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Epílogo
19 septiembre 2007
4.30h, diana. 5.10h dejamos el hostal y nos
disponemos a salir de Zamora. Un termómetro marca 8.5ºC. Dejar la ciudad
es una tarea larga; el mundo urbano se extiende calle tras calle. La
Avenida de Galicia es la referencia principal para dirigirnos hacia la
carretera de Hiniesta, donde estaremos atentos a un desvío a la derecha,
tomando las pistas agrícolas para llegar a Roales de Pan. Pero ni nosotros,
que vamos a la zaga, ni Taka, algunas decenas de metros más allá, vemos
las flechas en una noche oscura.
Observo el esfuerzo de Josep para superar su
cojera, que hoy ha aumentado, y decido acompañarlo a su ritmo. Cuando
llevamos algunos kilómetros, trato de convencerle de que hay que
abandonar. Pero él insiste en llegar a Santiago, y yo aún insisto más en
que no puede seguir así. Es una lucha de palabras que dura más de veinte
minutos. "Santiago es un objetivo", le digo, "no una meta". Y alargo el
discurso "Habrá más oportunidades para hacer el Camino y lo hecho ya ha
merecido la pena: el reencuentro, la amistad de Cristian, de Taka..."
¡Al fin consigo convencerle!. Le digo que me adelanto, que voy a dar
alcance a Taka para despedirnos, pero Taka, que advirtió que seguimos
una ruta equivocada que nos lleva a Hiniesta, está sólo a unos metros de
nosotros.
Desandamos los kilómetros hechos y al llegar a la
flecha que hemos dejado atrás, y que señala el punto en el que
Taka se separará definitivamente de nosotros, nos fundimos en un abrazo.
No puedo evitar emocionarme. Taka, va desapareciendo comido por las
sombras y yo permanezco inmóvil, tratando de descubrir la luz de su
linterna que ya no puedo ver. "!Ánimo, Antón!", es la voz de Josep.
Sin más palabras emprendemos el regreso a Zamora-ciudad mientras me
imagino a Taka con su linterna procurando las flechas en una piedra,
en un árbol, en una cancela... Nos cruzamos con una peregrina, a la que
saludamos, y deseo verla en compañía de nuestro amigo hacia Roales de
Pan y quiero alegrarme, y quisiera ser esa peregrina...
Mientras nos dirigimos a la Estación de autobuses,
Josep me descubre la sorpresa que me reservaba: el encuentro con su
mujer Roser, a la que no he vuelto a ver desde que hicimos el Camino del
Norte. Ella haría las últimas etapas a Santiago con nosotros y
entraríamos juntos en la ciudad del Apóstol.
En la Estación de Autobuses me informan que hasta
las 15.25h no sale un coche con destino a Ourense. El tren aún saldrá
más tarde; a las 17.30, aproximadamente. Mejor suerte tiene Josep, pues
en la estación de trenes le dicen que puede coger, a las 8.40h, el tren
que se dirige a Valladolid, tiene un primer trasbordo en la capital del
Duero, y en Madrid otro con destino a Barcelona, y de aquí a Girona. A
penas tenemos unos minutos para despedirnos antes de que suba al tren. Y
repasamos los recuerdos, y nos animamos mutuamente. Le deseo una pronta
mejoría y le veo subir al tren...
En la consigna de la estación de autobuses dejo la
mochila y el bordón. Y me voy por las calles de Zamora,
recorriendo los mismos lugares por los que, ayer, paseamos Taka, Josep y
yo.
Observo, el discurrir del Duero y recuerdo a
Gerardo Diego en su "Romance del Duero"
Río
Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja:
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.
Indiferente o cobarde,
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.
Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.
Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.
Quién pudiera, como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso,
pero con distinta agua.
Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,
sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.
Desde las distancias de Galicia, me animan a
seguir el Camino, pero sería traicionar a Josep y sería traicionarme a
mí mismo. Ya no veo las aguas del Duero, ahora lo que veo son los
ciclistas, haciendo sonar el claxon en las pistas eternas de
Extremadura; las amplias dehesas, los campos dorados, el desfile de los
rebaños ...
Me llega la voz de Taka, contándonos que fue
operador informático antes de jubilarse, y que es violinista,
aficionado, en una orquesta. ¿Dónde estará Cristian ahora mismo?...
A ratos voy escribiendo recuerdos en el cuaderno
de viaje. Decido que es mejor dejar el Duero y los recuerdos, y volver a
la ciudad. Y descubro, en una de sus plazas, una carpa de
14 metros de ancho por 50 de largo, que presenta
una exposición sobre el Camino de Santiago con el título "Europa fue
camino. La peregrinación a Santiago en la Edad Media". y decido
visitarla. Los olores, los objetos, la música, el ambiente... es un
extraordinario viaje por este secular Camino de Peregrinación que
transporta al visitante a varias centurias en el tiempo.
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29 de septiembre de 2007. A Guarda (Pontevedra).
Llueve. Han pasado diez días desde que Josep subió al tren en Zamora,
pero hoy está en A Guarda, están en A Guarda, Josep y Roser.
Josep me entrega un fósil de su tierra. "Observa", me dice "tiene las
vieiras de Santiago" incrustadas. Será, pienso, el símbolo de esa
amistad duradera que nació allá en el Camino del Norte y que hoy, tres
años después, sigue tan fuerte y tan intensa como el primer día. A pesar
de haber pasado diez días desde que dejamos el Camino, Josep sigue
cojeando. Le llevo a un sanador local que le hace un emplasto que
le alivia...
16 de octubre de 2007. Veo a alguien que porta una
mochila y se dirige al puerto de A Guarda. Es inconfundible su
vestimenta. Aunque lo esperaba, supondría que llegaría en las últimas
horas de la tarde. También Cristian, Harald, se acercó hasta esta
punta, entre el Miño y el Atlántico.
Presumo de pueblo y visitamos los lugares más
singulares y hasta, por aquello de pisar otro país, cruzamos a Portugal
en el ferry...
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