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Religiosidad en el Tecla

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NOTICIA de los ejercicios espirituales que se hacen en el monte de Santa Tecla, distrito de la Guardia, en esta diócesis
por J.R.A.
    
   
A cuatro leguas de Tuy entre las parroquias de la Guardia y Camposancos donde desagua el Miño en el Océano, hay un monte que termina en dos puntas y en una de ellas una ermita dedicada a Santa Tecla, en donde de muy antiguo vienen haciéndose los ejercicios espirituales que se van a referir, aunque no consta la época en que tuvieron principio. Es tradición que a aquel monte concurrían los ermitaños de las inmediaciones antes del siglo doce a hacer ejercicios de penitencia; y después que se retiraron al claustro, al parecer en el Monasterio de Oya, algunos eclesiásticos y seglares continuaron aquella piadosa practica: y se hizo esta más general y constante con motivo de una sequía de siete años que produjo el hambre y la peste, cuyas plagas han cesado por la intercesión de Santa Tecla, a quien acudieron los fieles del país haciendo devotas rogativas y penitencias. Agradecidos hicieron voto de subir todos los años al citado monte a practicar allí ejercicios piadosos. Muchas veces acudía el Señor Obispo de la Diócesis, y celebraba misa, predicando el P. Abad del Monasterio de Oya. En una escritura de convenio otorgada en julio de 1712, entre los Abades de la Guardia, Salcidos y Tabagón, que existía en el archivo de los Monjes de Oya, se hace mención de lo que va relacionado, y se añade que era tradición, que aquellos ejercicios venían haciéndose ya más de doscientos años.
 
La presidencia y dirección de aquellos está a cargo del Prior que se elige cada año, que deberá ser un eclesiástico, aunque no sea del distrito sin que los Párrocos en cuyo territorio está enclavado el monte y capilla de Santa Tecla, puedan ejercerla y por eso es que en la escritura citada se dice, que el Prior ejerce la jurisdicción nomine Episcopi.
 
Los ejercicios se hacen en la forma siguiente: El lunes infraoctava de la Asunción de Nuestra Señora muy de madrugada suben al monte a pie todos los eclesiásticos y seglares de las siete parroquias inmediatas con las cruces parroquiales y estandartes de sus cofradías pero ninguna mujer. Varios grupos de gentes, van subiendo al monte andado las estaciones del santo Vía-Crucis, para lo que hay varias cruces de piedra desde la mitad del monte arriba. Confiesan y comulgan, y luego se celebra la misa cantada en la cual se echan muchas oraciones que hay impresas, entre las cuales entra la del día, la de Santa Tecla y las de los Patronos de las Iglesias inmediatas. Concluida la misa se forma la procesión general hasta el punto en que hay un pulpito de piedra en que se predica un sermón de penitencia: después el Prior Bendice el pan. Sigue la procesión con la Letanía en esta forma= Indulgencias Kyrie eleyson repite el pueblo Indulgencias Christe eleyson. Y luego Santa Maria: Rogay a Deus por nos. Deus ouvid a nos. Kyrie eleyson Deus ouvid a nos: Santa Tecla Rogay a Deus por nos etc: Santa Dei Genitrix Rogay a Deus por nos: Y de este molo se continúa alternando e interponiendo el nombre de Santa Tecla con cada Santo y con las preces de la Letanía general respondiendo siempre: Rogay a Deus por nos. Deus ouvid a nos. Kyrie elyson. Deus ouvid a nos. Después en uno de los puntos más altos del monte llamado el Facho, se rezan de rodillas los salmos penitenciales y graduales con sus letanías versículos y oraciones, y al fin el Veni Creator, y asi vuelve la procesión a la capilla. Van en seguida todos los eclesiásticos a una pequeña casa que allí hay y a todos se sirve pan y agua, único alimento que en este día toman, y durante la comida hay lectura espiritual y esta mortificación se observa rigurosamente hasta por los mismos seglares, y solo al Predicador se le presenta una comida muy frugal y determinada por los Estatutos, y si la acepta ha de comer en lugar separado de los demás.
 
El día siguiente continúa el voto é indulgencia, vuelven los eclesiásticos y los hombres que no pudieron ir el día anterior, se confiesan y comulgan, se canta la misa y se hace la procesión con la misma letanía, preces, salmos é himno, en la colina del monte llamada de San Francisco, volviendo procesionalmente a la capilla.
 
Entonces se nombra para el año siguiente Prior, Vice-Prior, Secretario, Fiscal, Consiliarios, recaudadores de limosnas y Capellán de misa de alba, el que tiene que celebrar muy temprano, los días del voto, el de Santa Tecla y los días de Jubileo. Se dan las cuentas de las limosnas recogidas y gastos, y se apunta todo en el libro destinado al efecto y pasado el mediodía se puede ya comer algo aunque todo parcamente de modo que el ayuno riguroso de pan y agua dura cuarenta y ocho horas en el monte y su circunferencia. En el segundo día de cada Pascua hay Jubileo para todos los que habiéndose confesado y comulgado, visitaren la capilla de Santa Tecla en el referido monte, y el mismo el día de la Santa Virgen y mártir, muchas personas suben a ganarlo, pero entonces pueden ir también las mujeres y no se observa el ayuno riguroso de pan y agua: pero ni en esos días ni en los del voto, no hay gaita, fuegos, bailes ni otro género de diversiones profanas, y todos guardan mucho orden y compostura.
 
Algunas personas que por imposibilidad física o moral no pueden subir al monte el día del voto, suelen confesarse y comulgar donde mejor se les proporciona y observan en sus casas por aquel día el ayuno referido.
 
También en todos los Domingos del año, acostumbran algunas personas piadosas subir al monte a practicar el santo ejercicio del Vía-Crucis.
 
Es muy justo hacer aquí mención honorifica de D. Francisco Maravillas, natural de la Guardia y vecino de la Habana que en el año pasado ha costeado los muchos y bien ejecutados reparos de la casa y capilla de Santa Tecla, que por falta de recursos caminaba a la ruina.
   
  
J. R. A.
Boletín Eclesiástico del Obispado de Tuy
Año I Nº 14, del 15 de agosto de 1859





EL MONTE DE SANTA TECLA
LA GUARDIA (Pontevedra)
Octavo centenario de sus cultos
por Juan Domínguez Fontela
 
