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Asilo Fundación Manuel Otero y Joaquina Sobrino

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Un recuerdo de A Guarda a sus benefactores: Manuel Otero Lomba y Joaquina Sobrino Alonso
Asilo Fundación Manuel Otero y Joaquina Sobrino
por Joaquín Miguel Villa Álvarez, doctor en Historia
 

El 26 de mayo de 1933, ante el notario Franco Roura Azuaya, de Vigo, dictaba su testamento Joaquina Juana Sobrino Alonso (1879-1945). Lo hacía a los pocos meses del fallecimiento de su esposo Manuel Ramón Otero Lomba (1864-1932), con quien no tuviera descendencia. En ese documento dejaba la mayor parte de sus bienes para una institución benéfica que se llamaría “Asilo Fundación Manuel Otero y Joaquina Sobrino”, cuya única finalidad era destinar la casa del matrimonio Otero Sobrino a asilo de ocho pobres de solemnidad, de ambos sexos, los cuales estarían al cuidado de las Hermanas de la Caridad. Al fallecer Joaquina, en 1945, se constituyó el patronato que, como dejaba escrito en su testamento, estaría regido por el alcalde de A Guarda, los párrocos de Salcidos y de A Guarda, el Juez Municipal y tres vecinos de la localidad, que eran además sus albaceas testamentarios. El 14 de septiembre de 1946 el ministerio de la Gobernación clasificaba oficialmente a esta fundación como una institución de beneficencia
 
Desde el año 1945 hasta el año 1968 los albaceas encargados de regir y administrar el Patronato cumplieron fielmente con el único fin fundacional, llegando a tener acogidos hasta seis pobres de solemnidad. Y la persona que estuvo al frente de la institución en todo ese tiempo fue una prima de la fundadora: María González Sobrino. Sin embargo, en 1969, ante la falta de medios económicos para el sostenimiento normal de la casa asilo, se tomó el acuerdo de cerrar el inmueble donde estaban recogidos los ancianos pasando estos, juntamente con las Hermanas de la Caridad, al asilo de la ciudad de Tui. En el año 1974 la Junta Rectora del patronato decidió que el inmueble se dedicará a la atención diurna de ancianos, toda vez que eran muchos los mayores que quedaban abandonados por el día. Al año siguiente se planteó la posibilidad de transformar el edifico, con su patio y jardín, en un Hogar del Pensionista. Sin embargo, estas iniciativas no tuvieron éxito y el edificio acabó por quedar abandonado.
 
La solución definitiva llegó de la mano de un religioso de lña orden de los PP. Somascos, el padre José Luis Montes Fernández, quien en 1977 creó la Asociación Pro-Deficiente San Jeronimo Emiliani –hoy Asociación de Atención a Persoas con Discapacidade San Xerome Emiliani- siendo su primer presidente Raúl González Puebla. Esta asociación comenzó desde entonces a utilizar las dependencias del edificio para atender a los niños discapacitados de la localidad, pero no fue hasta el 8 de mayo de 1980 cuando la Junta del Patronato acordó, por unanimidad, confirmar esta ocupación del edificio. Legalizada así su situación, el padre Montes pudo ya solicitar al Ministerio de Educación diversas ayudas materiales y, sobre todo, la provisión de profesores especializados para los niños. Finalmente, en enero de 1981, se creaba el Colegio San Jerónimo Emiliani –hoy Centro San Xerome Emiliani- siendo su director José Carlos González Blanco. El presidente de la asociación siguió siendo Raúl González Puebla, hasta que en el año 2001 le pasó este cargo a Asunción Dacuña Pacheco. El padre Montes, cumplida su misión de poner en marcha el Centro, se retiró a sus ocupaciones religiosas y docentes en el Colegio PP. Somascos. En el año 1993 el edificio donde se encuentra el centro –la casa de los fundadores- fue transformado en su práctica totalidad, siendo inauguradas las nuevas instalaciones por el presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga Iribarne.
 
Así, pues, en 1981 comenzaba una nueva andadura del patronato asilo fundación Manuel Otero y Joaquina Sobrino. En la actualidad, año 2004, el Centro San Xerome Emiliani, único usufructuario de la fundación, atiende a más de 100 personas de la comarca del Baixo Miño así como a sus familias. Entre los muchos servicios que ofrece se encuentran los siguientes: atención temprana, unidades terapéuticas y educativas, talleres ocupacionales, comedor, transporte, formación prelaboral, empresa de jardinería, equipo multiprofesional, formación para las familias y el programa de respiro familiar. Y para poder mantener este enorme servicio que ofrece a la colectividad del Baixo Miño, el centro cuenta con las siguientes fuentes de financiación: Xunta de Galicia, Diputación Provincial, concellos de A Guarda, O Rosal, Oia, Tomiño y Tui; cuotas de socios, aportaciones particulares, campaña navideña del Colectivo de Mariñeiros y la financiación de proyectos de entidades no lucrativas.
 
