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Recuerdos históricos de La Guardia

Arquivo 2021
Recuerdos históricos de La Guardia
por José Povedano
 
 

Oscuras e inciertas son las noticias que se poseen de los primeros habitantes de la villa de La Guardia. Hanse rebuscado todos los rincones de los archivos, se han escudriñado todos los documentos antiguos y obras en las que pudiera encontrarse alguna relación de sus aborígenes, por hijos de la población guiados por la noble ambición de fundar la historia del pueblo que les vio nacer, saturados de un noble patriotismo que no ha obtenido la recompensa que se merecía, estreIlándose su actividad y buenos deseos ante la escasez de documentos históricos que a él se refieran.
 
No puede formarse el lector idea de situación más bella que la ocupada por La Guardia. Colocada sobre erizadas rocas, rodeada de altivos picos que parecen desafiar al cielo cual otros Titanes, y cuya granítica base es azotada y carcomida continuamente por las turbulentas olas del airado Océano, que, celosas de aquellas rocas que se levantan ante ellas impidiéndolas el dominio absoluto del globo, se arrojan furiosas sobre su dura superficie para despedazarlas y arrastrarlas al abismo, estrellándose contra ellas, tornándose en espuma y retirándose suavemente como avergonzadas de su impotencia para volver otra vez con nuevos bríos. Contrasta notablemente con este atronador estruendo lo apacible y tranquilo de río Miño, que, besando las verdes riberas españolas y lusitanas, confunde ambas en el mismo ósculo como lazo que las une y no abismo que las separa, yendo por último a confundir sus claras aguas en el seno de su madre Tetis. Festonean el río hermosas y verdes riberas cubiertas de flores y corpulentos árboles que se reflejan en el claro espejo que la madre naturaleza colocó a sus pies.
 
Es indecible el placer que se experimenta, y los recuerdos que se evocan al franquear en frágil barquichuelo el pequeño obstáculo que por aquel pueblo divide a dos hermanas. Cerca de sus riberas derrotó cien veces el esforzado Viriato a las legiones romanas. Miles de veces los adoradores de Odín, los audaces normandos, surcaron sus aguas con sus ligeros holkers; y sus furiosos berserkes (1), sus varoniles sholdmoes o vírgenes de los escudos y sus reyes de mar, que tantas veces habían saqueado hasta el mismo París e impuesto tributos a los degenerados sucesores de Carlomagno, encontraron como fuerte muro, que siempre los rechazó, los esforzados pechos de los naturales del país.
 
Los primeros pueblos que se presume poblaron la Galicia fueron los celtas, llamados Galos, que, unidos a los griegos, formaron los pueblos galo-grecos. Cerca de donde hoy existe La Guardia debió habitar una colonia céltica, como lo atestigua una eminencia próxima a Salcidos, que no es otra cosa que un Castro, que por su forma es posible haya existido en él uno de los monumentos del culto de los dioses de aquel pueblo, y una Mámoa situada en una pequeña colina del monte Torroso, lugar que sin duda estuvo destinado a la exhumación de sus cadáveres.
 
Muchos hábitos célticos han atravesado la dilatada etapa de siglos trascurridos desde aquellos remotísimos tiempos, entre ellos la emigración periódica de sus habitantes para dedicarse a los trabajos de otros países, después de haber cultivado sus tierras, las que dejan al cuidado de las mujeres, ancianos y niños. El uso de la hoz y el palo, la gaita, tan semejante a la cornamusa del bajo bretón, que tiene también su mismo origen, son otras tantas reminiscencias celtas. Los vestigios que quedan de los griegos son el baile llamado La Muiñeira, que, según Padín, es retrato fiel de costumbres griegas, y algunas palabras del dialecto del país, entre ellas la de broa (pan). Después de estas presunciones, más o menos verosímiles, se sabe que antes de la dominación romana ocuparon este país los grovios o gravios.
 
Es casi seguro que la actual Villa de La Guardia fué el pueblo conocido por los romanos bajo la denominación de Ostium Minii (puerta del Miño, entrada del Miño), pues la única poblacion que por su situación pudiera disputarle este nombre, que es Caminha, en el vecino reino lusitano, so sabe fue fundada en 1265 de nuestra era por D. Alonso III de Portugal.
Se cree sean restos romanos una tosca muralla que se conserva y que sin duda cercaba la antigua población. Hoy contiene en su recinto pocas casas, estando la mayor parte de la población fuera de ella. Algunos sostienen que esta muralla data del tiempo de los suevos.
 
Destruido el gigantesco imperio romano, rotos los diques que contenían a los pueblos septentrionales, estos, como río que saliendo de madre inunda la campiña y arrolla todo cuanto a su paso se opone, se esparcieron por toda Europa, viniendo à España varios, entre ellos los suevos, mandados por su rey Hermenerico, que se establecieron en Galicia.
 