I
 

 
           Conocido es de todos los turistas y amantes de las bellezas de Galicia el poético e histórico monte, cuyo nombre encabeza estas cuartillas.
           Situado en una de las más encantadoras comarcas de la península ibérica, constituye hoy un lugar imprescindible para todas las excursiones científicas o recreativas que nos visitan, siendo parte integrante de todas las que vienen a Vigo.
           La situación caótica en que se halla gran parte de nuestra patria, arrastrada a una guerra sangrienta y destructora contra la civilización, han suspendido esta gran corriente turística y científica, que visitaba en todas épocas del año, y especialmente en el verano estas incomparables cumbres: de un año acá son contados los forasteros que allí suben.
           Las que no se han interrumpido nunca son las peregrinaciones de penitencia o rogativas. El Voto de 1936, en agosto de dicho año, pocos días después la guerra civil, ha constituido un suceso histórico que vino a confirmar que la fe cristiana de España no está muerta. Lo mismo que sucedió con los cultos del 23 de septiembre y 26 de diciembre del mismo año, los de la Pascua de Pentecostés de este año y los de la gran misión de esta última Cuaresma.
           El próximo día 16 de agosto, lunes infraoctava de la Asunción de la Virgen, es el día designado desde el siglo XII para la próxima festividad de penitencia en dicho monte, con la celebración del VOTO que organiza la antigua Hermandad o Cofradía del Clamor o de Santa Tecla.
           Desempeña este año el cargo de Prior de la misma, el actual párroco de San Miguel de Tabagón, D. Aquilino Martínez, quien juntamente con los demás elementos que integran dicha Hermandad y con la cooperación de todos los párrocos del antiguo Concejo de La Guardia, están preparando y disponiendo todos los medios para que la rogativa y fiesta del VOTO de este año sea algo extraordinario por el concurso de fieles, numerosas comuniones y demás ejercicios de oración y penitencia pública.
           Debemos recordar a los lectores que los cultos de este VOTO tienen la característica de que a ellos solo concurren hombres, con la absoluta exclusión de mujeres, lo cual da a estos actos una nota emocionante de gravedad, silencio y recogimiento edificantes.
           Los cultos del VOTO, especialmente la mediación pública del Vía-Crucis, las comuniones en el templo y el canto litúrgico de las letanías en latín, griego y gallego arcaico, hablan elocuentemente al alma. Las frases bíblicas y recuerdos históricos del sermón de penitencia no se oyen nunca sin sentir sacudidas en las fibras más delicadas de la conciencia.
           Una particularidad ofrecerán los cultos de este año, y es que en ellos se dará cuenta a los fieles del proyecto de la celebración solemnísima del Octavo Centenario de la organización de estos cultos de la Hermandad o Cofradía del Clamor del Monte de Santa Tecla, para todo el año próximo 1938.
           Aunque el culto cristiano en nuestro monte se remonta a los primeros siglos del Cristianismo –y tal vez aquí lo practicó ya en honor a Santa Tecla, aquella mujer insigne, del siglo IV-V, la Virgen Eteria, ilustre peregrina de la Palestina- la organización de los cultos actuales remóntase al año 1138, según demostraremos.
           En dicho año los abades de los monasterios a la sazón recientemente fundados por Dom Pedro de Oya, Dom Godino de Barrantes, Dom Pedro Martínez, abad del Rosal, juntamente con todo el clero y fieles de la comarca del antiguo “Concello e vila da Garda” organizaron esta “Confraría o Hermandade”, que a través de tan remota época no se ha interrumpido jamás.
           Este dato constituye una circunstancia digna de aplauso para esta Congregación del hermoso país de la boca del Miño, porque una comarca que sostiene una asociación durante ocho centurias, sin interrupción y sin que decaigan sus cultos es merecedora de toda admiración. Una Congregación que subsiste a través de un período tan largo, mucho tiene de grande y de vital.
           Por eso es que en este día del VOTO de 1937 se dará cuenta públicamente al pueblo, de la organización de los cultos para el próximo Año-Centenario-Octavo, en los cuales cooperarán con el clero todas las Asociaciones piadosas y congregaciones religiosas y sociales del país.

