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| Alcuéscar-Valdesalor (26,5 km) 11 septiembre 2005
Con los primeros claros del día, dejo el Monasterio donde tan buena acogida se brinda a los peregrinos. Son las siete y media de la mañana cuando echo a andar. Higueras, encinas y olivos son los primeros compañeros del alba, la dehesa predominará más tarde. Ovejas y vacas, en cercados, ya pastan madrugadoras
Las guías que manejo no se ponen de acuerdo. Según una, hasta Casas de Don Antonio, hay diez kilómetros, según la otra, son ocho. Hora y media más tarde cruzo el puente romano sobre el río Ayuela si es que se le puede llamar río a aquel debilitado curso de agua (en la otra guía se le menciona como arroyo de Santiago, término que me parece más adecuado). No es necesario subir a Casas de Don Antonio, pero la curiosidad por un lado y desayunar, por otro, me empujan por una suave pendiente.
En la plaza el único bar que parece que hay permanece cerrado a estas horas y su interior a oscuras. Ninguna alma camina la plaza ni las calles por las que huye mi curiosidad. Luego caigo en la cuenta que hoy es domingo, así que tampoco debe de ser necesario madrugar.
Las iglesias son siempre punto de referencia. En su entorno suelen ubicarse los servicios de los pueblos; se reúnen los vecinos y conservan las claves culturales más destacadas, aunque generalmente a la hora que nos acercamos a ellas, salvo excepciones, están cerradas. Aquí observo lo que debió de ser una picota en la que se ajusticiaba a los reos, y al fondo la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.
A la salida de Casas de Don Antonio, por lo menos, dejando la parte más habitada del pueblo, un complejo monumento despide a este caminante. Interpreto como un lagar de aceite, pero tampoco hai nadie a quien preguntárselo.
El Camino me lleva por nuevas referencias romanas, observo varios miliarios, entre ellos un miliario-correo. Un grupo de nueve o diez ciclistas consumen carretera "Buen camino, peregrino!", me desean levantando uno de sus brazos. Son las primeras palabras de hoy. Y yo les devuelvo el gesto .
Más puentes romanos...
...y Aldea del Cano, al margen del Camino. Es necesario desviarse como 500 metros, que luego hay que desandar, si se quiere entrar en Aldea del Cano, y eso es lo que hago siguiendo la "pauta" de Casas de Don Antonio. En el bar donde me detengo a desayunar, encuentro a los ciclistas "¡Pues sí que le has pegado duro!", me dicen. Llego un poco cansado anímicamente, quizás la soledad es "demasiado solitaria" en el Camino de la Vía de la Plata. En la "tele" se emite un documental de National Geographic donde un aventurero cruza, solitario, el desierto venciendo dunas y más dunas bajo un sol abrasador y avanzando apenas unos centímetros cada paso que da. Y esta imagen hasta parece darme fuerzas.
Al acercarme a la iglesia parroquial de San Martín de Tours, y para mi sorpresa, me encuentro con Juan Piedehierro. En el centro de la plaza, a modo de monumento, un impresionante tronco de encina hace también las veces de rotonda. Nos llama la atención tan descomunal ejemplar y no resistimos la tentación de fotografiarnos con esta mole y San Martín al fondo.
En el interior de San Martín, observo un retablo con un alto relieve de Santiago a caballo y me llama la atención el "descenso" que lo cofrades del Santísimo Cristo de la Vida llevan a cabo. Me explican que el 14 de septiembre celebran la Exaltación de la Cruz Las obras de la autopista interrumpen el Camino, se pierden las señales y me desvío de la ruta. Cuando llevo diez minutos caminados, no observo ni pisadas ni ruedas de bicicletas por el sendero que sigo; deduzco que debo retroceder. Desando lo caminado y, tras cruzar la autopista, de nuevo la duda entre dos posibles alternativas. Un pastor conduce un rebaño de ovejas, pero a la distancia a la que ya se encuentra hace inviable preguntarle nada. En un acto instintivo busco "ayuda" en Santiago, al fin y al cabo estoy en su Camino e, incrédulo, veo por uno de los senderos, a lo lejos, diminuto, un peregrino, y me voy a su encuentro. Es otra vez Juan, con el que ya llegaré a Valdesalor, donde me quedo; él continuará, su camino, que no es exclusivamente el de Santiago, sino el cultural siguiendo los restos arqueológicos.
Castillos, más miliarios y dólmenes, como este del Garabato, son objeto de nuestra atención. Él lleva la Guía Everest, dotada de un magnífico mapa que sitúa cada uno de estos monumentos, e incluso con fotografías para orientarse en las zonas de cierta duda. Cada guía tiene sus valores y referencias, pero no se puede ir cargado de libros cuando ya se lleva una mochila con diez kilos encima.
A un kilómetro de Valdesalor, cruzamos el puente sobre el río que da nombre al pueblo, y cuyo cauce va sin agua en estas fechas.
En Valdesalor me despido de Juan. En el hogar del pensionista me informan que unos peregrinos se llevaron las llaves del albergue. Entonces pongo en duda de que fuesen peregrinos. La chica que me atiende se informa y me transmite que las dependencias que el ayuntamiento ofrece a los peregrinos están abiertas. Tomo un bocadillo en el Hogar del Pensionista, a estas horas no hay otra cosa, y me acerco a la Consistorial.
Me acomodo en la Sala de Juntas de esta localidad que surgió en los años cincuenta con el Plan Badajoz. Los vecinos me explicarán, más tarde, que no es propiamente ayuntamiento, y que son una pedanía. Un matrimonio que hace el Camino descansa ya sobre unas colchonetas, pero cogerán un autobús para trasladarse a Cáceres, él tiene cita médica; luego sí, llegarán a pie a Salamanca . Más allá de las nueve de la noche, llegan una pareja de ciclistas barceloneses. Ella se duele del trasero. Les adelanto que no hay agua caliente en las duchas, porque el enchufe está quemado. |
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