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Miguel Velázquez y Fernando Bernárdez

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Velázquez, campeón del mundo del peso ligero


Miguel Velázquez, desde hace tres años elige A Guarda para pasar algunos de sus días de vacaciones. Aquí estuvo en los primeros días de julio, y tras regresar a Madrid, volvió a las orillas del Atlántico hace unos días, compartiendo compañía con otro boxeador, el vigués Fernando Bernárdez, afincado en A Guarda.

Velázquez viene a A Guarda atraído “por lo que conlleva el nombre de Galicia: lo bonita que es, lo bien que se está, el verano con temperaturas idóneas, la gente que es fabulosa y su gastronomía”.
Su relación con Bernárdez se remonta a años atrás, bastantes años porque “éramos colegas, aunque yo un poco mayor que él, y entrenábamos en Madrid los dos juntos”.
Y Bernárdez corrobora las palabras del legendario peso ligero tinerfeño: “en Madrid hemos coincidido con gente muy conocida en el ambiente boxeístico”, y cita “a Evangelista, que boxeó con Casius Clay; Perico Fernández del que fui sparring en Torrelodones; Durán…”
De aquellos dos boxeadores de finales de los años sesenta principio de los setenta –Miguel y Fernando- “queda esto que tú ves (ríe Velázquez), unos carrozas”.
Piensan que el boxeo, como otros deportes, “ha perdido en calidad, puede haber más gente, pero con menos hambre”, asegura Velázquez, y lo aclara Bernárdez “es que antes había más necesidad”.
Una necesidad que explica el protagonista del épico combate Velázquez-Carrasco que se puede visionar en youtube: “Yo empecé en el boxeo, no porque me gustara ni muchísimo menos; por necesidad. Los domingos tenía que esperar a que me secara la camisa que había lavado el sábado para poder salir un poquito más decente a la calle”, y aporta su punto de vista el exboxeador afincado en A Guarda “hay algo importante: deportes había de todos, pero deportes donde ganar dinero, si no salías futbolista era en el boxeo. Porque, ¿a quién tenías en el tenis? A uno, a Santana, y no había más; ¿a quién tenías en las motos cuando ahora tenemos cuarenta campeones, teníamos a Ángel Nieto, ¿quién practicaba baloncesto? Nadie; el balonmano, casi igual”, y como broma Velázquez, ríe porque pese a su 1’70 metros, dice “no daba la talla”. “Si había algo de necesidad, y además si querías llamar la atención, era estar en el boxeo; porque del boxeo se hablaba, y se competía; y del fútbol igual”, recuerda el vigués peso gallo. Un apunte más lo hace Miguel Velázquez y es que “por practicar boxeo no te cobraban por ir al gimnasio: con unas alpargatas, unas vendas para las manos y un pantalón corto ya podías entrenar. Tampoco tenías un horario fijo: tu entrenador estaba allí todo el día, o toda la tarde, y a la hora que llegaras –porque podías tener algún tabajillo por ahí- entrenaba. No era un deporte muy exigente en cuestión de horarios; era exigente si tú querías conseguir algo, entonces tenías que exigirte a ti mismo: dedicarte a entrenar por la mañana, ir a trabjar, volver y entrenar”.
Recuerda su mejor momento como boxeador que es, afirma con ese sentido del humor que no pierde, “ahora que estoy jubilado”, y enlaza “yo tuve una época muy buena, y era, por decirlo sin ánimo de fanfarronería, era bueno (lo que corrobora el vigués: “técnicamente era muy bueno”); yo boxeaba con todos y ganaba a casi todos” y es que los perdidos lo fueron por distintas circunstancias, alguna que aclara Fernando Bernárdez: “es que si tú iba a boxear, y boxeabas en la casa del otro, tenías que ganar muy claro, muy claro porque si no, levantaban la mano del de casa”. Y al de Tenerife le levantaron la mano para proclamarlo Campeón del Mundo, además de Campeón de Europa, de España y del Mundo Miliar. Disputó 73 combates, de los que ganó 33 por nocaut y otras 33 por puntos, y tuvo 4 derrotas.
Hace memoria el exboxeador que se instaló en Madrid por cuestiones de amor, y piensa las peleas con derrota “he perdido una en Italia…; la de Carrasco (vuelve a intervenir el vigués: “fue una pelea muy importante, y muy, muy dura; fue una pelea con una repercusión enorme”) hablándose del boxeo de antes del Velázquez-Carrasco y de después del Velázquez-Carrasco”.