II
          Según hemos dicho anteriormente, los cultos en el monte de Santa Tecla alcanzan a los primeros siglos del Cristianismo. Como se consigna en un antiguo impreso que se conserva unido a los libros actuales de la “HERMANDAD DEL CLAMOR”, y ha publicado también el Padre Florez en el tomo XXIII (capítulo XVI, pág. 177) de la España Sagrada, antes del siglo XII estaba ya en uso el reunirse los ermitaños de la comarca en tiempo del Estío, juntamente con los del monte Santa Tecla para consagrarse a colaciones espirituales y a ejercicios públicos de penitencia y oración, con la concurrencia del clero y fieles del país.
          Los recientes descubrimientos arqueológicos allí realizados confirman la existencia de un antiguo ermitorio con su templo, aprovechando las primitivas viviendas prehistóricas en aquellas alturas; ermitorio que estuvo bajo el patrocinio, y en honor de la Protomártir del Cristianismo, Santa Tecla considerada como Patrona de los ermitaños por haber practicado también la vida eremítica en los últimos años de su existencia, en Seleucia, después de su violento y heroico martirio, en el que no perdió su vida.
          Al erigirse el monasterio de Oya, en 1137, y al ser restaurado el derruido cenobio visigótico de San Salvador de Barrantes (Tomiño), todos los ermitaños del país se recogieron en éstos y otros monasterios, en cumplimiento de las disposiciones canónicas de la Iglesia, que en esta época suspendieron la vida eremítica solitaria. Con este motivo el culto en el monte de Santa Tecla quedaba interrumpido.
          Para evitarlo, los primeros abades y fundadores de los monasterios, de Oya D. Pedro Inicio y el de Barrantes D. Godino, en unión con el abad del Rosal D. Pedro Martínez, y demás clero secular organizaron esta “Hermandade” o “Cofraría do Cramor” con la aprobación del Obispo de Tuy D. Pelayo Menéndez, inspirador de estas fundaciones monacales, y de otras no menos importantes en toda la diócesis de Tuy, a uno y otro lado del Miño.
         Permítasenos aquí una pequeña digresión. D. Pelayo Menéndez es uno de los obispos más notables del Episcapologio tudense. El restauró el monasterio visigótico de Barrantes destruido por Almanzor, adquiriendo sus ruinas y colocando allí entre los monjes a personas de su familia. Cooperó a la fundación de Santa María la Real de Oya, favorecida por el Emperador Alfonso VII; impulsó a la Condesa Doña Paterna en la fundación del de monjas benedictinas de Paterne, junto a Melgazo, donde la misma noble dama recibió del Obispo el hábito monacal; erigió el ermitorio monástico regular de San Cosme, cerca de Baredo, en Bayona, y por último introdujo la vida monacal en el Cabildo de Tuy, en el año 1138, vistiendo él mismo la cogulla, y pasando a hacer vida de comunidad ordinaria bajo la regla de San Agustín. Favoreció también en cuanto pudo la fundación monástica de Santa Eulalia en tierra de Morgadanes. Estos hechos, amén de otros que no relatamos, nos dan a conocer la grandeza de ánimo y el espíritu de celo pastoral que caracterizó al ilustre Prelado cofundador de la “Hermandad del Clamor” en el monte de Santa Tecla.
          Acerca de esta fundación escribe el Padre Florez en el lugar citado: “Edificados con los ejemplos de los antiguos ermitaños, los eclesiásticos y seglares no quisieron que se desvaneciese el recuerdo de aquellos, y empezaron a ejercitar por sí parte de lo antiguo y de lo actual, subiendo al monte por el tiempo del Estío a ejercicios de penitencia”
          Esto sucedió en el año de 1138. La designación de esta fecha está controlada por el benemérito y cultísimo sacerdote, natural de las Eiras y Catedrático del Seminario Conciliar de Tuy en los primeros año de su fundación D. Juan Santos Villa, el cual es autor o compilador de una CRÓNICA en cuatro grandes volúmenes inéditos, que posee su familia, y que me facilito en su día el finado párroco de Pedornes (Oya), D. Antonio Martínez Villa, sobrino de aquél.
          Al referirse aquel ilustrado sacerdote al año 1138, en su “Crónica” dice explícitamente apoyado en documentos del monasterio de Oya, estudiados personalmente por él, que en dicho año comenzaron los cultos organizados en forma de Hermandad o Cofradía del Clamor en el monte de Santa Tecla por todo el clero regular y secular del país. El referido señor Martínez Villa poseía también notas y apuntes sueltos recogidos por su tío, referentes a esta fecha.
          EL TUMBO NUEVO de Santa María de Oya, libro M. S. Incompleto, que alcanza sólo hasta el año 1384, tiene unas referencias muy interesantes concernientes a la fundación de esta Regla del Clamor o Congregación de Santa Tecla, que confirman nuestro aserto.
          Desde el folio 165, con motivo de estudiar la fundación de la capilla de San Cosme en la parroquia de Baredo, cerca de Bayona, obra piadosa en la que intervino el ya citado obispo D. Pelayo, para dedicarla a cenobio monástico, hace el cronista del monasterio de Oya, autor anónimo de dicho Tumbo, una larga disertación que termina hablando de la reforma y ampliación de dicha capilla que se realizó en el año 1645. Con este motivo, y refiriéndose a esta fecha reproduce una nota marginal escrita por otro cronista del monasterio en el libro original de pergamino que contenía la Regla y Constituciones de Santa Tecla, la cual dice así: “Tiene por tanto de antigüedad esta Regla y Cofradía de Santa Tecla quinientos y siete años”, de donde se deduce que en el año 1138 es la fecha en que se organizó la Hermandad del Clamor o de Santa Tecla.
          Existe un argumento apriorístico que encierra una gran fuerza moral y lógica a favor de esta fecha, y es el siguiente: Si la razón de organizarse esta Hermandad o Cofradía fue evitar que quedase abandonado el culto antiguo que existía en el monte, con motivo de retirarse a vida claustral los ermitaños de la comarca, como la fundación de estos monasterios se verificó en los años 1137-1138, loa organización de la Cofradía o Hermandad debió hacerse simultánea o inmediatamente, sin dar lugar a intervalos, más o menos largos que habrían de ser perjudiciales para la vida religiosa de la comarca, y en especial para el culto del antiguo ermitorio y templo de Santa Tecla tan vinculado y arraigado en el país.
          Como hemos dicho, la “Regla de las Constituciones de la gloriosa Santa Trega da vila da Guarda”, consérvabase manuscrito en un libro antiguo, todo él en pergamino, en el archivo del monasterio de Santa María la Real de Oya. Desperdigados o perdidos los tesoros bibliográficos y paleográficos del mismo y de su biblioteca, igual suerte corrió el libro de Santa Tecla. No tuvieron mejor fortuna los libros antiguos de la Cofradía que ésta debía poseer. Los que hoy conserva ésta alcanzan a fines del siglo XVIII solamente.
          En el año 1591 el párroco de Salcidos D. Álvaro Ozores y Sotomayor, fundador del monasterio benedictino de La Guardia, vio dichas constituciones originales en el archivo de Oya, e hizo sacar una copia para su uso o tal vez también para la misma Congregación. Así nos lo asegura el referido Tumbo de Oya. Esta copia también se ha perdido, siguiendo igual rumbo que su original.
          Posteriormente en el año 1780 el cronista del monasterio de Oya, P. Fr. Agustín Guzmán, hizo otra copia de la misma Regla, pero con varias alteraciones y omisiones, la cual conservada en el archivo del convento fue llevada con otros libros y documentos al Archivo de la Academia de la Historia, donde pude descubrirla hace años, después de prolijas investigaciones. (Tenía la signatura: Colección Abella, T. X. B. 89).
          Pocos años después, en 1807, hizo otra copia el P. Pablo del Castillo, cronista del mismo monasterio, que pude hallar recientemente en el Archivo Camaral del Obispado de Tuy. Esta es más correcta que la del P. Guzmán, aunque ambas adolecen de graves defectos por desconocimiento de la grafía gallega antigua. Castellanos ambos cronistas desconocían nuestra arcaica lengua originándose de aquí errores de transcripción, que hacen a veces ininteligible el texto a pesar de la prolija labor de depuración que me he impuesto. Murguía publicó hace años en el Bol. De la Real Academia G. La copia del P. Guzmán, pero con muchos yerros.
          Estas copias nos servirán, sin embargo, para confirmar el hecho histórico de la fundación de los cultos actuales en el monte de Santa Tecla.
          Dice así la Regla: “a terceira cousa he as pesoas de qe. Se aquestes stabelecemos primeiro comenzaron e foron os abbades religiosos ben ensinados ena fe católica conven a saber Don Pedro Abbade do moesteiro doya e Don Godinho Abbade de Barrantes e Don Pero Martínez Abbade do Rosal e outros muitos baroes de boo testimunho. Estes pola autoridade do mui piadoso Obpo Don Payo comenzaron a facer esta sca steeça qe deu sua autoridade ordinaria con interposizon e con decreto para en saecula et para sempre nunca seer quebrantada”.
          Tenemos, pués, una norma documental segura para asignar la fecha de estas constituciones. Estas se hicieron siendo Obispo de Tuy D. Pelayo Menéndez (1131-1151), y abades de Oya D. Pedro Inicio y D. Godino o Godinho, de Barrantes. Fue, pués, entre los años 1138 en que empezaron sus cargos los últimos y antes de 1151 en que falleció el Obispo.
          Y como ya hemos demostrado que esto no debió hacerse mucho después de la fundación de dichos conventos, es preciso señalar la primera fecha.
          En el año 1807 se suscitaron ciertas disensiones entre el Prior de la Hermandad y Consiliarios de la misma con algún párroco de la comarca, empeñado en sostener derechos de presidencia y jurisdicción en la capilla. Con motivo de esta cuestión baladí, de que antes de entonces había ya habido pesados pleitos canónicos, en los que hasta se acudió a la Rota romana, el Obispo de Tuy llevó a u curia el litigio que no resolvió hasta el año 1822.
          Entre las declaraciones e informes que en la Cámara episcopal se recibieron, existe una muy luminosa suscrita por el párroco de Loureza, D. José alonso, el cual demuestra documentalmente el carácter canónico de la Hermandad, exenta de la jurisdicción parroquial, que alguien negaba. Para demostrar su antigüedad estudia documentos históricos, terminando por decir que esta Hermandad sólo pudo ser fundada en 1150 a 1151, antes de morir D. Pelayo, y no antes porque porque no existía como abad D. Godino de Barrantes.
          Esta ha sido una falsa conjetura del Sr. Alonso, desconocedor del archivo capitular de Tuy y de la transcripción de algunos de sus documentos hecha por Florez. Según documento original que hemos leído y estudiado en ese riquísimo archivo catedralicio y publicó el docto agustino en el tomo XXII, Apénd. VII de su España Sagrada, D. Godino regía ya como abad en el año 1138 el monasterio de Barrantes. “GODINUS REGENTE ET ABATE IPSO MONASTERIO”. Así suscribe entre los magnates y señores que confirman el mismo documento Era mlla. C. LXXVI.
          Y aunque el P. Florez en el texto de su obra (XXII, pág. 87, número 69) habla de que en 1151 el Obispo había traído al Abad Godino, esta fecha refiérese a cosa ya pasada, pues, D. Godino era ya abad de Barrantes en 1138.
          Queda, por tanto demostrado documentalmente que este año es el de la fundación de la HERMANDAD DEL CLAMOR o Cofradía de Santa Tecla, siendo entonces aprobados sus estatutos por la autoridad de Maestrescuela, a quien entonces pertenecía confirmar, es decir, protocolizar los decretos episcopales. Estas reglas o constituciones fueron redactadas de nuevo en la forma en que las conocemos hoy, en el siglo siguiente o lo más tardar en el XIV, como lo testifica el estudio lexicográfico de su lenguaje galaico-portugués que hemos hecho y ultimado.
          Es, pues, es el año 1938 el año “Ocho Veces Centenario” de los cultos que actualmente se practican en el histórico monte de La Guardia. Esta fecha debe llenar de entusiasmo y fervor a todos los hijos de la comarca, al ver conservadas a través de tan remotas épocas unas prácticas tan piadosas como emocionantes, legadas hasta el día de hoy por nuestros antepasados.

