El Camino de Santiago por la Vía de la Plata

  

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El Cubo de la Tierra del Vino-Zamora

18 septiembre 2007

31,4 km (7 horas)

Aunque nos levantamos a las 4'30 de la madrugada, demoramos la salida hasta las 5.30. La rodilla de Josep ha ido empeorando y su andar es más dificultoso. Él sigue convencido de que "mañana" mejorará, y yo terqueando, de que mañana, estará peor. Como va más lento, decide partir antes que nosotros "ya me daréis alcance en el Camino", dice abriendo la puerta del albergue. Hoy salimos abrigados.

Dada la situación de Josep, decidimos sustituir los senderos de la Vía de la Plata por el asfalto, y seguiremos hasta Zamora por la carretera N-630. Tememos que surjan posibles barreras, o dificultades orográficas que acrecienten los problemas de nuestro amigo. De modo que hoy son más de 30 kilómetros de asfalto y poca historia. Josep, nos anima a separarnos y que cada uno sigamos a Santiago según nuestras posibilidades, él ya llegará.

Taka, ya nos ha dicho que acortará las distancias y hará recorridos más cortos, y hoy será, posiblemente la última etapa que compartamos. A Josep le digo que hemos salido juntos de Sevilla, y llegaremos los dos a Santiago, o ninguno.

Como no seguimos el itinerario de la Vía de la Plata según señalan las guías del Camino, la carretera nos hace pasar por Morales del Vino, que a la altura de un Crucero ya observamos en el horizonte. Pero antes de entrar en esta población, a la altura del km 282, de la N-630, me detengo en la iglesia puesta bajo la advocación del Santo Cristo de Morales, donde ya está Taka descansando y a donde, quince minutos después, llegará Josep.

En algo similar a un monumento, en lo que correspondería al atrio de la iglesia, con el título "El Cristo de la Ermita", se lee el siguiente poema en versos pareados: "Pasajero ¡detente! Cristo te invita / Haz alto en el Camino y entra en la ermita. / Ahí está en la penumbra de su casona / con su Cruz, con sus clavos y su corona. / Tiene el pecho rasgado para guardarte / y los brazos abiertos para abrazarte. / Cuéntale las angustias de tu jornada / y esa espina que llevas siempre clavada. / Goza descansa libre de tus quebrantos / con los labios hundidos en los pies santos // Vuelve luego al camino viajero amigo / ¡El Cristo de Morales viaja contigo!". En una última línea, el autor del poema: F. Romero

Atendiendo a la invitación que nos hace el autor que firma el poema, pasamos al interior de la ermita, en cuyo retablo barroco, e iluminado por una luz que lo realza en la penumbra, está el cantado Cristo de Morales.

Esperamos la llegada de Josep. La temperatura se ha ido elevando, pero no es angustiosa. Sentados a la entrada de la ermita, nuestras sombras caen sobre las losas de granito que anteceden a la entrada. Veinte minutos después, cruzamos el puente romano sobre el río Duero, el otro de los grandes ríos de España, que da acceso a Zamora.

La ciudad ribereña se refleja sobre el cristal del Duero y Taka inmortaliza la imagen que se nos ofrece. Josep pregunta en una frutería por el albergue, y la dependienta le explica como llegar a la Residencia Juvenil Doña Urraca, donde no tendremos alojamiento porque está al completo. Optamos por ir a un hostal. Habitación triple, con baño incluido. Regateamos el primer precio que nos da: "mire que somos peregrinos. Háganos un pequeño arreglo". Y el hombre, sin insistir nos la deja por 45 euros "vamos que les sale a ustedes a 15".

En la habitación comentamos la etapa de mañana. Los 40 kilómetros, hasta Granja de Moreluela, pueden ser decisivos para la rodilla de Josep. Concluyo que me acomodaré a sus circunstancias. Taka ha decidido dividir el recorrido previsto en dos etapas, y se quedará en Montamarta, que dista poco más de 18 kilómetros de Zamora.

Sin embargo, en la Oficina de Turismo nos hablan de un albergue intermedio, antes de Moreluela. Correginos, entonces, nuestros planes. Nosotros acortaremos la distancia, y Taka la prolongará, de modo que, mañana, volveremos a compartir una nueva jornada.

  

  

  

    

 

   

 

 

Pasamos la tarde por las calles de Zamora, y visitamos algunos de sus monumentos. En nuestro recorrido, nos encontramos con uno de los italianos de Grimaldo. Josep aprovechará la casi soledad de un pequeño parque para hacer sus ejercicios de yoga, al aire libre.

Epílogo en Zamora