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| Calzadilla de los Barros-Villafranca de los Barros (40,3 km) 7 septiembre 2005
¡Al fin la lluvia! Después de unas jornadas de un intenso calor, agradecemos que hoy hubiese amanecido lloviendo, aunque para quienes precisamos de unas gafas para caminar, el agua supone un incordio y al final, caminamos sin ellas.
Deja de llover, pero el cielo está nublado de modo que la temperatura es idónea para continuar la marcha. En nuestro camino cruzamos una pista que deja, a ambos lados, las cepas en las que maduran las uvas, pero también olivares y granjas porcinas.
Nuestra primera parada es en la Puebla de Sancho Pérez. Aquí desayunaremos...
Y compartiremos mesa con dos peregrinos: Clive Tapsell, de Australia, y Ngaire Diamod, de Nueva Zelanda, a quienes regalaré dos vieiras que reciben encantados. Durante el Camino he ido dejando estas conchas que en número de quince cargué en la mochila. Antes de abandonar La Puebla de Sancho Pérez, visitamos la iglesia y continuamos Camino con una parada prevista en Zafra, donde comeremos. A la entrada de esta ciudad, nos adentramos en la que debió ser antigua estación del ferrocarril, pero unas verjas nos impiden la salida. Luego sabremos que no fuimos los únicos "atrapados". Unos ciclistas se vieron obligados a hacer malabarismos para pasar las bicicletas al otro lado. Por suerte un trabajador del ferrocarril, José Carlos, que nos ha visto sale a nuestro encuentro y amablemente nos permite el paso por la puerta recién abierta.
Aprovechamos nuestra estancia en Zafra para recorrer la ciudad. Un hombre se nos acerca; habla, entusiasmado de hacer el Camino, pero le da miedo lanzarse solo. Observa el libro-guía y se empeña en hacer fotocopias. Le regalo otra concha de peregrino.
Alcázar de los Duques de Feria, hoy convertido en Parador de Turismo. Zafra está declarada Conjunto Histórico Artístico.
Nos dejamos perder por las calles de Zafra, y nos acercamos a la iglesia de la Candelaria, que aunque no entramos, sabemos que posee nueve cuadros de Zurbarán.
En la Plaza Chica nos fotografiamos señalando la "vara de medir", pero antes dejamos atrás la escultura dedicada a Santa Ángela de la Cruz.
Abandonamos Zafra dejando a nuestras espaldas la torre de San Francisco y, media hora después, otra vez sudorosos y sedientos, llegamos a los Santos de Maimona.
La iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles posee una preciosa portada plateresca, a la que llaman Puerta del Perdón.
En una tarde rojiza, y después de poco más de cuarenta kilómetros, llegamos a Villafranca de los Barros que está en fiestas. No encontramos alojamiento. Sin embargo, ante nuestro aspecto cansado y rendido, Luis Portillo, que está en la conserjería del Hotel Romero, "se apiada" de estos dos peregrinos y, finalmente, nos lleva a una habitación que dice tener reservada |
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