III
LOS CULTOS DEL VOTO
          A ruego de muchos lectores de mis artículos anteriores, voy a publicar una breve descripción de los actos que se celebrarán el próximo lunes, día 16, en la festividad del VOTO.
          Este se instituyó como testimonio público de gratitud de toda la comarca de La Guardia, por el beneficio de la lluvia, después de una pertinaz sequía de siete años que asoló el país a mediados del siglo XIV. “Agobiados los pueblos por esta extraordinaria sequedad –dice el P. Florez en su “España Sagrada”-, que padecía el territorio, acudieron al referido monte al patrocinio de la Santa, y lograron el beneficio de las aguas tan oportunamente que conocieron ser efecto de su intercesión”. (Tomo XXII, Capítulo XVI).
          Esto acaeció en el año 1355, último de esta prolongada calamidad. A esta fecha refiérese el Shronicon Conimbricense, diciendo: “Este anno foi o mais seco que os homes viron”. Con este suceso se enfervorizó el espíritu de la antigua Hermandad del Clamor, obligándose la comarca con el VOTO popular colectivo, que en este día se celebra en el monte de Santa Tecla.
          He aquí una ligera relación de los cultos de este día: En su madrugada todos los eclesiásticos del antiguo concejo, que no están impedidos, juntamente con grandes multitudes de varones del país y de las comarcas vecinas, con exclusión absoluta de mujeres, comienzan a subir al monte, sucediéndose unas a otras estas agrupaciones, según avanza la mañana. “Todos en sembra, ajuntados en huun” – como dicen las antiguas constituciones-, “vaan a aql. Monte hu se mostraron p. Muitas veces as virtudes de deus”.
          Según llegan a la primera estación de la VÏA-SACRA un sacerdote, o un seglar piadoso, inicia las meditaciones de la pasión de Jesucristo en su marcha y subida al Calvario. Es este un acto emocionante y sublimemente espiritual, saturado de recogimiento y fervor silencioso, únicamente interrumpido por el rezo colectivo de aquella multitud de hombres penitentes.
          La sublime majestad de los panoramas que desde allí se disfrutan, y los tenues rayos de la luz solar que entonces alborea, comenzando a dar color y vida a toda la naturaleza, dan a aquel cuadro un carácter de tal grandiosidad y poesía que el alma no puede menos de sentirse conmovida y transportada a las regiones superiores del espíritu.
          Terminan las estaciones del VÏA-CRUCIS en la puerta misma de la capilla. La mayor parte de los que no lo han hecho en sus pueblos entran seguidamente en ésta para recibir el Sacramento de la Penitencia, y para participar en la Sagrada Eucaristía, que frecuentemente allí se administra.
          Al romper el día ya se ha celebrado la Misa de alba. Durante la mañana van llegando otras agrupaciones de varones, dedicándose después todos hasta las once a prácticas piadosas. A esta hora hácese la procesión claustral alrededor del templo.
          “Comienza entonces la Misa mayor, como dice el P. Florez, más larga que las demás a causa de que, por antiquísima e inmemorial costumbre, se dicen en cada tercio unas veinte oraciones, la del día, las conmemoraciones de todo los patronos de las parroquias, y otras varias “ad diversa”, según el Misal Romano, por las principales necesidades temporales y espirituales”.
          Antiguamente, según las constituciones, se decían tres misas oficiadas: una de Réquiem por los hermanos de la Cofradía, otra a la Virgen, y la tercera en honor de Santa Tecla. Estas tres misas tenían liturgia especial en cuanto a las oraciones y a los prefacios de las dos primeras. Estos, tales como los consigna la Regla son hermosamente piadosos y doctrinales. Toda esta liturgia está basada en antiguos códices que se conservan en archivos monacales anteriores a los siglos X y XI, según he podido comprobar en la famosa obra del P. Martine De antiquis Ecclesiae ritibus y en las obras de los PP. Toledanos, que dan a conocer la influencia monástica de la Edad Media en la organización de esta Hermandad del Clamor. De esta liturgia hemos hecho un estudio especial, confrontando todas las frases de la misma con las fuente documentales de los archivos conventuales de Toledo, Tours, Arlés, Senlis y otros, en los que se inspiró la liturgia del monte de Santa Tecla.
          Acabada la gran Misa se forma la procesión, yendo delante las siete cruces parroquiales y los estandartes de las Cofradías del país, detalle que se ha descuidado hace pocos años. En los días del historiador P. E. Florez (1765) eran unos cuarenta los estandartes, los cuales, como dijo un escritor americano, constituían un hermoso cuadro al ver flamear, agitados por el viento, esta multitud de estandartes y banderas de variados colores, pertenecientes a todas las parroquias.
          Antiguamente también iban “todos descalzos con seus bordons nas maos, salvo o priol que va vestido con sua vestimenta liturgica e calzado”. Dice después la Regla que “tomen un cramor a porta do curral de fora”; es decir, que al llegar a la puerta del cercado de la capilla, se postran todos de rodillas y comienzan las letanías cantadas en tono gregoriano: INDULGENTIA, KIRIE ELEISON, repitiéndose INDULGENTIA: CHRISTE ELEISON, e inmediatamente, SANCTA MARIA: ROGAI A DEUS POR NOS, DEUS, OUVID A NOS, KIRIE ELEISON, DEUS OUVID A NOS, y levantándose todos seguidamente, y en igual tono prosigue el canto de la letanía de todos los Santos, alternando el nombre de éstos con la invocación: Santa Tecla, etc. caminando todos lentamente hasta la explanada del púlpito de piedra. Allí se posa la imagen de la Protomártir en una mesa de granito, y sentándose todos, se predica el sermón del VOTO. Dicen las antiguas constituciones que “todos seían et ouvan mui entendudamente de algun dos monjes o sermón da vida perduravil ou da saude”.
          Acabado el sermón se bendice el pan, después de la proclamación de cargos y oficios para el año próximo, se reorganiza la procesión que se dirige al pico del “Facho”, “o outro cabezo que está contra o aguion”, donde arrodillados todos al llegar se reza a coro los salmos graduales y los penitenciales, con sus letanías, versículos y oraciones, catándose al fin el VENI CREATOR SPIRITUS y el Evangelio de la Ascensión del Señor. Antiguamente el día segundo se cantaba el de Pentecostés.
          Terminado esto se ordena de nuevo la procesión, y continuando el canto de la letanía como antes, se va al otro pico de “San Francisco” –“o outro cabezo que está contra o abrego”. Allí se hace conmemoración de la Virgen en su Natividad, regresando todos a la capilla procesionalmente donde se termina el “clamor” o rogativa con la oración oportuna.
          Van después todos los eclesiásticos al refectorio de la Congregación, que es una casa techada con planchas de piedra, y allí se sirve a aquellos y a los oficios de la Hermandad pan y agua.
          Antiguamente eran muy pocos los que en esta tarde bajaban a los pueblos, quedándose la mayoría arriba para continuar el ayuno a pan y agua, alimento que sólo se tomaba a la caída de la tarde, “quando se o sol quisese meter so as aguas”.
          Durante la tarde todos debían ocuparse en prácticas piadosas y “tratar separadamente e con toda pousadía e honestamente das cousas espirituaes e non dar temporaes... primeiramente das iglias que facer, ou das pontes que caen, para renovar, para ajudar os queimados ou aqueles a que arden o que avian ou ajudar os estraños, ou para defender as viuvas e os orphoos qe sen padre e sen madre, para remeir os cautivos qe jacen en terra de mouros, para reformar a paz entre aqueles qe ha non an, e asi falen de todas las outras obras qe son de misericordia, e isto asi feito tomen cada huun de seus dobrares e de seus mantees daquela razao e den dela por amor de deus”.
         Hasta hace pocos años al día siguiente, martes, se repetían todos los actos del lunes con la única diferencia de que en vez del sermón se hacía públicamente por votación, o por promesas, la elección de cargos, se pujaba la subasta piadosa de algunos oficios, terminándose con una frugal comida en el refectorio de la Cofradía a los eclesiásticos y oficios de ésta, durante la cual había lectura espiritual.
          Al terminar se baja en procesión la imagen de Santa Tecla a casa del mayordomo, donde permanece hasta el domingo inmediato en que se lleva solemnemente a la parroquia de La Guardia.
          Además de este día del VOTO hay otras tres fiestas en el transcurso del año, las cuales son también de JUBILEO, con facultad concedida a todos los confesores para absolver de pecados reservados a los que acudían a la capilla de Santa Tecla. Son estos días de JUBILEO, el 23 de septiembre (Santa Tecla), y lo segundos de las pascuas de Natividad y Pentecostés. En estas tres festividades jubilares concurren fieles de ambos sexos en grandes multitudes para lucrar estas gracias espirituales, acudiendo también muchos romeros del otro lado del Miño.
          A la festividad del VOTO, y también a las otras, han concurrido también muchas veces los prelados diocesanos, siendo el último el Excmo. Sr. Obispo don Antonio García y García que en el primer año de su pontificado asistió a todos los actos del VOTO.
          Debo terminar estas cuartillas recogiendo las frases del Padre Enrique Florez que dicen: “En estas festividades lo más notable y digno de que fuese imitado, es que en estas concurrencias no se oyen jamás instrumentos musicales, ni se hacen bailes u otras cosas que suelen profanar algunas Romerías, resultando que buscan lo sagrado sólo para cosas sagradas, implorando la protección de la Santa con espíritu de penitencia y devoción”.
          Tales son los actos que en este monte de Santa Tecla vienen celebrándose hace Ochocientos años, sin interrupciones, ni intervalos. Quiera Dios que el próximo año de 1938, año de paz definitiva para España, sea de gran renovación espiritual que enfervorice el espíritu de la comarca.
Juan Domínguez Fontela
Julio-Agosto de 1937.





