Vía de la Plata

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Grimaldo-Galisteo (19,7 km)

15 septiembre 2005

Son las siete de la mañana cuando abandonamos las literas. Aprovechando el microondas, y con la compra del día anterior, preparamos el desayuno. Lo que nos sobra, una vez que escribimos la fecha en el envoltorio para que, quienes venga detrás, sepan si aún se pueda consumir, lo guardamos en la nevera. Nace aún el día  cuando giramos la llave en la cerradura de la puerta y dejamos el albergue de Grimaldo

Pastan las ovejas, y nos encontramos un par de ejemplares muertos. Vuelan en lo alto algunas aves rapaces que no consigo adivinar qué son. Graznan los cuervos alejándose sobre nuestras cabezas

Cruzamos dehesas y fincas, abrimos portillos que volvemos a cerrar y caminamos solitarios en estos parajes de distancias eternas entre los pueblos...

Divisamos a los lejos Ríolobos, más allá del Camino...

...jaras, alambradas, ocres, pistas, horizontes. "¡Qué contraste con el Camino del Norte!", pienso, y recuerdo el País Vasco, Cantabria, Asturias con las montañas, los mares, los verdes, que recorrimos hace un año

A media distancia descubrimos lo que nos parece un acueducto. Carla camina delante, yo la sigo unos pasos más atrás. No veo la piedra en la que tropiezo y, con el peso de la mochila, no logro mantener el equilibrio. Me voy de bruces y mi cabeza golpea otra pequeña piedra. La gafas salen disparadas y, sobre la ceja, se abre una pequeña brecha. "!Las gafas!", exclamo. Es lo que más me preocupa pues sin ellas no soy nadie.

Por suerte los cristales están intactos, pero la montura va resentida y no me atrevo a compensar el desequilibrio que se produce en ellas por temor a romperlas. Carla me hace las curas. Al colocar las gafas, una de las patillas va más alta que la otra, lo que provoca un desajuste en la visión que me originará, al final del día dolor de cabeza.

Continuamos el Camino. La molestia de la herida en la ceja me lleva, en un acto reflejo, a pasar la mano sobre ella.  Carla recibe una llamada del hospital anunciándole el inminente comienzo de un curso en el que está inscrita. En un descanso que hacemos para tomar algo de agua, y como si pensáramos lo mismo, decidimos poner fin al Camino de Santiago en Galisteo. Ella tiene que regresar y yo, en mi situación, no me atrevo a continuar.

Divisamos ya Galisteo...

...y antes de entrar en esta localidad, pasamos por cultivos de tabaco.

Galisteo es un pueblo amurallado en tiempo de los almohades. La muralla es de cantos rodados y, en ella, se han abierto cuatro puertas que permiten el acceso al interior. Cuando aún no se ha entrado en Galisteo, destaca en su centro la torre de la Picota.

Uno de los albergues cerró hoy por vacaciones, en el otro no encontramos a nadie, así que optamos por el bar-hostal Los Emigrantes. Después visitamos la plaza principal, donde está la Casa Consistorial y los soportales...

...y nos acercamos a la iglesia, bajo la protección de Nuestra Señora de la Asunción, con un ábside mudéjar pero construido según los cánones románicos.

Reconocemos las puertas de la muralla, de características única en España, como esta del Arco de Santa María, en frente del ábside de la iglesia.

Y observamos al fondo, San Gil, a unos diez minutos de Galisteo, otra referencia en el Camino de Santiago.

Tras la decisión de abandonar el Camino este año, no ha dejado de rondarme por la cabeza la idea de regresar a él. Durante la tarde en Galisteo, lo decido. En septiembre de 2006 volveré a Sevilla e iniciaré de nuevo la Vía de la Plata. Carla me aconseja retomarlo a partir de Galisteo, pero en mi caso, y disponiendo de tiempo, pienso que mi punto de partida está en Sevilla. La experiencia del 2005 sabré sin duda aprovecharla dentro de un año. Y aunque fui incapaz de llegar a Santiago, pienso que estos quince días merecieron la pena: ha supuesto el reencuentro con una gente muy especial en mi vida: Carla y Juan Carlos...