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Arquivo Antonio Martínez Vicente

Arquivo 2020
Cerámica de Santa Tecla un hallazgo importantísimo
por Juan Domínguez Fontela
De la Real Academia Española de la Historia
   
I
    
         Muy variados son los dibujos con que están ornamentados los restos de cerámica que hasta ahora se han hallado en las ruinas de los antiguos castros de Santa Tecla, en La Guardia. Todos ellos han merecido la atención de los arqueólogos que han visitado el museo valiosísimo de la SOCIEDAD PRO-MONTE, y vienen a prestar abundancia de elementos para la cooperación al estudio de la cerámica ibérica y prerromana.
        Acerca de estos fragmentos se ha escrito muy poco, pues tanto el libro de don Julián López García, titulado "Una ciudad prehistórica desenterrada", como las tres monografías de don Ignacio Calvo de los años 1914, 1914 al 1922 y la de los años 1922-23 no consagran detenidas páginas al asunto de la cerámica incisa del Monte de Santa Tecla. Hácese preciso reproducir detalladamente todos y cada uno de los dibujos inscritos en los restos que se han descubierto, y se vayan descubriendo, para darlos a conocer al mundo científico, a fin de que puedan ser estudiados y comparados con los de otras regiones y países.
        La cerámica prehistórica de Santa Tecla tiene suma importancia, por la múltiple diversidad de dibujos, todos ellos geométricos, que aparecen incisos en los fragmentos de alfarería hasta ahora hallados. La materia prima de esta industria es generalmente pobre, de color negruzco producido por un sistema de cochura especialísimo, cuya elaboración ha persistido hasta nuestros días en algunos centros fabriles de estos productos, como p. e. en Santo Tomé das Olas, cerca de Celanova, y en algunos puntos del Norte de Portugal. En algunas bodegas vinícolas del Rivero de Avia hemos podido ver diversas ánforas cuya materia prima, manufactura y ornamentación son características de la cerámica ibérica. En la fábrica de loza de Santa Cruz de La Guardia unos obreros portugueses preparaban también vasijas con el colorido y dibujos incisos propios de la misma arcaica labor. Son muy pocos los fragmentos de cerámica saguntina hallados hasta ahora.

        Reproduce este dibujo el fragmento de cerámica recientemente hallado en el monte de Santa Tecla. Mide unos seis centímetros y medio de largo por cuatro de ancho. Formó parte de una vasija semejante a una amplia tartera probablemente de fondo o base ligera mente cóncava. Su diámetro fue grande, como lo demuestra la escasa curvatura de las superficies de este fragmento. No fue labrado a torno, pues no aparecen vestigios de regularidad en las caras cóncava y convexa del mismo.
        El barro con que está hecho es de una pasta de color gris oscuro, plomizo, en la que aparecen sembrados fragmentos menudísimos de mica. Tiene ambas superficies enrojecidas por la cocción del fuego inmediata a la fabricación. En ambas superficies penetró la cocción del horno hasta unos dos milímetros. Su grueso total es de unos ocho milímetros.
        Como ven nuestros lectores sobre una línea recta están dibujadas, o mejor dicho, incisos unos semicírculos dobles concéntricos montados sobre aquella línea por el lado convexo de éstos. En el punto de contacto o enlace de estos semicírculos álzanse unos triciclos concéntricos que sirven de bases para las cruces. Estas son de factura griega, es decir de brazos iguales. Estas cruces están formadas por doble línea. La irregularidad de sus incisiones sobre el barro da a conocer que fueron hechas sin esmero, mediante un instrumento de madera o metal adecuado para imprimir una por una estas incisiones. Es, pues, una técnica rudimentaria y arcaica. Tiene cada cruz 15 milímetros de alto y brazos.
        Este segundo fotograbado lo presentamos para que se vea de lleno el dibujo del fragmento y su desarrollo alrededor de toda la vasija.
        La cerámica con la figura de la cruz es muy rara, a pesar de ser un elemento de ornamentación tan sencillo. Ni en las excavaciones de las antiguas ciudades de CITANIA(1) y de SOBROSO, en Portugal, ni en las ruinas de Santa Tecla se halló hasta ahora entre los objetos de cerámica esta figura que es sagrada para los cristianos, como símbolo de nuestra redención.
        Tiene, por lo tanto, sumo interés el hallazgo de este fragmento para el estudio de la cerámica ibérica, la cual se ha convertido desde algunos años acá en una de las más importantes cuestiones de la Arqueología española. Este descubrimiento constituye un nuevo y valioso elemento que agregar al rico tesoro cerámico de nuestro museo de Santa Tecla.
II
   

