El Camino de Santiago por la Vía de la Plata

  

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Guillena-Castilblanco de los Arroyos

2 septiembre 2007

19 km (4 horas)

Son las 6 de la mañana cuando Josep se retira a algún lugar de la pista polideportiva para realizar sus ejercicios de yoga. Media hora más tarde, abandono el saco de dormir y, tras asearme, me acerco al bar de la Plaza con objeto de desayunar. Es domingo, y el bar abre una hora más tarde de lo habitual: a las 7 de la mañana.

Regreso al polideportivo y nos preparamos para partir. La salida la hacemos los dos andaluces: Fernando y Joaquín, hermanos de Écija; los dos franceses; Alain Michel Guerahde y Jean Paul Leroux, bretones del oeste del Mont Saint Michel. Jean Paul se identifica en la mochila con la bandera de Bretaña que me recuerda a mis amigos, Mari Jo y Michel. Con ellos vamos Josep, de Girona, y Antón de A Guarda (Galicia).

Así que somos seis peregrinos los que salimos de Guillena. Durmiendo quedan las dos alemanas y el peregrino madrileño.

Dejamos el pabellón y seguimos algunos metros por la carretera, pero no encontramos, entre las sombras, las flechas, de modo que tras unos titubeos logramos situarnos en la buena dirección. Pasamos el río Rivera de Huelva.

Un cartel nos informa que caminamos por la Vía Pecuaria Cañada Real de las Islas, en el eje de conexión Doñana-Sierra Norte. A 6 km, se encuentra el cortijo El Chaparral y a 16 de donde nos encontramos, Castilblanco de los Arroyos, nuestra meta de hoy.

Disfrutamos con toda intensidad de nuestro primer amanecer en el Camino. El sol asciende demasiado rápido sobre la línea del horizonte. Olivares, naranjos y chumberas forman parte del paisaje por el que nos alejamos de Sevilla. Es domingo y debe ser por eso que suenan los disparos de los cazadores.

A las 9.45, cuando llevamos algo más de dos horas caminando, la temperatura ya ha subido muchos grados. El cuerpo reclama asiduamente su ración de agua que vamos dosificando porque hasta Castilblanco son 19 km sin poblaciones intermedias.  

En fila india, nos enredamos en nuestros propios pensamientos. El Camino da tiempo para conversar, disfrutar y reflexionar. La piel brilla, mojada por el sudor que nos cae y empapa nuestras camisetas.

La senda discurre por dehesas cerradas con cercas y portelas que abrimos y volvemos a dejar según las encontramos. Esta es una de las máximas del Camino: "cuando entrares y salieres, deja las portelas como vieres". En ocasiones basta con los pasos canadienses para impedir la salida del ganado. En otras ocasiones se combinan portelas y pasos canadienses

A nuestra izquierda dejamos el cortijo el Chaparral y salimos a la carretera de Burguillos por la que caminamos un trecho.

Cansados, sudorosos y ya con las reservas de agua casi agotadas, nos amparamos en una marquesina para retomar fuerzas. Estamos a sólo 25 minutos de nuestro destino.

Según lo previsto, a las 11.30 h entramos en Castilblanco los bretones, Josep y yo. Más atrás vienen Fernando y Joaquín. El monumento dedicado a Miguel de Cervantes, por haber incluido a Castilblanco en una de sus Novelas Ejemplares, "Las dos doncellas", nos anuncia que ya estamos en Castilblanco de los Arroyos. Seguimos la carretera contigua al parque hacia la gasolinera, donde guardan las llaves del albergue que esta noche nos dará alojamiento.

El albergue posee una terraza desde la que se observa una panorámica de Castilblanco. La etapa de hoy ha sido corta, pero mañana nos espera todo un calvario, porque eso es subir el alto del cerro del Calvario con temperaturas que alcanzan o superan los 40 ºC. Valoramos si prolongar los 19 km de hoy para acortar la etapa de mañana, finalmente desistimos: a estas horas el calor es agobiante y, sobre todo, en los 29 km que separaran Castilblanco de los Arroyos de Almadén de la Plata, no hay ningún pueblo intermedio.

Al albergue de Castilblanco llegará, también, el doctor alemán Karl Richard Fösel. Viaja con una mochila cuyo peso nos parece exagerado. Su destino es Salamanca, según nos dice con dificultad en la lengua de Cervantes. También se presenta José Manuel, de Madrid, el chico que en Guillena dormía cuando nosotros partimos. Su final de Camino es Mérida. El doctor Karl se retira a la terraza para curarse las ampollas. Utiliza el método del peregrino: pinchazo, exprimir para retirar todo el pus y betadine.

En una habitación con literas nos reunimos todos. Las dos alemanas, que llegarían más tarde, no se relacionan mucho, se acomodan en otra de las habitaciones.

   

Por la tarde, tras una siesta, recorro el pueblo. Hace calor y nadie camina por las calles. Los bares o restaurantes a los que me he acercado están cerrados, y cerradas están puertas y ventanas. La vida aquí tiene sus momentos en la madrugada y al atardecer, cuando el sol se bate en retirada. La brisa es un bufido caliente que incomoda hasta amparados en la sombra que proyectan las casas. No encuentro ningún restaurante abierto. Sin embargo, los bretones y Josep, regresan al albergue hablando de lo bien que han comido en "La Reina".

  

   

La tarde es larga y regreso a las calles de Castilblanco. Observo su arquitectura religiosa y civil. La iglesia del Divino Salvador, la Casa de la Hermandad de San Benito, el ayuntamiento...

... Me siento un rato en la plaza del pueblo, y después doy libertad a mis piernas que se van carretera adelante al final del pueblo, siguiendo el trazado que de madrugada nos alejará de esta localidad hacia Almadén de la Plata.

Desando el camino y regreso al albergue. En la misma calle, a la sombra del atardecer, juegan los vecinos y otros, más arriba, preparan otra mesa con su baraja.

Josep realiza sus ejercicios de yoga y, en ese tiempo tan personal, está ausente, aunque físicamente comparta el espacio en el que nos encontramos. Yo me abandono en el regazo de Morfeo durante un rato.

Mañana la etapa será larga, pero sobre todo, muy dura con la subida del Calvario. Josep opina que debemos evitar en lo posible las horas de más calor, así que convenimos en que lo mejor es levantarse a las 4.30 de la madrugada. Alain y Jean Paul también madrugarán.

Cayeron las sombras sobre Castilblanco de los Arroyos y buscamos alguno de los restaurantes donde cenar. José Manuel, Fernando, Joaquín y yo nos acomodamos en el exterior, en la terraza.

Antes, en una pequeña tienda, hemos comprado fruta y bebida para la larga jornada de mañana.

Castilblanco de los Arroyos-Almadén de la Plata