NOTICIA DE UNOS MUY DEVOTOS
y antiquísimos egercicios que se hacen en el Obispado
de Tuy y en el monte de Santa Tecla.
por Fr. Henrique Flórez
 
 
1           POR Apendice de las memorias santas de esta Diocesi debemos referir una cosa muy particular, devota , y edificativa, que en el monte de Santa Tecla junto à la Villa de la Guardia , Diocesi de Tuy, à quatro leguas de la Ciudad, practican los Fieles de la comarca anualmente, desde Siglos tan antiguos que se ignora el el origen , sabiendose por documentos del Monasterio de Oya (segun me dicen) que antes del Siglo XII. estaba en uso por medio de los Ermitaños que poblaban aquellos sitios incultos, los quales antes de recogerse en Monasterio en el Siglo XII. concurrian en tiempo del Estio al monte que en aquel fin del mundo antiguo, y boca del rio Miño en el Oceano, brinda con templanza y frescura, por su mucha eminencia, y margenes de las aguas del mar, y del rio Miño, que cercan el territorio por Poniente, Mediodia, y Oriente te.
 
2           La subida tiene un cuarto de legua , y la circunferencia una legua. El tercio mas encumbrado es muy fuer te, con escalones de la misma peña por todos lados, hasta Ilegar à la Ermita dedicada à la Protomartir Sta. Tecla.
Encima hay dos Picos, que son los mas altos: y uno tiene un Torreon, que sirve de Atalaya. Todo el monte es pelado, sin mas que unas hiervas menudas y espinosas, llamadas Toxos, con algunos Pinos hacia Poniente, que tienen cerca de pared , hecha por el dueño. Debajo por la parte  boreal, un Convento de Rereligiosas Benitas , sujetas al Obispo , y despues la Villa de la Guardia : un Castillo , y montes muy grandes por la costa arriba. Al Mediodia y boca del rio hay un barrio de pescadores, que se va haciendo lugar, y parte de la Parroquia Salcidos, que está en la falda de la montaña, se- gun de todo esto me ha informado el Ilmo. Señor Obispo actual, que se sirvió remitirme en el año de 1764. la noticia de los penitentes y devotos egercicios, que vamos à exponer, recomendables por sus particulares circunstancias , y por la aprobacion del Ilmo.

 
3          Despues que en el si glo XII. se cerraron en Claustros los Ermitaños, que (co mo ya apuntamos) concurrian por verano à ejercicios y colaciones espirituales al referido monte; edificados de aquellos santos egemplos algunos Eclesiasticos y Seglares, que no quisieron se desvaneciesen del todo, empezaron à ejercitar por si parte de lo antiguo, y lo actual, subiendo por el tiempo del Estio à ejercicios de penitencia.

4          Estos se hicieron mas  generales y permanentes por medio de un notable beneficio que mas ha de trescientos años recibió aquella tierra por in intercesión de Sta. Tecla , implorada en aquel Santuario.
Fue el caso, que padeciendo el territorio una extraordinaria y prolongada sequedad de lluvias, acudieron los circunvecinos del referido monte al patrocinio de la Santa, y lograron el beneficio de aguas tan oportunamente, que conocieron todos ser efecto de su intercesion. Dicese que la Santa apareciendo à una Pastorcilla, la aseguró que lograrian lluvias : pero de esto no hay nada escrito.

5          Desde entonces creció y se aseguró el extraordinario culto con que hasta hoy veneran à la Santa, pues interpusieron el sello de hacer por voto el ayuno de pan y agua, que guardan en los dos dias de la subida al monte, asistiendo à la solemne oferta y determinacion el Obispo que era entonces de Tuy, y el R Padre Abad de Oya, diciendo aquel la Misa, y predicando este. No constan los nombres, ni el año determi nado : pero convienen en que se guarda asi mas ha de trecientos años. El modo de los egercicios y penitencia es como se sigue.
 
6          El Lunes infraoctava de la Asuncion de N. Señora suben al expresado monte de S. Tecla, muy de madrugada, todos los Eclesiasticos, y Se glares, que no están impedi dedos, de las cinco Parroquias de la jurisdicción de la Guardia, (cuyo numero de vecinos se acerca à tres mil) y llevan las Cruces Parroquiales, y Estandartes de todas sus Cofradias. Van precisamente hombres, sin ninguna muger : y cada uno lleva prevencion del pan que ha de comer en el monte, unico alimento en el dia y medio que residen alli.
Muchos suben descalzos : al gunos con otras particulares muestras de penitencia.

7          En llegando à la altura de la Capilla se confiesan, y reciben à Dios, gastando en estos santos egercicios , y en oir Misas, toda la mañana hasta las once. Entonces empieza la Misa mayor, mas larga que las demás, à causa de que por antiquisima è immemorial costumbre se dicen en cada tercio de ella, diez y siete Oraciones, la del dia, la de S. Tecla, las de los Patronos de las Iglesias, y las restantes del Misal ad diversa por las principales necesidades espirituales y temporales: de suerte que juntando las Oraciones del principio , medio , y fin, de la Misa , consta de 51. y à veces, mas.