       ¿Son símbolos cristianos las cruces de esta vasija? No creemos que lo sean, y según nuestro meditado parecer, las consideramos como simples motivos de ornamentación. Pudieran, tal vez, tener algo de simbólico y religioso como lo es la cruz "swástica" o "gammada" usada actualmente como emblema del Estado Germánico la cual es muy anterior al Cristianismo, y se halla en monumentos de la India, de Persia y de América precolombina, y fue adoptada por los Iberos y Romanos, y se encuentra también en vasos numantinos y en lápidas de los Cántabros, como en la 2,714 citada por Hubner, pero en absoluto no podemos afirmar que sean intencionadamente cristianas.
        Modalismos de esta cruz (2) "swástica son las varias "trisceles", "tetraceles", "pentaceles" y "exaceles" que existen en nuestro museo de La Guardia, en el castro de don Francisco Carrera, del Rosal, en la Citania y en Sabroso de Guimaraes, y en el museo de Orense, recogidas por nosotros en el castro o cividade de Rubiás, en Bande. Es la opinión más generalizada por arqueólogos y etnólogos que este signo es símbolo del Sol o del fuego.
       En la CITANIA de Guimaraes aparece la cruz griega semejante a la de este fragmento de cerámica en una estela funeraria de granito de la necrópolis de aquel antiguo castro. Semejante a esta lápida existe también en nuestro Museo de La Guardia otra estela con una cruz griega, potenzada, inscrita en un pentágono tan rudimentariamente dibujado, que parece un triángulo irregular, la cual procede de la ciudad de Santa Tecla.
      La cruz griega, como la de estos dibujos, fue usada por los griegos y por los romanos, como símbolo misterioso, según aparece en gran número de objetos antiguos, especialmente en los de origen ibérico. No podemos por lo tanto decir que las cruces repetidas en este fragmento de alfarería tengan carácter cristiano.
       La orfebrería, indumentaria y arquitectura cristianas presentan frecuentemente el signo de la Cruz, especialmente en la Edad Media, como elemento de ornamentación religiosa, pero sería impropio e inoportuno el presentarla en objetos de tan modesto y vulgar destino como en la vasija de que procede este fragmento. La repetición gráfica de la cruz en ella nos afirma cada vez en la idea de ser un simple motivo ornamental, como lo son los círculos concéntricos y los hemiciclos.
        La cerámica procedente de las excavaciones de la necrópolis de Luzaga, en Guadalajara, realizadas por el Marqués de Cerralbo, según puede verse en el dibujo que reproducimos, presenta una cruz inscrita en otra cruz, siendo ambas, según vemos, de factura griega como el de Santa Tecla. En la misma necrópolis aparece también otra vasija con círculos concéntricos como los de la nuestra. El notable estilete de bronce hallado hace años en la isla Toralla, ostenta igualmente una serie de círculos concéntricos como estos.
       Fuera de duda está, por todo ello, que este fragmento de loza, descubierto en Santa Tecla es ibérico, perteneciente al Eneolítico y Edad de Bronce, pues está plenamente demostrado que en esta edad prehistórica era muy frecuente el empleo de la cruz como elemento de ornamentación. Por este motivo aunque su cronología es difícil de concretar como la de toda la cerámica arcaica de Santa Tecla, podemos sin embargo asignarle un período que abarca desde la Centuria XV a la X anteriores a la Revelación cristiana.
       ¿Fue labrada esta vasija en la comarca de La Guardia, donde desde muy antiguo existió la industria cerámica, o fue importada? De cualquier modo que haya sido, este "hecho" viene a confirmar de un modo indiscutible la influencia de la más antigua cerámica griega y particularmente de la micénica, en la industria que produjo el gran caudal de loza usada por los habitantes de la antigua y extensa ciudad situada como centinela avanzado sobre la foz del Miño.
       Antes de terminar estas cuartillas, debemos decir que no juzgamos imposible, ni difícil, que entre las ruinas de las antiguas viviendas y murallas del "oppidum", de Santa Tecla se descubran objetos de carácter arcaico cristiano, porque es indiscutible que en la época visigótica existió aquí culto público, puesto que a la vida religiosa de la antigua Hermandad de Santa Tecla o del Clamor, organizada definitivamente en 1138, procedieron los ermitaños que aquí consagraban su vida al cenobitismo, a los cuales se asociaban en la época del Estío los penitentes de otros lugares para dedicarse a "colaciones" espirituales. Unos y otros tendrían vajilla y variados objetos profanos y religiosos para su servicio, y aunque éstos fueran pobres y modestos, como para uso de cenobitas, debieron tener alguna ornamentación característica de su vida.
        Sospechamos también que la estela con la cruz potenzada inscrita en el pentágono que hemos mencionado arriba, perteneció a una sepultura cristiana, pues, no hay que olvidarse que la ciudad prerromana de Santa Tecla subsistió por lo menos hasta fines del siglo III, como lo demuestran las monedas imperiales allí encontradas: época en la cual el Cristianismo estaba muy difundido en toda la península ibérica.
  