Los suevos quitaron a La Guardia el nombre romano de Ostium Minii sustituyéndole por el de Gauda, Garda o Guarda, que retuvo por espacio de mucho tiempo y bajo cuyos tres nombres consta en varias escrituras reales y particulares del monasterio de Oya (2). Diéronla este nombre los suevos, sin duda por la posición que ocupaba como frontera del país por ellos dominado y ser como la guarda o lugar de seguridad de su territorio.
 
Concluyose la dominación sueva de Galicia, siendo el último rey de esta raza Rechiario, que fue vencido por el rey godo Teodorico, que ocupó el país, principiando por él la dominación goda en Galicia.
 
Después de la invasión sarracena, que fue corta en Galicia, se gobernó el país por condes, y luego por reyes, entre los que contó algunos de Asturias y León, hasta que, incorporada a la corona de Castilla, vino a robustecer la unidad nacional llevada a feliz término por el modelo de mujeres y de reinas, por la virtuosa y magnánima Isabel la Católica.
 
Entre el pueblo y la desembocadura del claro Miño, hállase colocado el monte llamado de Santa Tecla, que termina en dos altivas puntas llamada la una Facho, y vulgarmente Perouquiño, y la otra San Francisco, entre los que hay una ermita bajo la advocación de la misma Santa, que da nombre al monte. En esta ermita, que ya existía antes del siglo XII, se verifica todos los años los días Lunes y Martes de la semana de la Asunción de Nuestra Señora, una edificante ceremonia religiosa que la piedad de los habitantes ha trasmitido de padres a hijos al través de tantos años, y a la que solo concurren los hombres.
 
El origen de esta fiesta fue un voto hecho por los habitantes del país a consecuencia de una terrible sequía que asoló el territorio a mediados del siglo XIV, y, que según las crónicas, desapareció por intercesión divina. En este mismo monte se encontró hace poco tiempo una pequeña estatua de bronce, y existen vestigios de grandes fortificaciones. Quizás en aquellos lugares existiría en épocas que se pierden en la bruma de los tiempos alguna raza poderosa y rica que desapareció como desaparecen todos los hombres, todas las razas, todos los pueblos, después de haber cumplido su cometido para dar paso a otros que les regeneren en su caduca vejez.
 
El señorío temporal de esta villa perteneció a la orden militar de los Templarios hasta su extinción en 1312, en que se incorporó a la Corona de Castilla y León, haciéndose después donación de ella a don Sueyro Yáñez de Parada, el cual, habiendo tomado partido por el rey de Castilla D. Pedro el Justiciero, en las guerras sostenidas contra él por D. Enrique de Trastámara, al triunfo de este rey fratricida fue desposeído D. Sueyro de su señorío, transfiriendo D. Enrique dicha donación al Cabildo de Tuy por real escritura otorgada en 8 de Setiembre de 1370 en el Real sobre Braga, y confirmada el año siguiente por el mismo soberano y su hijo D. Juan en las Cortes de Toro. A mediados del siglo XV, D. Pedro Álvarez de Sotomayor, Vizconde de Tuy y Conde de Caminha, más conocido entre los suyos por Pedro Madruga, usurpa este señorío; conservándolo su sucesor hasta el año de 1488, en que fue devuelto al Cabildo, que lo tuvo en su dominio hasta el año de 1811 en que fueron suprimidos los señoríos por las Cortes de Cáliz.
 
Esta villa padeció mucho durante la guerra sostenida con Portugal en el siglo XVII. En I665 las tropas portuguesas, capitaneadas por el conde de Prado, gobernador de la provincia Entre Duero y Miño, pusieron sitio al castillo llamado de Santa Cruz, construido en tiempos de D. Felipe III, cuyo catillo, juntamente con la villa, se rindieron por capitulación en el mismo año ante el considerado número de sitiadores. Los portugueses saquearon la villa e incendiaron varios edificios, entre ellos el Archivo Municipal, cuya irreparable pérdida hace imposible la reunión de datos que existirían en él, y por cuya causa La Guardia no posee su historia a pesar de los sacrificios y afanes de muchos de sus hijos. Ocupáronla hasta el año de 1668, en el que se firmó la paz, y habiendo quedado tan yermos y asolados los campos, fueron dispensados sus habitantes de todos los impuestos durante el tiempo de la dominación portuguesa, por real cédula de Carlos II de 13 de Junio de 1669.
En 1.º de Noviembre de 1755, se sintió bastante en este lugar el terrible terremoto que tantos desastres causó en Lisboa; de tal manera, que el mar, convertido en una gigantesca ola, invadió gran parte de su territorio, retirándose después como atraída por un enorme sorbo y dejando un gran espacio en seco de lo que ordinariamente cubren las aguas, hasta el sitio llamado Baloeiro.
 
