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Cáceres-Garrovillas (34,7 km)

13 septiembre 2005

Mientras nos preparamos para partir y desayunamos en el hostal Pasarón, conversamos con José Antonio González Oliva, a la derecha, que hizo también el Camino de Santiago. Nos da una serie de consejos, se pone a nuestra disposición y nos facilita, por si no los tenemos, los teléfonos de este Cuerpo por si precisamos cualquier ayuda. Su amabilidad y disposición fueron extraordinarias, de modo que no quisimos despedirnos sin llevarnos un recuerdo de él.

La plaza de toros es una referencia para dejar Cáceres y dirigirnos, primero, a Casar de Cáceres.

Pasamos, con precaución, por las obras de la autovía. "¿Van a Santiago?", pregunta alguien desde lo alto alzando la voz para superar el ruido de la maquinaria, y con la misma energía respondemos "Allá pensamos llegar", "Pues que tengan buen Camino". Levanto el bordón como gesto amistoso y se nos quedan mirando un rato.

Dos horas después alcanzamos Casar de Cáceres.

Caminamos por su paseo-alameda y nos dirigimos, por la calle Larga Alta, que hace honor a su nombre, al restaurante Majuca, que recomiendan las guías y también nos lo sugirió Oliva. Aquí comemos y, como el trayecto que nos aguarda es largo, más de 33 km sin servicios, decido encargar un bocadillo que tarda en llegar, es más bien escaso de contenido y no resultó económico. Siguiendo también el consejo de Oliva, sellamos la Credencial de Peregrino en el Ayuntamiento que, nos dicen, tiene uno de los sellos más interesantes del Camino, y damos fe de ello.

En Casar de Cáceres coincidimos con algunos peregrinos que se quedarán en el albergue que aquí hay. Entre ellos me encuentro al matrimonio que estaba en Valdesalor cuando llegué. Intercambiamos algunas palabras y nos despedimos "Quizás nos encontremos de nuevo", casi decimos al unísono.

No queremos dejar Casar sin acercarnos a la iglesia de la Asunción en la que se conjugan varios estilos arquitectónicos y que posee elaborados artesonados en la techumbre.

Y abandonamos Casar por una pista que pasa al lado de la Ermita de Santiago.

Tragamos el polvo del camino, nos informamos en los miliarios que la Junta de Extremadura ha situado en diversos puntos del Camino y hacemos cábalas sobre la funcionalidad de algunas curiosas construcciones que a mi me recuerdan las edificaciones del castro de Santa Trega.

Desde el altozano, y volviendo la vista atrás, podemos ver aún Casar de Cáceres. El sol aprieta, no es el calor de Sevilla, pero estamos a treinta y muchos grados.

Unos ciclistas nos adelantan...

...dejamos los portillos que cruzamos tal y como los encontramos...

...nos detenemos ante los miliarios "miles de años nos contemplan", pienso...

...y descubrimos El Oso, una piedra que desde la distancia se nos antoja un plantígrado pétreo.

Ya cansados, descubrimos las vías del ferrocarril y el embalse de Alcántara está más cerca. Luego sabremos que las referencias que nos dieron del albergue no eran exactas y todavía tendremos una hora más de camino de lo previsto. El albergue no estaba en la Estación del ferrocarril como nos señalaron en Cáceres y en Casar, incluso como nos dijo la persona con la que hablé por teléfono para decirle que nos dirigíamos a este albergue privado.

El sol se oculta por el oeste como incendiando el monte. Para llegar al albergue, tenemos que seguir por la N-630, con denso tráfico pesado y a oscuras. Cruzamos los puentes sobre los ríos Almonte y Tajo, con alturas de vértigo, y la preocupación de abandonar lo antes posible el peligroso asfalto.

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Es noche cerrada cuando, al fin, llegamos al albergue de Garrovillas en un excepcional paraje que no podemos disfrutar por la hora que es.

Aquí nos encontramos con Juan, a quien conocimos saliendo de Casar de Cáceres y que tiene, como objetivo final, llegar a Palencia.