Juan Domínguez Fontela
Del archivo de Antonio Martínez Vicente

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1) "Ya que la ocasión se presenta, queremos aprovecharla para insistir una vez más en la afirmación toponímica de que la voz CITANIA es un nombre propio, individual y exclusivo de la ciudad prehistórica de este nombre en la comarca de Guimaraes, en Portugal. El querer convertir en nombre común de toda ciudad destruida y despoblada, por la acción milenaria del tiempo, y recientemente descubierta, es un neologismo anticientífico, como he demostrado antes de ahora. En mi apoyo quiero reproducir las palabras que escribió el finado arqueólogo don Ignacio Calvo en la Memoria de 1915: "No obstante mi condescendencia con la aplicación del nombre Citania, no estoy conforme que se aplique a estas ruinas de población, especialmente en España, donde hay palabras que encajarán perfectamente para esta clase de ruinas, como las de castros, despoblados, ciudades muertas, etc.
El señor Mario Cardozo, ilustre arqueólogo portugués, en su luminosa monografía recientemente publicada con el título “Citania ou Sabroso”, viene a darme explícitamente la razón en este mi modo de opinar.
El sabio Menéndez Pelayo, hablando de las ruinas semejantes a las de Santa Tecla descubiertas en los valles de los ríos Lima, Neiva y Ancora, del N. de Portugal, dice que llevan el nombre genérico de "a cidade" y el de “o castro”. Léase mi artículo "Citanias, no. Un error Toponímico" publicado en el Boletín de la Comisión de Monumentos de Orense, Tomo VII.
2) "La "swástica" es un signo misterioso usado desde muy antiguo en las regiones más lejanas de la tierra. Emilio Bumouf lo llamaba el signo “ario” por excelencia. Figura ya en el navío de Rama. Se encuentra en multitud de edificios lúdicos. Es uno de los signos que los sectarios de Visnú trazan sobre la frente. En Europa aparece desde la edad de bronce. Fue hallado en Tirinto, Micenas, y en los recintos de Troya. Este signo misterioso enlaza las antiguas poblaciones do Santa Tecla en La Guardia, de los centros prerromanos del Rosal, de Bande, de Citania y Sabroso en Portugal, con los Etruscos, los griegos y los habitantes do las Indias. Se han descubierto entre los indios de América. Se han encontrado en el Yucatán y en el Paraguay. Nosotros los hemos hallado entre los signos lapidarios de la Catedral do Orense, quo hemos publicado en el Bol. de la C. de M. (Tomo X).
La voz “swastica" es sánscrita. Llámase "gammada" por la semejanza de los brazos a la 'gamma' griega. Su carácter religioso parece indudable. Bouroub (Dicc. Clasique sanscrit-francais) la define "diagrama de buen agüero” y dice que servía para encabezar las piedras tumularias
Son variantes de la "swástica las formas graciosas adaptadas en los brazos de medias o cuartos de luna sustituyendo a los brazos gammados en los "trisceles", "tetraleceles", "pentaceles' y 'exaceles' de Galicia y del Norte de Portugal, algunos de los cuales fotograbamos en este articulo.