Pasados ya más de setenta años desde que se creara esta fundación que tanto beneficio reportçop y está reportando a nuestra comunidad, tal vez se hace necesario echar la vista atrás y recordar quienes fueron aquellas personas que dieron nombre a esta fundación benéfica. Para empezar, y a modo de curiosidad, podemos decir que Joaquina Sobrino Alonbso y Manuel Otero Lomba eran primos segundos, pues el abuelo paterno de ella y la abuela paterna de él eran hermanas. Pero conozcamos un poco más sobre ambos benefactores y sus familias.
 
Joaquina Juana Sobrino Alonso (1879-1945) era hija única del matrimonio formado por Leonor Lucía Alonso Rodríguez-Cachada y Manuel Sobrino Vicente. Su madre, Leonor, era la sobrina carnal de otra mujer fundamental en la reciente historia de A Guarda, Vicenta Rodríguez-Cachada Fernández-Lasiote, una de las herederas de la fortuna que le dejaran sus hermanos fallecidos en Puerto Rico, Juan e Higinio. Próxima a fallecer, esta mujer hizo testamento en 1893 dejando todos sus bienes para una fundación que se dedicara a la educación de las niñas de la localidad, institución que desde 1894 desarrollan ininterrumpidamente las Hermanas Carmelitas al frente del Colegio Vedruna. Otra de las herederas de la fortuna de Juan e Higinio Rodríguez Cachada fue su hermana Joaquina, madre de Leonor y abuela de Joaquina Sobrino. Por lo tanto, podemos decir que parte de aquel caudal ganado en Puerto Rico iría también a parar a la futura fundación de Joaquina Sobrino y Manuel Otero. El padre de Joaquina, Manuel Sobrino, era un emigrante a Puerto Rico, el primero de una saga familiar conocida en la localidad como los “ganchellos”. Tras regresar en 1873 tuvo una activa participación en la vida política de A Guarda, siendo concejal del ayuntamiento en el último cuarto del siglo XIX. Sin embargo su nombre se verá eclipsado por el de su primo, y antiguo socio en Puerto Rico, Agustín Sobrino Vicente, quien será alcalde de A Guarda durante casi treinta años.
 
Manuel Otero Lomba (1864-1932) era hijo de José Manuel Otero Sobrino y Margarita Lomba Otero, y desde muy joven se fue a trabajar a la casa de comercio Sobrino Co. que sus primos, Agustín y José María Sobrino Vicente, tenían en Vega Baja –creada precisamente por Manuel Sobrino, el padre de Joaquina- en la que estuvo hasta 1885 en que creó su propio negocio Otero y Co. Cinco años más tarde, en 1890, pasaba a llamarse Otero Hermanos al entrar también como socio su hermano Eugenio, siendo ya Manuel únicamente socio capitalista. Pro Manuel Otero volverá al comercio activo en 1893 cuando pasa a ser gestor de la casa de sus primos, ahora llamada Sucesores de Sobrino y Co., junto al también guardés Manuel Benito Portela Lomba, “Parratou”. Manuel Otero se retirará definitivamente a A Guarda hacia 1899 quedando desde entonces los negocios que tenía con su hermano en manos de éste, y conservando su participación como socio capitalista en los negocios de sus primos. A su regreso se casa con Joaquina Sobrino y es entonces cuando edifican su magnífica casa en la calle principal de la villa, futura sede de la fundación. En el año 1923 fue brevemente alcalde de A Guarda, habiendo ya sido síndico del ayuntamiento puertorriqueño de Vega Baja en los últimos años de dominio español de aquella isla.
 
Como vemos, Joaquina Sobrino y Manuel Otero eran un matrimonio muy bien situado económicamente en A Guarda, teniendo origen sus fortunas en la isla de Puerto Rico. Personas acaudalas como ellos pasan muchas en este mundo, pero solo unas pocas deciden dejar sus bienes materiales al servicio de los demás, bien en el ámbito cultural bien en el benéfico. Joaquina y Manuel son uno de esos últimos casos, pues A Guarda se ha beneficiado, y todavía se beneficia, de su decisión de ayudar a los más necesitados. Y como es de bien nacidos ser agradecidos, las gentes de A Guarda y su comarca no deberían olvidar nunca a sus benefactores.
 

Folleto del homenaje al Asilo Fundación Manuel Otero y Joaquina Sobrino, 2 de septiembre de 2005
Joaquín Miguel Villa Álvarez
Doctor en Historia

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