Desde el 12 de Diciembre de 1801 hasta el año de 1808, y con motivo de la guerra sostenida contra Inglaterra, se situaron en el puerto de La Guardia gran porcióon de lanchas corsarias que causaron graves perjuicios al comercio inglés con Portugal. Por este punto intentó invadir en 1809 el reino vecino un mariscal de aquel coloso de la guerra, de aquel ambicioso titánico para quien los pueblos nada significaban, del moderno César, de gran Napoleón, el mariscal Soult, que tuvo que desistir de su empeño por oponérsele los elementos y los pechos de hombres que defendían su independencia, viéndose forzado a dirigirse con sus tropas a la provincia de Orense para poder llevar a cabo con más facilidad la invasión.
 
En el año de 1833 desembarcó en esta villa el almirante inglés Sir Napier, el que después de haber pasado el Miño, sitió y tomó a Caminta prestando grande ayuda al duque de Braganza.
 
En 1838 fue sorprendido este pueblo por una numerosa partida carlista, habiéndose situado en las calles de tal manera, que no pudo reunirse la milicia nacional, y puso a contribución a los propietarios; pero esta intentona ocasionó á los pocos días la muerte del cabecilla Guillade.
 
A consecuencia de la sublevación general de Galicia en 1846, estvieron expatriados muchos hijos de esta villa.
 
No son los estrechos límites de un artículo salicientes, apesar de la escasez de datos, a contener las noticias y tradiciones que a esta villa se refieren. Ya hemos dicho que se trabaja mucho por algunos de sus hijos para sacar de la oscuridad sus primitivos tiempos y construir su historia sobre seguras bases. ¡Plegue al cielo sean fructíferos sus desvelos!
 
Hállase situada La Guardia a los 44º58’ longitud y 2º30’ latitud del meridiano de Cádiz. Combátenla los vientos N. y N.E., disfrutando de un benigno clima. Es partido municipal y pertenece a la provincia de Pontevedra, de cuya capital dista cuatro once leguas, y al partido judicial de Tuy, de dista cuatro leguas. En lo religioso, su parroquia está sujeta al obispado de esta última población. Tiene buenos edificios, entre ellos la casa Municipal, distribuidos  en el casco de la población y barrios de La Cruzada, Rivera y Sobre la Villa; tiendas de abacería, ropas y otros; imprenta y fotografía. Tiene además de la iglesia parroquial, un convento de monjas benedictinas suprimido en 1868 y dedicado hoy a escuelas públicas, y tres ermitas dedicadas a la Concepción, San Cayetano y San Sebastián.
 
El puerto es poco cómodo y capaz sólo para embarcaciones pequeñas. Su movimiento mercantil durante el año de 1870 fue de 80 buques de entrada, y salieron 89. Constituye el principal movimiento de este puerto la pesca y salazón. La Aduana es de cuarta clase, habilitada para el comercio de cabotaje y extranjero. La población es de 2.375 habitantes en la villa y 6.020 en todo el término municipal, por pertenecer a él las parroquias de San Lorenzo en Salcidos y Santa Isabel en Camposancos. Tiene un alumbrado público, cuerpo de serenos y guardia municipal rural. Posee 16 escuelas, sostenidas por fondos municipales y 12 por particulares.
 
Únese La Guardia a Vigo por una bien cuidada carretera de segunda clase.
 
El blasón heráldico de esta villa, que se ostenta en algunos edificios públicos, es una nave sobre aguas con tres palos sin velas: el que hoy usa el Municipio ha sido modificado sobre la misma base del antiguo, sin que sepamos el motivo. Este blasón representa dignamente los muchos hijos que este pueblo ha dado a la patria para el comercio universal. También ha dado individuos que le han enaltecido, ya en el foro, ya en la Representación Nacional de los que se enorgullece su patria.
Este pintoresco pueblo se ve bastante concurrido durante los meses del estío, por bañistas procedentes del interior del país y del vecino reino portugués.
 
Para que nuestros lectores puedan formarse idea más aproximada de este pueblo, damos su vista general: Vese en ella, en primer término, el convento de benedictinas, fundado en 156I por D. Álvaro Ozores de Sotomayor y sus hermanos. Subida la escalera que empieza junto a dicho convento (3) y terminada, encuéntrase a la izquierda un lienzo de la muralla, cuya construcción, por unos se achaca a los romanos, por otros a los suevos, y por otros, últimamente a los hijos del país para su defensa durante las invasiones sarracenas y normandas. Dicha muralla circundaba todo o parte de la población y tenía dos puertas, una a la terminación de la citada escalera, y otra junto a la torre del reloj; y que aún existían en 1625, pues en 20 de Septiembre de dicho año, mandó el Ayuntamiento se las pusiesen cerraduras.
 
