Juan Domínguez Fontela, académico - galiciasuroeste

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Juan Domínguez Fontela, académico

Arquivo 2021
Vida gallega, ilustración regional.
Año XXIII. Nº 491 del 20 de julio de 1931
 
 
 
Un nuevo académico gallego: don Juan Domínguez Fontela
 
 
 
DON Juan Domínguez Fontenla, ilustre historiador y chantre de la catedral de Orense, ha entregado ya su discurso para ingresar en la Academia Gallega, a la cual pertenece ya desde hace mucho tiempo como correspondiente y bastante como electo.
 
El conocido y cultísimo escritor hizo una concienzuda obra, de investigador y de erudito. El fondo de él es una fiesta religiosa de sabor tradicional gallego que se celebra todos los años en el histórico monte de Santa Tecla, cerca de La Guardia, en el mes de agosto con el nombre de Voto de Santa Tecla. Cuenta esta festividad ochocientos años de existencia, pues fue organizada en 1138, sin que jamás se hubiese interrumpido desde entonces.
 
La monografía del señor Domínguez Fontenla comienza con una descripción de las bellezas naturales que se disfrutan desde aquellas cumbres situadas sobre la boca del río Miño, y pasa, seguidamente a estudiar el culto antiquísimo que allí se consagra a la protomártir del Cristianismo Santa Tecla, discípula del apóstol San Pablo, evangelizador de España; culto que recibió gran vida en los días del gran apóstol de Galicia y Portugal San Fructuoso, fundador de un importante monasterio benedictino en la comarca de La Guardia, conocida en los primeros siglos de la Era Cristiana con el nombre de «Turonium», nombre igual al latino de Tours, donde fue Obispo el santo patrono de Orense.
 
La “Congregación del Clamor”, que es nombre que tiene la Asociación religiosa de este monte de Santa Tecla, fue reorganizada en el año 1138 y es similar de otras que existen en la comarca del otro lado del Miño.
 
Esta Congregación y sus arcaicos cultos están reglamentados por unas sabias constituciones, de carácter benéfico social y piadoso, que están escritas en el primitivo lenguaje gallego-portugués, y que fueron aprobadas por el Obispo que, a la sazón, regía la diócesis de Tuy, don Pelayo Menéndez, varón de imborrable memoria, por las grandes obras de celo pastoral que realizó en su pontificado.
 
En la Academia de la Historia existe copia antigua de estas constituciones y allí las copió el señor Domínguez con cuidado exquisito, y con ellas a la vista se dedicó a estudiarlas, haciendo además varias y prolijas investigaciones relativas a la parte ritual y al elemento filológico de las mismas.
 
Demuestra nuestro querido y culto amigo en su discurso que estas Constituciones están basadas en elementos litúrgicos mozarábicos y en libros litúrgicos monacales de la Orden benedictina que se archivaban en los monasterios de Tours, Fleury, Cluny y en otras célebres abadías de Francia en los siglos IX y X, deduciéndose de este estudio comparativo que estas Constituciones deben atribuirse al siglo XII, o cuando más a principios del XIII, pero nunca a fines del XI, como indican Murguía, Villamil y otros escritores.
 
Labor importante del estudioso capitular orensano fue la depuración del texto, pues habiéndose perdido el original, las copias de 1591 y 1780 que se conservan en la Academia de la Historia, de Madrid, están saturadas de errores, por impericia de los amanuenses de la lengua gallega.
 
Para mejor inteligencia del texto de aquellas se impuso el señor Domínguez Fontenla la pesada labor de buscar en otras patrísticas y en comentaristas bíblicos, especialmente en las obras de San Agustín, las frases latinas que pudieron haber servido al autor de estas constituciones para su redacción. Y basado en estas investigaciones consigna el mismo señor Domínguez Fontenla abundantes notas relativas al texto original o aclaratorios del mismo
 
Capítulos muy interesantes tiene este discurso, especialmente el que está dedicado a referir la terrible sequía de siete años que a mediados del siglo XIV asoló las comarcas inmediatas a la foz del Miño, y el que describe los cultos que vienen celebrándose todos los años en la festividad penitencial del Voto. Son estos cultos dignos de ser vistos por los amantes del pasado histórico de Galicia, pues la “misa grande” de ese día aún se rige por una liturgia especial, en la procesión de penitencia que fieles y sacerdotes hacen desde la capilla a las dos cumbres del monte, van cantando las preces de la letanía en lengua griega y en gallego arcaico. Al oír estas plegarias y ver la piedad y recogimiento de los centenares de hombres allí reunidos, créese uno transportado a una procesión penitencial de la más remota Edad Media. Y es más de admirar este culto porque en él no toman parte mujeres, concurriendo allí solo y exclusivamente los varones de las siete parroquias cercanas a la boca del Miño, que antiguamente constituían el concejo de La Guardia.

Vida gallega, 20 de julio de 1931
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