Juan Domínguez Fontela
Archivo Antonio Martínez Vicente







FUENTE DEL ROLLO
por Juan Domínguez Fontela
 
         Para muchos habitantes de La Guardia es este un nombre completamente desconocido. No pocos ignoran la razón de este nombre característico de la fuente situada a la entrada de la villa en la carretera que va a Tuy y Pasaje.
           Procede este título del Rollo que había en las cercanías de esta fuente, el cual consistía en una columna cilíndrica de piedra de más de dos metros de altura montada sobre tres escalones. Estaba en el lado izquierdo de la estrada pero un poco separada de ella y frente a la fuente. Su destino era para amarrar allí en una argolla de hierro con una cadena a los que habían de sufrir castigo público de azotes o recibir otras penas afectivas, que muchas veces solo consistían en estar allí algunas horas expuestos a la irrisión de los transeúntes. Al lugar de esta sanción penal establecida por las leyes de aquellos tiempos, y que servía para asegurar la tranquilidad social y garantizar la fidelidad en las ventas, según las cartas de fuero municipal, y otros documentos legislativos, eran llevados especialmente los carniceros, panaderos y regateros, taberneros, rateros de frutos, aves y otros que por tercera vez hubiesen incurrido en falta de defraudación en pesos y precios designados, o cometido alguna otra clase de delitos menores.
           Provenía esta legislación del celo del bien público que guiaba a nuestras autoridades, evitando de este modo que el pueblo fuese defraudado y explotado. Era este un castigo muy generalizado en la Edad Media en los códigos de todas las naciones.
           De La Guardia desapareció esta columna a principios del siglo XIX y de ella solo queda el vago recuerdo de su nombre en la tradición popular, aunque la mayor parte de las gentes ignora lo que esto significa.
           En otros pueblos el rollo servía para que en su cúspide se expusiese la cabeza de los que habían sufrido la decapitación. Esto nunca se hizo en este sitio en nuestro pueblo, pues, para ese duro castigo y el de estrangulación o garrote, había horca o patíbulo especial en uno de los altozanos del monte de Santa Tecla, que aún hoy se conoce con el nombre del lugar de la horca.
           En cierto archivo de nuestra comarca existe el expediente de condena a este suplicio de la horca a un vecino de una de las aldeas del antiguo Concejo de La Guardia, que allí sufrió esta última pena por los regidores y sancionada por el Juez de la villa. Allí sufrieron también el tormento de ser quemadas vivas, a lo que fueron condenadas por las autoridades locales, unas pobres y sencillas mujeres del país acusadas estúpidamente de brujas; pena y castigo crudísimo e injusto contra el cual protestaron enérgicamente los inquisidores del tribunal de Santiago, como consta todo en un expediente que se conserva en el Archivo General de Simancas[1]
          El lugar de estas ejecuciones en la horca del monte, estaba señalado con otra columna de piedra llamada la Picota, hoy completamente desaparecida.
          De lo vergonzoso que era ser condenado al rollo, es decir, a ser amarrado en el Rollo, inmediato a esta fuente, procedió una frase vulgar que se emplea en La Guardia cuando alguien quiere echar de su lado a una persona con desprecio: Anda vaite o rollo, palabras que he oído muchas veces en labios del pueblo como remate de un altercado.
          Etimológicamente esta voz procede de la latina rotulus=cilindro, por la forma de la columna.
        Llámase a estos rollos en el Norte de Portugal, especialmente en la provincia del Miño, Pelouriño y son símbolo de la jurisdicción local. Son tenidos allí en mucha estima aún ahora como recuerdo de las libertades y exenciones municipales. En muchos Concejos actuales de allende el Miño, se han procurado restaurar los desaparecidos, recogiendo sus elementos antiguos desperdigados[2].
          En La Guardia existió cerca de la puerta lateral del Convento de monjas benedictinas uno de estos pelouriños, el Bolo hace años desaparecido, puesto allí formando parte de una columna como señal del dominio directo de aquella comunidad sobre el atrio y amplio terreno llamado Chan de Conde, donado a la misma casa monacal por los fundadores del Convento, los ascendientes del Conde de Priegue, propietarios de aquel lugar.
          A la fuente del Rollo dásele hoy también más vulgarmente el nombre de fuente de cimadavila o de sobre la villa. La palabra cima, igual que la Galaico-Portuguesa a cima o encima, no significa precisamente que este en un alto sobre la villa. El significado propio de este adverbio en nuestro idioma es, que la fuente está situada en el término, en el extremo, al cabo de la villa, no dentro de la población. En este mismo sentido llámase también barrio de Sobre la Villa[3] al que está al N. O. de La Guardia. La fuente de la que nos ocupamos hoy está comunicada con dicho barrio por la carretera. Antiguamente era completamente independiente y solo se comunicaba con La Guardia por la Estrada Real a Tuy. Nada, pues, tenía que ver la fuente de Sobre la Villa con el barrio de este nombre.
        Esta fuente era antiguamente una simple caja pilón de piedra con dos caños. Hoy está formado por una especie de obelisco piramidal ondulado, puesto sobre la gran caja del agua herméticamente cerrada, la arquitectura de aquella es neo-clásica, pero el obelisco es del estilo portugués muy en boga a mediados del siglo XIX.
En el frontispicio de esta gran caja rectangular está esculpido en la parte superior el antiguo escudo heráldico de la villa, que es una galera o nave de tres palos sobre las aguas onduladas.
Más abajo en un medallón ovoide está esculpida la siguiente inscripción:

