pública, por ee de Plaza de Puerto Rico, parece ser que este cambio de nombre no fue acogido con agrado por el pueblo de La Guardia.
 

Calle Elduayen (1900)
 
No obstante, se llevó a la práctica el acuerdo y el rótulo "Plaza de Puerto Rico" apareció en la fachada de la Consistorial un día por la tarde, a pesar de las repetidas y firmes protestas del público que no simpatizaba con la idea, y al día siguiente apareció horriblemente embadurnado el que solo por unos instantes había dado a nuestra plaza nuevo nombre. En vista de esta protesta muda, pero enérgica a la vez que elocuente, el Ayuntamiento, con muy buen acuerdo mandó pintar de nuevo la lápida con el nombre que antes ostentaba de Plaza de la Constitución y dar el de Puerto Rico a la calle de Elduayen en atención a que, en dicha calle, la mayor parte de los edificios pertenecen a distinguidos guardeses que han pertenecido al comercio de la pequeñaa Antilla, como son D. Manuel Alvarez, D. Higinio Troncoso, D. José M. González, D. Luis Martínez y D. Agustín Español.
 

Calle Puerto Rico, 1919
 
Las modernas edificaciones de esta calle, débense, en su mayor parte al tránsito que por aquella vía se efectuaba cuando no contábamos con otra que nos pusiera en comunicación con las poblaciones vecinas y solo por esta carretera se efectuaba el tráfico de pasajeros y mercancías entre Vigo y La Guardia.
Abierta la nueva carretera a Tui, cesó el movimiento por la carretera de Bayona y con esto extendieron también por la nueva via las modernas construcciones, de tal manera que podemos decir que el trozo de carretera comprendido entre el Coruto y la calle de Andreini es la mejor y más importante calle de La Guardia.

Juan Domínguez Fontela
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