Vía de la Plata

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Villafranca de los Barros-Torremejía (27,6 km)

8 septiembre 2005

   

Con las primeras luces abandonamos Villafranca pasando, primero, frente a la  iglesia de la Virgen del Valle, de portada gótica aunque en una edificación muy reformada, y por la ermita bajo la advocación de la Virgen Coronada que hoy, precisamente, es su día (también es el Día de Extremadura), de modo que podemos visitar el interior del santuario repleto de fieles

Un día más estamos ante una jornada calurosa. Entre Villfranca y Torremejía discurre una eterna pista cuyo fin nunca se adivina y donde la sombra, que a veces deseamos, se hace esperar. Cuando a lo lejos divisemos por vez primera Torremejía, aún nos quedarán más de tres horas para alcanzarlo. A nuestra izquierda, en la lejanía, hemos ya dejado Almendralejo. Bajo el tórrido sol, nuestro andar es pesado. El agua hierve y racionamos la que nos queda. Juan Carlos, que va delante, se ha desviado casi un kilómetro del Camino, que tendrá que desandar. Hay tramos que hieren el andar por la consistencia de la pista, pero tampoco nos quejamos que estamos haciendo el Camino...

En nuestra desesperanza, surge Santiago en forma de Manuel García Delgado y su hijo, Fernando. Todo un derroche de conversación y amparo. En el coche transporten melones (que observamos con gula) y tomates (con qué placer comeríamos uno). Como si nos leyesen el pensamiento, llenan una bolsa de estos últimos y eligen dos melones, que nos ofrecen. Y no satisfechos, nos dan su botella de agua convertida en un bloque de hielo con la que llegaremos a nuestro destino de hoy mucho más frescos de lo que pensábamos. A Fernando, que es pintor y que próximamente estará en Madrid en una exposición, le gustaría también hacer el Camino. Le entrego cuna vieira que toma agradecido y emocionado. Manolo, tiene otros tres hijos, entre ellos, nos cuenta, está Loli, que nos dice que canta y que grabará un disco pronto. ¡Gracias amigos por vuestra generosidad a cambio de nada!

Torremejía es un pueblo de 2.100 habitantes en el que encontramos la solidaridad de la Policía Local...

...que nos dará alojamiento en una sala que debe de utilizarse como aula de costura...

...y donde el aseo hay que hacerlo a la antigua, pues no hay duchas. Pero entendemos que el peregrino no debe ser exigente, y agradecerá siempre cualquier ayuda que recibe, y eso hacemos. Al fin y al cabo forma parte también del encanto y la experiencia del Camino. La austeridad del Camino nos enseñará a apreciar un poco más las pequeñas cosas y a ser algo más agradecidos en este mundo tan materialista que nos toca vivir.

Así que, desde aquí, también las gracias a la Policía Local de Torremejía.

Ropa tendida... aunque no logramos sacarle toda la suciedad que la impregna. Claro que tampoco tenemos mayores problemas con ella para vestirla al día siguiente.

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Juan Carlos, que está obligado a soportar "mis impertinencias", hecha manos a la cabeza: "Dios mío, pero qué hace este hombre, ¡qué habré hecho yo para merecer esto!", parece decir cuando le interrumpo la redacción de sus Memorias del Camino.

Antes de que se apague el día, nos acercamos a la iglesia y casa-palacio de los Toreremexía...

...que se encuentran en la parte oeste de la ciudad. El palacio conserva, en el dintel de la puerta, las conchas de peregrino y partes de sus muros están construidos reutilizando estelas y restos de esculturas romanas.

Cuando la noche vence al día, ya estamos recogidos en nuestro especial albergue donde, a pesar de dormir sobre la esterilla y envueltos en un saco del que nos sobrará tela, por el calor, estaremos en condiciones de reemprender nuestra novena jornada mañana.