SE
CONSTRUYO A ESPEN
SAS DEL FILANTRO
PO BERNARDO MAR
TINEZ EN EL AÑO
DE 1852
          Como rezaba en el medallón, las reparaciones de esta fuente se deben a D. Bernardo Martínez. Los dos lavaderos principales que existían en la primera fuente se construyeron a expensas de D. Vicente Sobrino y los tinglados de hierro a D. Secundino Melón en 1891.
          Los planos del Tinglado de Hierro, fueron encargados por D. Secundino a la empresa GADEA, Rue Lauriston, 80 de París.
________________
[1] En 1562 escribían los inquisidores de Santiago al Concejo: “que era tal la dureza con que la justicia procedía contra las brujas, que se temía que las de La Guardia las quemasen, como lo había hecho otro Juez seglar vecino. Murguía, Galicia, pág. 216, nota 1.ª.
[2] Existen en muchas poblaciones barrios con el nombre del Rollo. Sin ir más lejos en Tuy hállase este lugar unido con la misma ciudad, pero fuera de las antiguas murallas, extramuros al Norte sobre la carretera de Vigo. En Orense existió también la calle del Pelouriño.
[3] En varias poblaciones existen barrios con el nombre de Cima da Vila, tanto en Galicia como en la provincia del Miño, en Portugal. Uno de estos está en el pueblo de Melón, donde hubo antiguamente un célebre monasterio cisterciense, hoy derruido. Otros casos pudiéramos citar.