8          Acabada esta gran Misa, se forma la Procesion general, levantando los Estandartes de la jurisdicción (que son cerca de quarenta) y las cinco Cruces Parroquiales, en cuya conformidad caminan por el monte , no sin pena, por los altos y bajos, y malos pasos, aun cuidando anticipadamente de suavizar lo mas aspero.
 
9        Van cantando la Letania de los Santos con un tono irregular, pero devoto, y à cada clausula y Santo de la Letania interponen el nombre de Santa Tecla, añadiendo preces en la lengua materna, como se va à explicar.

10       Empiezan cantando y publicando las Indulgencias que entonces se ganan, y dicen : Indulgencias. Kyrie eleyson. Repite el pueblo : Indulgencias= Christe eleison. Luego inmediatamente : Sancta Maria : Rogai à Deus por nos. Deus ouvid à nos= Kyrie eleison Deus ouvid à nos. Sancta Tecla. Responde el pueblo con las mismas preces de arriba:  Rogai à Deus por nos, Sancta Dei genitrix: Rogai à Deus por nos : y de este modo alternando è interponiendo el nombre de Sancta Tecla con cada Santo, y con las preces de la Letania general, y repitiendo el Pueblo à cada uno, Rogai à Deus por nos. Deus ouvide a nos. Kyrie eleison. Deus ou-vid à nos ; llegan al sitio del Pulpito: donde se predica un largo Sermon de Penitencia, apoyado con pasos de la vida de Sta. Tecla , y exhortando à todos à la observancia de aquel ayuno, y de los demas santos egercicios que alli se guardan.

II        Acabado el Sermon prosigue la Procesion hasta lo mas alto de la montaña, en donde puestos todos de rodillas, entonan los Eclesiasticos los Psalmos Penitenciales, y los Graduados, con sus Letanías, Versiculos, y Oracio nes : y al fin cantan el Veni Creator, y el Evangelio de la Ascensión : con lo que vuelve la Procesion à la Capilla.

12       Entonces, que es entre dos y tres de la tarde, van juntos todos los Eclesiasticos à una pequeña y pobre casa, que hay alli, y à costa del Prior de esta Hermandad se les sirve pan y agua unicamente, sin que jamás se haya oido que tomen otro alimento en publico, ni en secreto. Los Seglares al rededor de la Ca pilla y de sus atrios, toman precisamente otro tal alimento del pan que llevan de sus casas : y esta es la unica vez que comen, no solo en aquel dia, sino en el siguiente por todo el medio dia del Martes, despues de cuya hora baja cada uno à comer à su casa, donde quiere : pero en el expresado dia y medio, que tienen en el Monte, no comen otra vez, ni otra cosa que la dicha. Por la tarde del Lunes prosiguen las Confesiones, y se emplean en lecciones sagradas, pernoctando en la misma montaña.
  
13       En el Martes por la mañana se hacen tambien Confesiones, y se repite la gran Misa y Procesion como en el dia antecedente con las mismas circunstancias, à excepcion del Sermon, en lugar del qual sube el Prior de la Hermandad al Pulpito: publica Oficios para el año siguiente, corrige abusos, si hay alguno: exhorta à la union y paz entre los hermanos, y si en publico conoce alguna enemistad, hace la reconciliacion.
Este Prior se elige anualmente entre los Eclesiasticos de las cinco Parroquias de la jurisdicción : y hay la particularidad de que estando la Capilla de la Santa en medio del termino de las tales Iglesias, no tiene sugeción à ninguno de los Parrocos , sino precisamente al Prior de la Hermandad que la rige anualmente.

14       Ya digimos que ninguna muger sube al monte en estos dias de la publica Penitenencia : pero muchas observan en sus casas el ayuno referido con particulares devociónes: y lo mismo algunos hombres que no pudieron ir personalmente à la montaña.

15       Esto es en lo que mira à los dias de la Penitencia publica: pero fuera de ellos hay tambien devotas concurrencias à la Capilla de la Santa, en el dia proprio de Sta. Tecla (que es à 23. de Setiembre) y en los Lunes de Navidad, y Pentecostes : en los quales tiene la Hermandad prevenidos Confesores (que tal vez pasan de treinta) dandoles de comer, y quatro reales de limosna. Todos estos Ministros sirven, por el mucho numero de fieles que concurren de uno y otro sexo.
  
16      Lo mas notable, y digno de que fue imitado en  en todos los Santuarios, es, que ni en estas, ni en otras devotas concurrencias, se oye jamás pandero, sonajas, gayta, bayle, ni cosa de las que suelen desayrar, o profanar, algunas Romerías : verificandose que buscan el sagrado, solo para cosas sagradas , implorando la proteccion de la Santa con espiritu de peniten ia y devocion.

17      Ceda esto en gloria de Dios, y de su amada esposa Protomartir, que lleve adelante los cultos de sus siervos, purificandolos mas y mas, y llenando à todos de bendiciones.
 
P. Henrique Florez. “España Sagrada”.
Tomo XXIII pp. 176 a 181. 1767



Ejercicios espirituales en la ermita de Santa Tecla
por Ricardo Rodríguez Blanco
 
 
Al Poniente de la villa de la Guardia en el monte de Santa Tecla existe la muy antigua ermita de dicada a la protomártir Santa Tecla, de gran renombre por la piadosa y edificante romería que en ella se celebra en honor de la Santa. Su fundación es desconocida; pero sabemos era ya habitada por ermitaños antes del siglo XII que se reunieron al monasterio. Ellos fueron los que han introducido los ejercicios espirituales y la piadosa romería que se viene celebrando todos los años en tiempo del Estío, porque allí concurrían desde el convento para ejercitarse en penitencias. Llegaron estas a hacerse generales y permanentes a consecuencia de un milagro verificado por la intercesión de la Santa. Dícese que hace más de quinientos años experimentaba toda la provincia una prolongada y extraordinaria sequía, y acudiendo los vecinos de aquellos conornos a la proteccion de Santa Tecla, apareciose ésta a una pastorcilla y le aseguró que lograrían la lluvia que tanto deseaban. Verificose así, y los habitantes agradecidos hicieron solemne voto de ayunar todos los años á pan y agua dos días, y emplearse en ejercicios espirituales. Pusiéronlo en conocimiento del Obispo de Tuy y dieron principio a ellos con asistencia del mismo y del Abad del monasterio de Oya, diciendo aquel la Misa y éste predicando. Su práctica es como sigue:
 
El lunes Infra octava de la Asunción de Nuestra Señora, muy de mañana concurren todos los eclesiásticos y seglares no impedidos de las cinco parroquias de la jurisdicción de la Guardia con las cruces parroquiales y los estandartes de las cofradías y suben al monte, que tiene un cuarto de hora de ascenso y una legua de circunferencia, con escalones en la parte más encumbrada para llegar a la ermita. Van solo los hombres, sin ninguna mujer, y lleva cada uno la ración de pan, único alimento que han de tomar en el día y medio que allí residen. Llegados a la altura se confiesan y comulgan hasta las once que se da principio a la Misa solemne. En cada tercio de ella, por costumbre inmemorial, se dicen las diez y siete oraciones siguientes: La del Santo del día, la de Santa Tecla, las de los Santos Patronos de las Iglesias que concurren, y las restantes del Misal ad diversa por las principales necesidades espirituales y temporales. Todas ellas forman el conjunto de cincuenta y una y a veces más.
 
