|
Puebla de Sancho Pérez-Villafranca de los
Barros
6 septiembre 2007
25,5 km (8h
30 minutos)
|
 |
Cuando suena la alarma-despertador de los móbiles son las seis de la mañana, pero ya hace un buen rato que Antonio, "el Ermitaño", nos
prepara el desayuno en la cocina
del albergue. El desayuno es generoso. Antonio nos hace compañía. En una
hoja que arranco de mi diario, escribo un pequeño mensaje dirigido a
Samia y a Antonio, con nuestro agradecimiento por el trato y la compañía
que nos dispensaron. Nos despedimos de Antonio y salimos al exterior
acercándonos a la fuente donde en un cartel se lee "Agua no potable".
Hemos visto que los vecinos acuden a la fuente en busca de agua y que
niños y mayores bebían de ella. Decimos algo así como que ya estarán
inmunizados para que no les cause problemas gastrointestinales.
"Esperemos que nosotros estemos también inmunizados", y llenamos
nuestras botellas. |
|
Cuarenta minutos después de
abandonar las literas, dejamos el albergue en la Ermita de la Virgen de Belén, con su
fuente exterior y su entrada arbolada. Siguiendo el Vía Crucis y alguna
calle de Puebla, llegamos a la iglesia de Santa Lucía y
preguntamos, en la plaza, a unos muchachos que aparentan no haber dormido
en toda la noche,
por la salida hacia Zafra. Uno de ellos nos acompaña unos metros y nos
orienta señalando la carretera y el desvío que debemos tomar. Caminamos bajo la luz que nos ofrecen
las linternas, en dirección a Zafra, a penas a una hora de distancia.
|
 |
|
 |
Posiblemente porque no las
hemos visto, cogemos una ruta equivocada, que nos acerca a un paso sin
barreras, donde observamos pintada una aspa en amarillo. Retrocedemos.
Nos internamos en un camino que muere en una propiedad privada. Seguimos
luego otro que desemboca en una senda por la que continuamos, pero que termina
alejándonos de la estación. Finalmente optamos por seguir por las vías
del tren para atajar y alcanzar, sin más pérdida y en diez minutos,
la que suponemos que es antigua estación de Zafra.
|
Zafra es la primera "gran" ciudad que cruzamos en
la Ruta de la Plata desde que salimos de Sevilla. Se encuentra
estratégicamente situada entre Andalucía, Castilla-La Mancha y el
Alentejo. En ella se celebra, en octubre, la Feria Internacional
Ganadera de Zafra, una de las más importantes de España.
En nuestro recorrido, por este burgo de algo más
de 15.000 habitantes y 62,6 km2, pasamos por lugares de referencia como
sus plazas Grande y Chica, con su "vara de medir".
Observamos sus edificios, la Plaza de
Toros, el
Alcázar de
los Duques de Feria, hoy convertido en Parador de Turismo;
el artístico azulejado de una farmacia, la torre de la iglesia
del Cristo de la Candelaria y, aprovechando que está abierta,
el interior de la iglesia del Cristo del Rosario, cuya torre
muestra como copete uno de los muchos nidos de cigüeña que hemos ido
viendo a lo largo del Camino.
|
 |
La salida de Zafra tiene, para los
peregrinos, su referencia en la Torre de San Francisco.
Preguntamos cómo dirigirnos a ella, y nos van orientando hasta
que Manuel Toro Benítez, nos dice que de la "familia de
los Ruperto" y carpintero jubilado, se ofrece a acompañarnos
pues su paseo matinal diario pasa por las Torres de San
Francisco. |
 |
A 5 km de Zafra se encuentra Los Santos de
Maimona. Desde la Sierra de Los Santos oteamos este pueblo en cuyo
escudo destaca la cruz de Santiago, flanqueada por dos conchas de
peregrino. A medida que descendemos por la suave pendiente, sobresale
por encima de los tejados la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles,
cuya portada plateresca, llaman del Perdón. Una moderna
urbanización precede a la plaza que nos espera y donde reposaremos unos
minutos.
Y mientras desde algún lugar de la plaza observo
la esplendorosa iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, tres jinetes
que hacen la Vía de la
Plata con el apoyo de un coche, cruzan por delante del ayuntamiento que
antes fue palacio de la Encomienda de la Orden de Santiago. Intercambiamos unas palabras. Dos
de ellos
son menorquines y el tercero, de Mallorca. Y como es habitual en estos
casos, nos deseamos mutuamente buen camino.
|
Tras
el descanso, la contemplación de la arquitectura civil y religiosa de
Los Santos de Maimona y adquiridos algunos alimentos para las próximas
horas, reanudamos el Camino. Josep se adelante porque yo aún me
permitiré dedicar algunos minutos más a los Santos metiéndome por alguna
de sus calles, por aquello de ver "a dónde me llevan". Y a continuación
procuro la flecha, que encuentro en el bordillo de la acera, que
me dirige hacia Villafranca de los Barros, casi a 16 kilómetros bajo un
implacable sol que sigue la tónica de los días precedentes.
|
En la salida de Los Santos de Maimona me
acompaña un paisano, jubilado él, durante algunos centenares de metros
que, me cuenta, va al cementerio a visitar a quienes tiene allí
enterrados. Y me señala unos cipreses, al fondo, que localizan la
ubicación del camposanto. "¿Ve usted aquella nave verde y los cipreses a
la derecha?. Ese es el cementerio, pero usted se desviará antes para
coger un sendero, a la derecha".
