Vía de la Plata

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Almadén de la Plata-El Real de la Jara (16,6 km)

4 septiembre 2005

Teníamos la opción de cubrir 37,3 km, que es la distancia que separa Almadén de la Plata de Monesterio. Optamos por la comodidad, tan solo 16,6 km (Almadén de la Plata-El Real de la Jara). Craso error el nuestro. Seguimos incumpliendo horarios y distancias, medidos de acuerdo al tiempo que uno dispone para hacer los casi 1.000 km que separan Sevilla de Santiago. Este Camino está resultando el de los novillos. Hoy deberíamos estar saliendo de Monesterio y, sin embargo, acumulamos ya un día de retraso con respecto a lo previsto. La distancia que hoy formalizamos sobre la hoja de ruta, es sólo la mitad de lo que deberíamos hacer de media diaria (que Santiago nos coja confesados).

El sol ya ha despertado cuando nos internamos por las dehesas de Almadén de la Plata en dirección a El Real de la Jara.

Rebaños de ovejas pastorean en estas tierras amarillas, pero de paisajes hermosos, aunque a veces las dehesas se tornen monótonas.

La Vía de la Plata es, sobre todo por las distancias que separan los pueblos, la falta de recursos hídricos para el peregrino, la ausencia de voces amigas y este sol abrasador que limita las horas de caminata, una ruta sobre todo para ciclistas. En el albergue de Almadén conocimos a Sebastián, bombero en Girona. Un hombre locuaz  y alegre. Aunque sale algo más tarde que nosotros, nos cruzaremos en el Camino, una hora más tarde. Nos despedimos.

Una piara de pata negra busca, a estas horas, las diez y media de la mañana, en que el sol ya hace estragos, la sombra de los encinas o la que ofrecen las paredes que cierran la dehesa en los límites con la carretera.

A las doce del mediodía llegamos a El Real de la Jara. Juan Carlos lleva los pies doloridos por las ampollas. Renunciamos a continuar los poco más de 20 kilómetros que nos llevarían a Monesterio.

A la izqueirda, iglesia de San Bartolomé, do origen mudéjar. a la derecha fuente en la plaza del pueblo y, al fondo, el castillo del siglo XII.

Una vista de El Real de la Jara desde el albergue con el castillo coronando la colina.

Fachada del albergue. Hace calor; demasiado calor. Ni la sombra nos da amparo. Así que decidimos "guardarnos" en el interior del albergue, que es confortable. El interior es fresco. Cerramos puertas y ventanas. En el exterior, dejamos la ropa secando

Después de comer unas tapas de callos en el bar Los Claveles, y regarnos con una caña, la tarde se hace larga y agobiante. Así que, dormimos. (Esta foto es inédita para Juan Carlos)

El Real de la Jara es una reserva cinegética, de modo que también abundan las esculturas de animales. Hemos vistos jabalís, lobos... aquí una muestra de lo que decimos.

La tarde se va apagando y un sol precioso se acomoda entre las montañas que vemos a los lejos. En el hostal La Encina, cenamos.

Una de las habitaciones del albergue. El interior es, en todo él, abovedado.