Acabada la Misa, comienza la procesión.  En ella cantan la Letanía de los Santos, interponiendo en cada cláusula y Santo el nombre de Santa Tecla, y diciendo las preces en lengua patria del modo siguiente: Dan principio publicando las indulgencias que se ganan, y dicen cantando: Indulgencias. Kyrie eleyson. Indulgencias. Christe eleyson. Santa Maria: Rogai a Deus por nos. Deus ouvid a nos, Kyrie eleyson. Deus ouvid a nos. Santa Tecla. Rogai a Deus por nos. El pueblo repite lo mismo, y de este modo alternando e interponiendo el nombre de Santa Tecla con cada Santo y con las preces de la Letanía general, y repitiendo a cada uno: Rogai a Deus por nos. Deus ouvid a nos. Kyrie eleyson. Deus ouvid a nos. Llegando al sitio del púlpito se predica un largo sermón de penitencia, con pasajes de la vida de Santa Tecla. Terminado éste signe la procesión hasta lo más alto de la montaña, en donde arrodillados entonan los Salmos Penitenciales y Graduales con sus letanías, versículos y oraciones. A su final cantan el Veni Creator y el Evangelio de la Ascensión, con lo que vuelve la procesión a la Capilla.
 
Una vez terminada, van todos juntos los eclesiásticos a una pequeña casa que allí hay, donde á costa del Prior de la hermandad se les sirve pan y agua, sin que en público ni en secreto tomen otro alimento. Los seglares hacen lo mismo alrededor de la casa y capilla; y esta es la única vez que todos ellos comen, no solo en aquel día, sino en elsiguiente hasta la misma hora.
Finalizada la comida prosiguen las confesiones y lecciones espirituales por toda la tarde del lunes y la mayor parte de su noche, que pasan en la montaña.
Al amanecer del martes prosiguen las confesiones y comuniones, repítese la gran Misa y procesión, como en el día anterior, a excepción del sermón, que en su lugar sube al púlpito el Prior de la hermandad y publica los oficios para el año siguiente, corrige los abusos notados y exhorta a la paz y unión. Con esto se dan por terminados los ejercicios, y se retira cada uno a su casa.
El Prior se elige anualmente de los eclesiásticos de las cinco parroquias de la jurisdicción, y él solo es el que la ejerce sobre la ermita.
Las mujeres, como va dicho, no suben al monte con los hombres para estos ejercicios, pero observan en sus casas el ayuno de pan y agua los dos días de la penitencia. Fuera de estos días hay concurrencias muy devotas a la capilla de la Santa, en especial el 23 de Setiembre y los lunes de Navidad y Pentecostés; en los cuales están prevenidos confesores para oír a los penitentes; y es de notar que en todos ellos, no se oye jamás pandero, sonaja, gaita, baile ni cosa alguna que pueda profanar la romería.
De desear fuera que esta ausencia de cosas profanas se observase en la multitud de romerías que anualmente se celebran en todas las iglesias y capillas de la diócesis; pero desgraciadamente sucede lo contrario, viniendo a ser muchas de ellas ocasión próxima de la ruina espiritual y aun temporal de no pocas personas inocentes e incautas.

Licdo. Ricardo Rodríguez Blanco,
canónigo de la Santa Apostólica Metropolitana Iglesia Catedral de Santiago de Compostela. 1879
Apuntes históricos de la Santa Iglesia Catedral ciudad y antigua Diócesis de Tuy Capítulo XXXVIII






El Voto de Santa Tecla
Por el obispo de Tuy
 
 
Entre las tradiciones piadosas de la Diócesis de Tuy ocupa lugar preeminente el voto de Santa Tecla, tan ardiente de devoción, tan compenetrado de austeridad y tan rico de espíritu cristiano como las más venerandas peregrinaciones de la Edad Media. En lo alto del monte cónico, donde una sencilla ermita señala el lugar de la población primitiva, a la manera de los santuarios que en la llanura castellana, se alzan en los yermos solares de las antiguas ciudades celtibéricas, recogiendo los murmullos del Miño que perecen repetir las oraciones depositadas por Galicia al pie de sagrados templos y dominando el océano como para mostrar al remoto continente americano cuán arraigada y viva es la fe de nuestro pueblo, congrégase cada año, el lunes de la infraoctava de la Asunción de María, innumerable muchedumbre de varones, para cumplir el voto solemnísimo, ya ocho veces secular, que en días de general dolor y común desolación hicieron las parroquias de la comarca de La Guardia. Hombres solos, dirigidos por sus venerables Sacerdotes, suben a comulgar en la ermita; en devota procesión de penitencia recorren la cumbre, entonando las Letanías de los Santos en la forma tradicional, con las invocaciones griegas y latinas de la fórmula de la Iglesia, intercaladas con la de Santa Tecla en el gallego de los siglos medios, y, para unir a tanta piedad la mortificación que purifica y ennoblece, ayunan rigurosamente todo el día, sin llevar a la boca otro alimento que pan y agua. No se conserva en otro santuario de Galicia, ni creemos que se conserve en ningún otro de España, ejemplo tan insigne de piedad. No es maravilla, pues, que nuestros dignísimos antecesores y especialmente los Rvdmos. Señores Castañón, García Benito, García Casarrubios y Valero, hayan mirado este Voto con verdadera predilección y religioso entusiasmo. Únense a su carácter sagrado el valor histórico y el filológico; pues enlazados a él viven los recuerdos gloriosos de la antigüedad cristiana, la conversión de la antigua población del monte de Santa Tecla al Evangelio, el culto de la dama romana cuyas virtudes celebra San Pablo, las proezas de los cristianos de Turonio en sus luchas con los mahometanos y los normandos, la fe pujante que asociaba en la primera época del Clamor a los fieles de las dos orillas del Miño, y el ritmo suavísimo del habla gallega de los tiempos en que se desbordaba en loores a la Virgen María brotando de la lira de Alfonso el Sabio o se difundía como oleada de luz en la narración de los milagros de Santiago, traducidos con inefable candor del texto latino del Códice de Calisto.
 
No hemos de permitir que tanta fe, tanta piedad y tanta gloria desaparezcan de entre nosotros. Acudan, pues, al santuario de Santa Tecla los señores Sacerdotes de las parroquias comprendidas en el Voto, como en los siglos pasados, cumpliendo con diligente exactitud cuanto previenen los estatutos, recuerda la costumbre y han ordenado nuestros predecesores, y lleven a aquella altura a los varones de sus feligresías, después de haberlos exhortado con fervoroso celo a realizar las saludables prácticas de piedad y penitencia que aprendieron de sus abuelos. Nós los acompañaremos, para celebrar con ellos esta gloriosa fiesta, en que la Religión cobija la Historia patria, como cobija el templo de Santa Tecla las ruinas de la población primitiva y la región encantadora donde se asientan la noble villa de La Guardia y los pueblos pintorescos que forman su corona.
 
 
Tuy, 30 de julio de 1920.
EL OBISPO
La Santa Reliquia del santuario del Monte de Santa Tecla
por Juan Domínguez Fontela
   
   
En el Año Santo de 1950, siendo Prior de la Hermandad del Clamor del Santuario del Monte de Santa Tecla el Presbítero natural de La Guardia D. Agustín Nandín Lomba, con la bendición paternal y el decidido apoyo del Sr. Obispo de la Diócesis Fray José López Ortiz, fue solicitada por dicha Hermandad al señor Arzobispo de Tarragona Dr. D. Benjamín de Arriba y Castro, la singular concesión de una reliquia de Santa Tecla, tomada de aquella que de esta Virgen y Mártir conserva con secular veneración la ciudad de Tarragona.
 