Ayer, en Puebla, he tenido que hacer frente a la
primera ampolla: pinchazo, drenaje mediante un prolongado masaje, y hoy
estoy como nuevo de esta dolencia, pero la dureza del asfalto me provoca
un intenso
dolor en el talón izquierdo, que luego se extiende a la planta del pie y acorta mi
paso. Cuando dejo la carretera y me interno por la pista de tierra,
parece que el sosiego regresa a esa dolorida planta del pie. A Josep, a los problemas que arrastra por causa de las rozaduras,
se le añaden unas inoportunas ampollas que no da curado y le producen
una leve cojera.
Vamos pasando por olivares, terrenos
cercados a izquierda y derecha por una malla de red metálica que
seguimos durante varios kilómetros, una pintada de protesta
contra la instalación de una refinería y la señalización que, en
ayuda del peregrino, realizó la Asociación de Vecinos Virgen Coronada.
En la planicie resisten el paso del tiempo las
ruinas de construcciones cuya función no conseguimos adivinar.
Descansaremos un rato para refrescarnos con el agua que aún reservamos,
caliente como el caldo, y hacemos huellas en la hora de camino que aún
nos resta hasta Villafranca de los Barros.
Cruzamos el paso a nivel y también el túnel bajo
la autovía y la N-630. Más tarde pasaremos por una plantación de
viñedos en uno de cuyos mojones se colocó el clásico azulejo
indicativo del Camino y en el otro la leyenda "Las Caballeras 1906". En
el interior dos carteles recuerdan que se trata de una propiedad privada
y que hay perros sueltos.
Josep ya hace un buen rato que está en
Villafranca. Yo, como siempre, sigo rezagado cuando llego a alguna
población. Desde la senda, contemplo las casas blancas, los tejasos
bermejos, que diría un autor clásico, y la torre de la iglesia oteando
horizontes.
En Villafranca de los Barros
honran a la Virgen de la Coronada y hoy inician los festejos.
Septiembre, como en tantos pueblos de España, es un mes de celebraciones
que tienen su fiesta principal el día 8. Estos días, nos dicen,
se aprovechan para tomar unas vacaciones.
En la plaza, frente a la iglesia de la Virgen
del Valle, con una portada gótica que contrasta con el conjunto
arquitectónico, espero a Josep que, al llegar antes, ha acudido a
la Policía Local en busca de
información sobre el alojamiento municipal, pero en Villafranca
no existe albergue de peregrinos.
Buscamos recomendación, para comer, en el vecindario, y nos
dirigen al restaurante Monterrey. Hacia él vamos, aprovechando el corto
recorrido para observar la arquitectura civil: balconadas,
chimeneas, fachadas...
En el Monterrey nos atiende Antonio, con toda
cordialidad. Solicitamos el menú, con distintas alternativas para
elegir, y satisfacemos el apetito que, pese al calor, se fue acumulando
tras más de ocho horas caminando. Al despedirnos, Antonio aún nos
obsequia con una botella etiquetada con la enseña del restaurante.
Volvemos a la plaza por calles distintas a las que
seguimos anteriormente. Pasamos por la Ermita de la Virgen Coronada
y solicitamos en el cuartelillo que nos sellen la credencial.
Amablemente, un agente municipal atiende nuestra petición
Acudimos al hostal que nos recomendó Antonio, pero
no conseguimos que allí alguien responda a nuestra llamada. Así que,
después de insistir inútilmente, procuramos nueva recomendación y, en
esta ocasión, nos envían a una casa
particular que llaman "La Cubana".
Calle arriba, la misma que conduce a la Iglesia
puesta bajo la advocación de la Virgen del Carmen, y siguiendo las
indicaciones, buscamos la casa, de la que no nos supieron dar el número. Nadie pasa
a estas horas de intenso calor para preguntar, así que nos acomodamos,
cansados, a la sombra de las edificaciones contiguas. Por fin
viene alguien que ya nos indica con exactitud cuál es la
casa-alojamiento.
A nuestros golpes, responden los ladridos de un perro. Se
descorre la cadena y nos recibe "La Cubana". Señora mayor, amable, que
cuida de su marido que permanece en un sillón. Nos ofrece una habitación
con dos camas en la que nos movemos un poco apretados. Tampoco
precisamos de muchas comodidades. Distribuimos las mochilas y nos
preparamos, como cada jornada, para asearnos por turnos.
"La Cubana" nos ofrece una agua
recién sacada de la nevera, tan fresca que casi bebemos el litro y medio
que contiene una botella reutilizada. "¡Beban, beban cuanta quieran que
hay más!". Y bebemos.
Josep ha pasado un buen rato
charlando con "La Cubana". Le ha pedido, cuando llegue a Santiago, que
le envíe algunas estampas. Y Josep toma nota del recado.
Como hago siempre, me voy camino del pueblo.
Observo las fachadas de las casas y descubro una cruz de Santiago
coronando una fachada que luce dos escudos nobiliarios.
Por
la misma calle se acerca una multitud. Los niños, que van delante,
corren alborotados huyendo no sé de quién. Detrás , decenas de mamás y
abuelas parecen disfrutar. Unos niños, muy pequeños, lloran. Detrás de
los niños que corren, cuatro o cinco cabezudos, armados con escobas, los
persiguen y cuando consiguen alcanzar a alguno, simulan zurrarles de lo
lindo. Los tamboriles animan la marcha.
En un supermercado he comprado algunos productos
para cenar, fruta y bebida isotónica para mañana pues en los 27,5 km que
tendrá la siguiente etapa, hasta Torremejía, no hay ningún pueblo
intermedio. Y de regreso a la casa de "La Cubana", observo una pancarta
que repite la protesta contra la refinería.
|