Bernárdez, segundo boxeador gallego que logró disputar el Título de Europa

En sus recuerdos, Miguel Velázquez rememora su llegada a Madrid: “a mi me trajeron de Tenerife a Madrid para entrenar con los boxeadores que iban a ir a la Olimpiada de Tokio, en el 64. Y tuve la suerte de ir a la Olimpiada (recuerda algunos posibles candidatos a estar en Tokio como Dopico o los hermanos San José, de Zamora)”. En la capital nipona, el tinerfeño hizo “medio contactos” para viajar a Sidnei tras la Olimpiada. Con sus veinte años, no le dejaron viajar: le esperaba la “Mili” y “conocí a una chica que lleva conmigo 53 años” y ya no volví a Japón y me quedé en Madrid.

Los dos boxeadores con Rodríguez Fariñas
¿Puede/quiere un boxeador repetir como tal? “Si yo naciera en las mismas circunstancias que tenía cuando era joven, indudablemente. Si no fueran iguales, veríamos: podría practicar cualquier deporte, porque hay mucho donde elegir, donde poder destacar” responde Velázquez, e interviene Bernárdez para ratificar lo dicho por su amigo, “es decir; si estás en las mismas circunstancias dices pues por aquí; pero sino, no; y optas, por ejemplo, por el atletismo que si destacas incluso ganas dinero, entonces, estando en la situación que estamos ahora podríamos elegir cualquier deporte, pero de aquella, como dijimos antes, o era boxeo o era fútbol, pero en fútbol no había sitio”. Bernárdez sería hoy un atleta, no en vano, con un descanso los miércoles, “y con casi 70 años corro diariamente 15 o 20 km”; Velázquez sería futbolista, “pero en mis tiempos estaba Molowny, Puskas, Gento… y yo no tenía un hueco ahí (otra vez ríe)”. Le gusta al tinerfeño-madrileño ver todos los deportes “practicarlo, ninguno porque ya no tengo facultades” asegura a punto de cumplir 76 años, y sin perder el sentido del humor añade que “todo el mundo quiere llegar a viejo, pero ninguno dice ya llegué”.
Aunque la vida da sus golpes, Velázquez recibió “más golpes del boxeo que de la vida”, Bernárdez cree que el mayor número de golpes no se reciben en el ring, sino en el gimnasio “puedes tener un combate duro, pero es uno cada tres meses, por decir un número; y no todos son duros, a veces ganas en el primer asalto, y si pierdes por KO, pues mejor: te dieron un buen golpe y ya no llevas más…es en el entrenamiento de todos los días donde recibes más golpes, porque no solo haces guantes con los de tu peso, sino también con los que te llevan diez kilos, y es a diario. Solo tienes una ventaja en el gimnasio, y es que si sientes que te están dando, lo paras, aunque por amor propio a pesar de que te están dando, sigues porque quieres aprender, porque no quieres ser menos”, aunque, según Velázquez, eso ocurre ahora, no en sus tiempos “que nos ponían con uno que ya sabía latín y nos daban ¡pum!, y nos decían sube la mano, y subías la mano, y ya te venía otro golpe por debajo y al final decías pero cabrón, que hago: subo o bajo”. Hoy se aprende de otra manera, pegando contra grandes manoplas del entrenador; “antes había el ring y el saco y poco más”, concluye Fernando Bernárdez, vigués, afincado en A Guarda campeón de España del peso gallo y el segundo boxeador gallego que logró disputar el Título de Europa, en esta oportunidad contra el francés Daniel Trioulaire, haciendo combate nulo, lo que permitió al galo retener el título.
A Guarda, 7 de agosto de 2020
Antón Ferreira
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