Juan Domínguez Fontela
Archivo Antonio Martínez Vicente






El hospital de San Marcos
por Juan Domínguez Fontela
 
 
         Entre las buenas instituciones que existieron en nuestra villa, y que nuestros padres no supieron conservar, cuéntase la caritativa entidad que hasta fines del primer tercio del siglo XIX llevó el nombre que sirve de epígrafe a este capítulo de nuestra historia.
         Hallábase el Hospital de San Marcos situado debajo de la torre del reloj público, dentro de los antiguos muros de la villa, y en el ángulo que forman la calle de San Marcos y la Rúa del Medio, que actualmente lleva el nombre del insigne navegante descubridor de las Américas.
         Influenciada nuestra villa por la vida de la nación vecina, se llamó ésta de beneficencia Hospital de San Marcos, por asimilación con un antiguo hospital que en Braga y en otras poblaciones portuguesas están consagrados a aquel Santo Evangelista. El de Braga, restaurado en 1508 por el canónigo de aquella Catedral D. Diego González, estaba, como el de La Guardia, adosado a las antiguas murallas de la ciudad y tenía también capilla del mismo santo[1].
         Ignoramos en absoluto el tiempo de la primitiva fundación del de La Guardia, así como también los nombres de las personas que le dieron principio. La primera mención documentada que de él encontramos es el testamento de María Alfonso, mujer de Vasco Yáñez, ambos acaudalados vecinos de La Guardia, en cuyo documento otorgado en 23 de noviembre de 1458, en una de sus múltiples y curiosísimas cláusulas se dice: “Item mando ao espital da grda. hua manta darago e un lenzal et mais un cabezal”. Documento de Botana.
         Tampoco el libro que a fines del siglo XVIII y principios del XIX servía para anotar la contabilidad del hospital, y del que conservamos unas cuantas hojas, se da noticia de dicha fundación, pues, en 1788 el párroco de la villa D. Miguel de Sebes certifica, cumpliendo un mandato de visita del prelado D. Domingo Fernández Angulo que: “Habiendo visto, mirado y registrado los instrumentos y papeles pertenecientes a las rentas y haberes del Hospital de San Marcos de esta villa, entre ellas no se encontró la fundación de aquella obra pía, ni menor noticia de su paradero”.
         Creemos, sin embargo, que su fundación fue puramente eclesiástica, dada la intervención exclusiva que el Prelado Diocesano y el párroco tenían en la distribución de limosnas y revisión de cuentas presentadas por el mayordomo o administrador que aquellos nombraban. El Obispo de Tuy en tiempo de visita pastoral giraba su inspección al mismo, como a lugar espiritual de su jurisdicción, revisando los libros de cuentas, después de visitar el edificio, no siendo este acto de pura etiqueta, sino que prestaba los reparos y observaciones que juxgaba pertinentes a dicha administración, negando su aprobación cuando lo creía de justicia.
        Alguna vez aparece en la revisión y aprobación de cuentas la firma del Juez Alcalde) de la villa, pero esto ocurre raras veces para mayor garantía del Prelado, y es preciso tener en cuenta que dicho cargo era provisión de éste por derecho del Señorío Temporal. En las cuentas que tenemos a la vista de los primeros años del siglo XIX, sólo el párroco recibe estas cuentas del Mayordomo, sin intervención alguna de la autoridad seglar.
        Un detalle arquitectónico del edificio que resta nos demuestra que debió ser muy anterior al siglo XV la fundación del Hospital, pues, en los elementos de la puerta del mismo, cuyos restos se pueden estudiar en la entrada de la tablajería municipal, aparecen motivos de ornamentación románica características de los siglos XII y XIII, como son las cabezas de clavo en ella esculpidas.
        Compruébanos también esta antigüedad el hecho de que a fines del siglo XV hubo de ser derruido y reedificado el Hospital, como lo testifica una acta de un juicio público celebrado: “no ano do nascimento de nosso señor jesu chisto de mill e quatrocentos e noventa e quqtro annos, a trece dias do mes de doctubre, dentro na vila da guarda de ffoz do miñyo ante as portas do espital novo do sseñor ssan marco q. Sessito nas portas da dita vila en presenza do muyto honrrado Johan Dominguez juiz hordenario na dita vila e en seu canto et johan Culler merinyo polo obpo. Nosso añor e sua maestria”.
        Hácennos sospechar que este hospital fue fundado o al menos patrocinado en sus principios por la familia Correa que tenía su casa solariega frente a aquel edificio, dos circumstancias: la primera el estar el hospital al lado de la “torre da Garda” de que era propietaria la familia Correa, según hemos manifestado en nuestro estudio sobre la “Rúa o calle del Medio” al hablar del testamento de D. Gómez Correa fallecido en Orense en 1471, la cual torre como la del actual reloj tenía y tiene su entrada precisamente por terreno del hospital. La segunda circunstancia es que los dos documentos a que hemos hecho referencia en este escrito, los hemos transcrito de los originales en pergamino, que se conservan en el archivo de la casa solariega de Correa de Goyán y Vigo, hoy propiedad de D. Joaquín Botana Cadaval, descendiente de aquella noble familia. Todo esto induce a sospechar fundadamente cierto patronato, cuando no la intervención en la fundación del benéfico establecimiento.