El día 12 de agosto del citado año, al Sr. Arzobispo de Tarragona, accediendo benévolamente a la petición de la Hermandad del Clamor, envió al Sr. Obispo de Tuy una parte notable de aquella Reliquia insigne que, como su mejor tesoro, guarda desde muy antiguo la Iglesia Catedral Tarraconense. La Reliquia vino acompañada de su correspondiente atestado. En él se hace constar: “Que la Reliquia que acompaña el documento, incluida en una Teca de plata de forma ovalada con cristal, recubierta en su interior de seda encarnada y con una almohadilla de papel de seda blanco, con la inscripción ‘Sta. Tecla V. et M.’, es parte de la que se conserva en el tesoro de Nuestra Sta. Iglesia Catedral, como auténtica Reliquia de Santa Tecla Virgen y Mártir”.
 
El Sr. Obispo de Tuy, con al fin de enriquecer el culto a Santa Tecla en el Monte a ella dedicado, e incrementar la piedad de aquellas seculares tradiciones que al Santuario pudo conservar hasta nuestros días, ha hecho entrega de la Santa Reliquia a la Hermandad del Clamor que, para su digna y permanente custodia, la ha encerrado en artístico relicario de plata repujada, costeado por cuatro devotos de Santa Tecla.
 
Datos históricos


Fue en el año 1320. Rehecha la ciudad de Tarragona y reedificada la Catedral después de las devastaciones de la ocupación sarracena, la devoción a Santa Tecla, Patrona de la ciudad y de toda el Obispado -en opinión del Cardenal Gomá, desde el siglo IV- tuvo una resonancia sin igual en los anales de la vida religiosa de igual pueblo. Unos mercaderes catalanes habían regresado de Oriente con noticias fidedignas de haber visto y venerado en Armenia reliquias de Santa Tecla.
El fervor de los tarraconenses por su Patrona, les hace concebir esperanza de llegar a poseer el tesoro santo de una parte de su cuerpo. Informados por aquellos mercaderes, algunos nobles de la ciudad, presididos por el Arzobispo Jimeno de Luna, piden al Rey Jaime ll, nieto de Jaime I Conquistador de Mallorca y Valencia, ordene sea enviada a Oriente una especial embajada que logre a toda costa la concesión de una tan ansiada reliquia de Santa Tecla.
Reinaba entonces en Armenia el Rey Onsino, conocido y amigo de Jaime II. En los propósitos de los caballeros tarraconenses, puso el Rey Jaime su mayor empeño. Formada la expedición e integrada por los mercaderes catalanes y por los representantes del Rey y del Arzobispo Jimeno de Luna, se hicieron a la mar llevando cartas y obsequios para el Rey Onsino. Habiendo pasado por Mallorca, Sicilia y Chipre, arribaron a Armenia a los 153 días de navegación. El Rey Onsino tributó a la embajada una acogida excepcional y, aceptando gustoso los valiosos presentes, hizo valer ante sus cortesanos, no sin grandes esfuerzos, la petición que aquellas reales cartas encerraban. Paños de ricos telas envuelven la Reliquia concedida y guardado ésta en una artística arqueta de plata dorada, es traída a Barcelona.
 
En el otoño de 1320 llega la nave a las costas catalanas llevando a su bordo con la Santa Reliquia y los comisionados españoles, un Embajador especial del Rey Onsino y dos sacerdotes armenios. Llamados a Valencia por al Rey, son allí recibidos y obsequiados con repetidas recepciones y agasajos.
El 18 de Mayo de 1321 se hizo la traslación de aquella Reliquia a Tarragona. Desde Constantí, a una distancia de cinco kilómetros, una magna procesión presidida por el Rey Jaime y su hijo el Infante Alfonso, con el concurso de Señores Obispos, de numeroso clero y de muchos nobles, realizó el triunfal recorrido hasta la Iglesia Catedral Tarraconense, habiendo sido allí recibida la Santa Reliquia con toda pompa y esplendor.
De esta Reliquia traída de Armenia, ha sido tomada la parte notable que al Sr. Arzobispo de Tarragona, Dr. D. Benjamín de Arriba y Castro, ha enviado a la Hermandad del Clamor y que depositada primeramente en Vigo, en el oratorio de la Casa de Acción Católica, fue después trasladada a La Guardia el 19 de Agosto de 1951.
El Prelado de la Diócesis Fr. José López Ortiz, acompañado do las autoridades de La Guardia y El Rosal y precedido del Cloro del Arciprestazgo, presidió los actos solemnísimos de tan memorable Traslación.
La Santa Reliquia, transportada desde Santa María de Oya en artístico templete colocado sobre la plataforma de un coche lujosamente adornado, acompañada de numerosa caravana de automóviles hizo su entrada en La Guardia entre vivos entusiasmos y grandes fervores de la muchedumbre de fieles que llenaban calles y plazas, engalanadas con banderas y colgaduras.
 
En el otoño de 1320 llega la nave a las costas catalanas llevando a su bordo con la Santa Reliquia y los comisionados españoles, un Embajador especial del Rey Onsino y dos sacerdotes armenios. Llamados a Valencia por al Rey, son allí recibidos y obsequiados con repetidas recepciones y agasajos.
El 18 de Mayo de 1321 se hizo la traslación de aquella Reliquia a Tarragona. Desde Constantí, a una distancia de cinco kilómetros, una magna procesión presidida por el Rey Jaime y su hijo el Infante Alfonso, con el concurso de Señores Obispos, de numeroso clero y de muchos nobles, realizó el triunfal recorrido hasta la Iglesia Catedral Tarraconense, habiendo sido allí recibida la Santa Reliquia con toda pompa y esplendor.
De esta Reliquia traída de Armenia, ha sido tomada la parte notable que al Sr. Arzobispo de Tarragona, Dr. D. Benjamín de Arriba y Castro, ha enviado a la Hermandad del Clamor y que depositada primeramente en Vigo, en el oratorio de la Casa de Acción Católica, fue después trasladada a La Guardia el 19 de Agosto de 1951.
El Prelado de la Diócesis Fr. José López Ortiz, acompañado do las autoridades de La Guardia y El Rosal y precedido del Cloro del Arciprestazgo, presidió los actos solemnísimos de tan memorable Traslación.
La Santa Reliquia, transportada desde Santa María de Oya en artístico templete colocado sobre la plataforma de un coche lujosamente adornado, acompañada de numerosa caravana de automóviles hizo su entrada en La Guardia entre vivos entusiasmos y grandes fervores de la muchedumbre de fieles que llenaban calles y plazas, engalanadas con banderas y colgaduras.
Desde entonces la Santa Reliquia es la más preciosa joya del Santuario del Monte de Santa Tecla, y un motivo más de piadosa devoción en este lugar sagrado de santas y muy antiguas tradiciones.
ANTÍFONA
SEÑOR, defiéndenos como defendiste a Pablo, en la prisión y a Tecla en el fuego y dígnate salvar nuestras almas como salvaste de los tres cruelísimos tormentos a tu Virgen y Mártir, Santa Tecla, para que participemos contigo de las dichas celestiales.
- Ruega por nosotros Santa Tecla.
- Para que nos hagamos dignos de las promesas de JESUCRISTO.
ORACIÓN
Concédenos, Dios Omnipotente, a cuantos te suplicamos por los gloriosos méritos de tu Virgen y Mártir Santa Tecla, que en la hora do nuestra muerte nos veamos ayudados por su intercesión; y, defendidos por su protección de toda adversidad, adelantemos con el ejemplo de su grande fe. Por Cristo Señor Nuestro. Amén.
(De la Liturgia de la Iglesia)

Juan Domínguez Fontela
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