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Santa Misión en La Guardia

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Boletín Eclesiástico del Obispado de Tuy
Tomo XXXIV Ano XXXIV Número 898 del 10 de febrero de 1893
 
 
Santa Misión en La Guardia.
 
 
La Guardia, Enero 30 de 1893.
 
Excmo. E Ilmo. Sr. Obispo.
 
 
Mi amadísimo Prelado: al terminar a las 7 de la noche de anteayer la Sta. Misión que los RR. PP. Ignacio Santos y Juan Conde comenzaron en esta Villa la tarde del 18 del corriente, no puedo menos que exclamar: ¡Loado sea Dios! mil veces loado!
 
Treinta y un años hace, Excmo. Sr., que estoy al frente de esta parroquia, y aunque tengo sufrido amarguras y penalidades inherentes al ministerio parroquial, tampoco el Señor dejó de consolarme muchas veces; pero hoy con especialidad puedo decir que mi alma rebosa santa alegría y satisfacción inexplicable.
 
Ya en 1867 pedí y tuve aquí una Misión dada por los PP. Cabrera y Arcaya; en 1879 intenté otra, que no pude conseguir sino a medias, pues solo vino a darla el P. Rademakar: los frutos espirituales obtenidos en ambas fueron grandes. Al presentir ahora que se acerca el fin de mi vida, demandé al cielo una gracia que no me fue negada, la gracia de una 3ª. Misión como último y mejor recuerdo de mi vida para mis feligreses queridos; realizáronse mis deseos y ahora solum mhi superst sepulchrum.
 
Describir, Excmo. Sr., cuanto pasó aquí desde el primero hasta el último día de la Misión, es para mí tarea imposible; la presteza con que mis feligreses, los de Tabagón, S. Miguel, Salcidos y Camposancos, presididos por sus dignos Párrocos, acudieron a recibir a los RR. PP. en las afueras de esta Villa; la profunda atención que prestaban a las santas doctrinas; un auditorio numeroso que nunca bajó de 5.000 almas y se elevó a más de 10.000; la santa emulación con que se disputaban un local en la espaciosa plaza de esta Villa; el recogimiento y fervor de los jóvenes que en número de más de 700 concurrían al Templo todas las noches, de 7 a 8, a escuchar las sabias conferencias que el R. P. Conde les daba sobre la existencia de Dios, la divinidad de Jesucristo, la dependencia y culto exigidos de parte del hombre, la simplicidad e inmortalidad del alma humana; la edificante Comunión y procesión de más de 400 niños de ambos sexos; las confesiones y Comuniones, que desde el quinto día nunca bajaron de 1.000 diariamente, todo esto Excmo. Sr., no es para describir, porque cuanto yo diga sería muy pálido comparado con lo que pasó.
 
Como la concurrencia de los fieles era numerosísima, y en la imposibilidad de poder celebrarse en esta Iglesia la Comunión general, se ordenó que los de otras parroquias fuesen a comulgar a sus respectivas Iglesias. Todo esto, Excmo. Sr., hará vislumbrar a V. E. una parte de los innumerables beneficios que a esta comarca trajo la Santa Misión.
 
Al llegar aquí no puedo menos que hacer notoria la gratitud que debo a los infatigables PP. Misioneros, a los RR. PP. del Pasaje, a mis dignos compañeros los Sres. Párrocos de Tabagón, S. Miguel, Salcidos, Camposancos, Oya y Burgueira, quienes con ardiente celo cooperaron en gran escala al mejor éxito de esta Santa obra, concluyendo por manifestar a V. E. que la esplendidez y solemnidad que revistieron las procesiones y todos los más actos de esta Santa Misión obligaron a uno de los Padres a manifestar que en toda su vida de misionero jamás había tenido la dicha de presenciar una manifestación religiosa que tanto le sorprendiera.
 
Dígnese V. E. dispensar la forma de esta carta a su más humilde súbdito y menor capellán que ruega a Dios por la preciosa vida de V. E. y B. S. P. A.-Nicolás Salgado y Rotea.
  

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