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Arquivo 2021
"La Voz del Tecla", nº 72
7 de septiembre de 1912
 
 
Efemérides histórica de La Guardia 11 de septiembre de 1768
P. Cristóbal Juan Conde y García
por Juan Domínguez Fontela
 
 
El R. P. Juan Rodríguez Legísima, tan modesto y virtuoso religioso, como cultísimo historiador, emprendió hace corta temporada la ímproba tarea de escudriñar archivos y bibliotecas, rebuscando datos históricos relacionados con la intervención de los religiosos franciscanos en la gloriosa epopeya de la Independencia española contra el ejército invasor de Napoleón Bonaparte a principios del siglo XIX, y fruto de estas laboriosas investigaciones de un estudio concienzudo y escrupuloso, es el voluminoso tomo de más de quinientas páginas que pronto se pondrá a la venta con el título de "Héroes y Mártires Gallegos de la Guerra de la Independencia".
 
Entre los varones esclarecidos que en aquella época brillaron por su valor y heroísmo patriótico, y que figuran en la obra del P. Legísima, ocupa un lugar distinguido el P. Cristóbal Juan Conde y García. Nació este ilustre hijo de La Guardia el día 11 de septiembre de 1768 siendo bautizado en su iglesia parroquial el día 13 del mismo mes.
 
Las condiciones de ilustración de este paisano nuestro, Licenciado en Teología a los diecinueve años de edad; sus trabajos en pro de la liberación de Galicia, y los cargos importantísimos que desempeñó, tanto en la Orden Franciscana, como ante el Excmo. Arzobispo de Santiago, hacen que este guardés merezca ocupar un lugar, y de los más distinguidos, en la galería de ilustres hijos de nuestra villa.
 
Dado a conocer primeramente por el llorado historiador compostelano Sr. López Ferreiro en su "Historia de la Catedral de Santiago", el P. Legísima le dedica hoy en su honor todo el capítulo XVII de su obra "Héroes y Mártires Gallegos" y con verdad que bien merece nuestro paisano que de él se ocupe la historia.
 
Dotado, en efecto, de ilustración no vulgar y de grandes virtudes morales, fue designado por el Arzobispo de Santiago Excmo. Sr. D. Rafael Múzquiz Aldunate para su confesor, y él aprovechó su valioso ascendente sobre el prelado compostelano para servir a la Patria en aquellos días de luto y esclavitud opresora.
 
Escribió para ello a diversos párrocos y a otros caballeros gallegos de cuyo patriotismo estaba seguro, animándoles acelerar en lo posible la revolución contra el usurpador Bonaparte. Emprendió además viajes a Herbón, Padrón y Coruña para excitar a los religiosos de sus conventos a la insurrección. En esta última ciudad, asociado con el acreditado faccionista D. Sinforiano López Alia y el Coronel D. Francisco Javier Losada de Pol, realizó el 30 de mayo el glorioso hecho del alzamiento coruñés contra Napoleón, que fue el grito general de combate, y el principio de aquella serie nobilísima de hechos que constituyen una de las páginas más brillantes de nuestra historia regional. Y en efecto, el alma de los sucesos de ese día en la Capital de Galicia fue nuestro venerable paisano el ilustre P. Cristóbal Conde.
 
En donde aparece también con su grandeza de carácter y revestido con nuevos laureles de gloria el nombre de este benemérito hijo de La Guardia es en Monforte pues allí no solo trabajó en allegar recursos materiales y en organizar los paisanos, sino que tomó parte activa en acciones y combates, tan reñidos como el de Mellid, cuya gloriosa jornada del día 18 de junio de 1809 constituye una de las fechas grandes de nuestra historia regional. Aquel día la aguerrida división del General francés Marconet fue completamente derrotada por nuestros valientes paisanos, a quienes en el fragor del combate alentaba el generoso valor franciscano guardés con su heroico ejemplo.
 
La causa por la que P. Conde vino a Monforte desde La Coruña es otro hecho que le caracteriza, como uno de los guerrilleros más ilustres de Galicia. Y en verdad que fue habilísima la táctica desplegada por el P. Cristóbal Conde para librar al Arzobispo de Santiago, al que el General francés, dueño ya de esta ciudad, quería tener en sus manos. De estos esfuerzos se burló el P. Conde con ciertas estratagemas que más bien tienen carácter cómico que bélico, pues, él mismo, acompañando a los esbirros imperiales andaba buscando al Arzobispo por diversas regiones, mientras que, merced a estas hábiles caminatas aquel se ponía a salvo embarcando para el extranjero. Cuando el General Marchand se convenció del ridículo papel que nuestro paisano le hizo jugar, le condenó a muerte, pero era ya tarde, porque el ilustre franciscano había abandonado Compostela para trabajar en Vigo, Orense, Monforte y otros puntos contra el ejército invasor.
 
Del luminoso libro de P. Legísima aparece claro que mientras las armas imperiales no desaparecieron de Galicia, arrojadas por el épico valor de sus hijos, no se retiró el P. Conde a su convento.
 
Terminada esta campaña fue este padre destinado a Santiago y de allí pasó a otros conventos en los que desempeñó importantes cargos, como el de Definidor General de la Orden, Vicario Mayor del Real Monasterio de Santa Clara de Santiago, Guardián de los conventos de Ribadavia y Santiago, etc.
 
Tal es a grandes rasgos la biografía del ilustre hijo de La Guardia cuya efemérides natalicia quiero evocar desde "La Voz del Tecla", para gloria y recuerdo de este benemérito paisano.
 
 
Juan Domíngue Fontela
Del archivo de Antonio Martínez Vicente
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