Preséntese luego el buen caserío del centro, de cuyo seno surgen la torre del reloj y la de la parroquia de la Asunción, edificio de buena fábrica, construido en diversas épocas, y cuyas campanas ya sonaban en 1629 para tocar la oración del medio día.
 
Entre este panorama y el monte Torroso, que se nos presenta en último término, divisase el derruido castillo de Santa Cruz, construido en el reinado de Felipe III y vendido a varios particulares en 1860.
 
La segunda vista que publicamos es la de una Atalaya construida en el reinado de Felipe IV, y que en la última guerra con los ingleses, al principio de esto siglo, nos fue de suma utilidad, como también lo fue el castillo de Santa Cruz. Comunícase aquella fortaleza con tierra firme durante las bajas mareas, quedando en lo restante de tiempo completamente aislada.
 
El tercer grabado que insertamos, es el pico llamado Facho del Monte de Santa Tecla. ¡Cuántas veces la zozobra y el temor del navegante hanse apaciguado al divisar en lontananza y envuelto entre la bruma este pico! Figura en las cartas náuticas consultadas muy particularmente por los que se dirigen de N. a S.
 
E indescriptible la emoción que sentimos al vernos sobre su elevada cumbre. El etéreo y azul cielo en cuya bóveda luce, ya el refulgente Febo, si es de día, ya la argentada y melancólica luna, rodeada de su cohorte de estrellas, que parece tachonan el espacio, levantándose sobre nuestra cabeza, y luego a nuestros pies, contempladas dese una altura que casi causa vértigos, la villa de La Guardia al Norte, una prolongada costa erizada de escarpadas rocas azotadas por las furiosas olas de un proceloso mar, la carretera que, serpenteando por la falda de altos montes, une dicha villa con la de Bayona y Vigo, y por último, hasta donde la vista alcanza, las islas Cíes de Ons y de Arosa.
 
Dirigiendo la vita al Oeste solo se disipa el gran Océano, ese gigantesco mar, cuyas aguas son tan surcadas por buques que encierran los productos de todo el mundo y cuyas turbulentas ondas estréllanse a nuestras pantas at pie del mismo monte.
 
Al Sur vese el mismo mar, cuyas olas, ya jadeantes, se apagan en áridos arenales, y a Caminha con su carretera que la une con Vianna y Porto.
 
Volviendo los ojos al Este vense el majestuoso río Minho, el Coira y el Tamuge, cual cintas de plata sobre una verde alfombra, y el hermoso y feraz valle del Rosal con otros pintorescos pueblos y blancos caseríos.
 
Pálida sería la descripción que quisiéramos hacer de este panorama, cuya belleza se siente sin encontrar palabras que sean su verdadera expresión, y que hagan sentirla en la imaginación como si fuese vista por los ojos materiales. Recomendamos, pues, a todos cuantos visiten La Guardia pasen un día de campo en Santa Tegra, y estamos seguros de que no les pesará.
 
Al terminar este pequeño trabajo ocurrióseme una reflexión. ¿En qué consistirá que poseyendo en nuestra patria sitios tan encantadores como este, vayamos a gastarnos tontamente nuestro dinero en el extranjero, sin conocer apenas el patrio suelo, guiados por una pueril vanidad, o rindiendo homenaje al tiránico dominio de la moda? Buscamos frescas brisas en el ardoroso estío, aquí tenemos La Guardia con su suave clima, con sus panoramas deliciosos, con ese cristalino y extenso espejo llamado el Miño, que lame sus plantas, con el hermano Océano, cuyas olas parece juguetean chocando contra los peñascos, y cuya inmensidad asombra.
 
Esperemos que los medios de comunicación sean mejores y sobre todo más rápidos, y creemos que entonces aquellos sitios se verán concurridos por los amantes de lo bello y de la patria.
 
José Povedano
Sevilla, 11 marzo 1873
 
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(1) Berserker era un guerrero que padecía un frenesí periódico, durante el cual devoraba ascuas y andaba sobre el fuego. Según las sagas, cuando los hijos de Arngrim se hallaban en este estado de frenesí, mataban a sus soldados y destruían sus buques. Después de estos esos quedaban largo tiempo desmayados. (Depping, Historia de las expediciones marítimas de los normandos, tomo I, pág. 47.)
(2) En el segundo Concilio de Lugo, año 569, figura con el nombre de Gauda.
(3) Hasta los primeros peldaños de la escalera llegó el airado mar en el terremoto de 1755, de que ya hablamos anteriormente.
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