        Constaba el hospital de dos edificios adosados el uno al otro con un pequeño patio al fondo. Ambos eran pequeños y la casa tenía sobrado, es decir un piso. En éste había un salón rectangular para las camas de los albergados con dos cuartos o alcobas para enfermos de cierta preferencia, habitación de la hospitalera y cocina. El bajo estaba destinado a recoger objetos fuera del servicio ordinario. Ocupaba este sector del hospital el ángulo de la calle. La capilla estaba inmediata, tenía una pequeña tribuna y se comunicaba con el hospital por ésta y por el bajo. Cuando en 1836 se trató de edificar el actual Ayuntamiento y se proyectó construir una casa-fuerte agregada al mismo, para que sirviese de cuartelillo y retén de los soldados de la milicia nacional, se pidió permiso al Obispo de la Diócesis para ocupar el solar de la medio derruida capilla de San Marcos y aprovechar sus materiales para la construcción de la casa-fuerte, a lo cual accedió el Prelado; según oficio que tengo a la vista, fecha 9 de octubre de 1836. La casa-fuerte no llegó a hacerse; sólo se hizo la casa actual del ayuntamiento, según lo dice la inscripción lapidaria que se obstenta en su fachada. Para casa retén sirvió con sus bajos la casa vieja del Ayuntamiento, hoy juzgado municipal.
        Era muy pobre nuestro hospital de San Marcos. Capitalizadas sus rentas consistían en unos 20.000 reales de principal colocados en censos que producían seiscientos anuales, según cómputo que hicieron en el año 1836 los empleados de Hacienda con libros del hospital a la vista. En dichos libros figuran frecuentes ingresos por limosnas en dinero, ropas y comestibles para los asilados. Como éstos eran pocos ordinariamente, y había repugnancia a ingresar en este edificio, se distribuían todos los años a los enfermos impedidos en sus casas y a pobres vergonzantes limosnas en metálico y en especies. Entre las notas de ropas, mantas, telas para jergones y más prendas de vestir hallé una curiosa de un tapapies o brial dado a una vergonzante.
        Servía también este Hospital para albergar a los peregrinos y viandantes pobres. De aquí se socorría también a los encarcelados pobres, para los cuales no había presupuesto carcelario, quedando a merced de la caridad pública.
        Las que resultaban muy económicas eran las gratificaciones a la hospitalera y al mayordomo. Con unos cien reales para ambos estaban satisfechos sus servicios, que se daban en especie, o sea 10,50 ferrados de centeno y otros, 10,50 de mijo menudo que se repartían por igual entre ambos. No podía, pues, ser más precaria la situación económica de nuestro Hospital. Y para acabar de una vez con él, apareció la Ley de Desamortización, que se incautó de estas pequeñas rentas, haciendo lo mismo el Municipio con el edificio, y todo desapareció.
        ¡Cuán saturada de amargura y de reproche es la frase del hijo de esta villa Ramiro Franco, cuando escribió en su folleto La Guardia. Un recuerdo a Galicia, hablando del Hospital “Nuestros mayores lo tuvieron; nuestros padres no supieron mantenerlo”!
        Vaya en este artículo histórico un recuerdo a la memoria del benemérito y caritativo sacerdote de Salcidos don Manuel Portela y Vicente que, al fallecer en febrero de 1913, legó todo su capital y su casa para asilo de pobres de las parroquias del distrito de La Guardia.
        Vayan, también unas líneas de aplauso y gratitud a los beneméritos guardeses puertorriqueños que, constituyéndose en Junta Patriótica, han logrado realizar la erección del magnífico pabellón sanitario que se alza al pie de la carretera de subida al monte de Santa Tecla, y que constituye un monumento de arte y una magnífica institución de caridad cristiana y de beneficencia social de que se enorgullece La Guardia. Después de una centuria desde la desaparición del Hospital de San Marcos, viene esta obra a continuar la caridad pública a favor de los necesitados guardeses.
        Por la íntima relación con ésta consagraré aquí unas líneas al excelso y caritativo hijo de La Guardia D. Vicente Sobrino, acaudalado comerciante de Madrid que legó parte de su capital para socorros domiciliarios de los pobres de la villa. A esta obra social contribuyen también, en parte no exigua, las Conferencias de San Vicente de Paúl, cuya acción cristiana lleva a muchos hogares el consuelo y el pan.
        El espíritu caritativo que impulsó a nuestros antepasados a fundar el Hospital de San Marcos no se ha extinguido.
   
Nota: Comprueba la protección prestada por la casa Correa al Hospital de San Marcos, la siguiente cláusula del testamento de D. Alvaro Ozores y Sotomayor, párroco de Salcidos y fundador del convento de Benedictinas de esta villa:
              “Item mando al Hospital de San Marcos de esta villa de La Guarda para siempre jamás la casa que compré a Juan Alvarez Portela todo alto y bajo para recogimiento e servicio de los pobres”.
              El Sr. Ozores pertenecía a la familia Correa y murió en la casa situada frente al Hospital, cuyas armas heráldicas hemos descrito al hablar de la “Rúa o calle del Medio”.
              Conservamos copia de este interesante testamento, que se conserva inédito en el Palacio de Sto. Tomé de Freijeiro, Vigo, propiedad del descendiente de aquella noble familia D. Xavier Ozores Pedrosa.
  
____________________
[1] Vid. Fastos Episcopaes de Braga, por Mons. Augusto Ferreira, t. II, pág. 375 y sig.

Juan Domínguez Fontela
Del Archivo de Antonio Martínez
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