El Camino de Santiago por la Vía de la Plata

  

Portada   Sevilla-Guillena    Guillena-Castilblanco de los Arroyos   Castilblanco-Almadén de la Plata

Almadén de la Plata-Monesterio     Monesterio-Puebla de Sancho Pérez       Puebla de Sancho Pérez-Villafranca de los Barros       Villafranca de los Barros-Torremejía      Torremejía-Aljucén       Aljucén-Aldea del Cano     Aldea del Cano-Casar de Cáceres   Casar de Cáceres-Grimaldo     Grimaldo-Carcaboso    Carcaboso-Aldeanueva del Camino     Aldeanueva del Camino-Fuenterrobles de Salvatierra     Fuenterrobles de Salvatierra-San Pedro de Rozados     San Pedro de Rozados-Salamanca      Salamanca-El Cubo de la Tierra      El cubo de la Tierra-Zamora... Epílogo

 

Castilblanco de los Arroyos-Almadén de la Plata

3 septiembre 2007

29'5 km (8 horas)

 

4.30h, diana. A las 5 de la madrugada salimos del albergue de Castilblanco Jean Paul, Alain, Karl Richard, Josep y yo. El Camino coincide con la carretera SE-185, amplia ella, y por la que discurre una gran parte de nuestro recorrido, pero el tráfico es mínimo, a penas circulan vehículos. Mañana la luna entra en menguante, pero aún podemos aprovechar su luz y, salvo cuando se acerca uno de los pocos vehículos que utilizan esta vía, no es necesario hacer uso de las linternas.

Canta un gallo que no vemos, y cantan los grillos a la luna que se nos muere. Un búho escondido entre las ramas de algún árbol negro en la madrugada aún oscura, canta también.

La noche se desvanece en una tenue claridad que va ganando en luminosidad a medida que las manecillas del reloj completan sus giros.

En el Camino, con las primeras luces, cada uno avanza a su ritmo y en las paradas nos reencontramos. Josep, va delante, con muchos metros de ventaja. Los bretones y el doctor alemán, cierran el grupo.

Las plantas de nuestros pies se quejan tras muchos kilómetros caminando sin detenernos sobre el duro asfalto, buscando la entrada a El Berrocal.

 

 

Nuestra ruta deja a la izquierda las fincas "El Piquillo" y "El Tinajar", esta última propiedad de la sociedad Campo Amor, que cría ganado bravo y que fue fundada en el año 1910 por José Vega.

Y tres horas y media después, con 16 kilómetros ininterrumpidos de marcha, por fin, llegamos a la finca El Berrocal. Nos detenemos a su entrada para comer algo de lo que llevamos en las mochilas: frutas, chocolate, medio bocadillo que nos ha sobrado de ayer.

Algunos alcornoques están descortezados recientemente. Otros, con el tronco oscurecido, revelan que ya lo fueron años atrás.

Reanudamos la marcha, contemplando el paisaje de encinas y alcornoques a derecha y a izquierda. Saliendo de la finca, jaras. Descubrimos en las laderas, los venados que nos han visto antes y se alejan ágiles, monte arriba. Los seguimos con la mirada.

A nuestra izquierda, varias casas abandonadas, nos observan desde sus ruinas. Me pregunto de qué vivirían quienes las ocuparon antes de dejarlas.

Antes de iniciar la subida al Calvario, nos detenemos una vez más para reponer fuerzas. Hemos pasado entre eucaliptos y pinares, pero se me antoja que no son los mismos verdes que los que ofrecen esas especies en Galicia.

Con una temperatura ya muy alta, emprendemos la subida al cerro del Calvario, dura; muy dura con el calor que va, con la mochila a la espalda y los muchos kilómetros que ya llevamos hoy.

Una nueva parada, bajo la sombra de una encina, para reponer líquidos. En el tronco una flecha amarilla nos señala por dónde discurre la Vía de la Plata. La alta temperatura nos agota, pero lo peor de la subida al Calvario aún está por llegar.

Durante el ascenso nos vemos obligados a detenernos en más de una ocasión. entonces aprovechamos para otear los horizontes... y seguir otro tramo. Sorbo a sorbo, va disminuyendo el litro y medio de agua que llevamos, al menos es la cantidad que Josep y yo transportamos y que racionamos.

Cuando, por fin, alcanzamos el alto, nos desprendemos exhaustos de las mochilas y nos sentamos a la sombra de una encina. Luego disfrutamos de las vistas que nos ofrece el mirador del Calvario hacia los cuatro puntos cardinales, explicadas en los paneles informativos que preceden a los miradores. Allá abajo, Almadén de la Plata.

Otra vez con las mochilas a la espalda, dejamos el alto del cerro, pero aún nos acercaremos a la Cruz del Calvario desde donde se observa una preciosa panorámica de Almadén.

En Almadén de la Plata, que ya está a tiro de piedra, los romanos explotaron sus minas, los árabes la conquistaron y los Caballeros de la Orden de Santiago la devolvieron a los cristianos.

El descenso es abrupto, pero encantador pese a su dificultad. En algunos tramos nos ayudamos del bordón y es necesario no separar la vista del suelo para evitar un traspiés que nos puede acarrear consecuencias.

Tas el descenso, nos refrescamos en la primera fuente que encontramos. Es la una cuando llegamos a Almadén de la Plata. En el ayuntamiento nos sellan la credencial y nos informan de la situación del albergue.

Comemos en La Concha, establecimiento que nos recomendaron en el pueblo. Trato agradable y comida exquisita. Jean Paul, Alain, Josep y yo compartimos mesa. Los bretones harán Sevilla-Santiago, pero no se detendrán en la capital de Galicia y continuarán, en sentido contrario, por el Camino Francés, hasta San Jean de Pied de Port, casi 1.800 km.

Una llamada a Alain le comunica que ha fallecido su suegra. Su mujer le anima a continuar el Camino. En estos casos, uno no sabe qué decir, pero Alain rompe el hielo que se genera por unos instantes.

Cuando regresamos al albergue ya están las dos alemanas (Verstin y Anne Kelness). Más tarde, pasadas las cuatro, sudorosos y agotados, llegan los hermanos de Écija (Fernando y Joaquín) acompañando al doctor Karl que, dicen, han encontrado con dificultades subiendo el alto del Calvario, y como expresión más elocuente, aseguran que la ascensión "fue haciendo las estaciones". Un ciclista francés, Michel Trusch, que habla casi perfectamente el castellano, ha llega también al albergue de Almadén de la Plata, de modo que coincidimos hasta diez peregrinos en este final de jornada.

A la izquierda la Torre del Reloj del antiguo ayuntamiento de Almadén de la Planta (en el siglo XV fuel el hospital de los Ángeles; en el s. XVII fue una ermita, y en 1905 se le añadió la torre de estilo neomudéjar). A la derecha, la iglesia parroquial, del siglo XVI, con el edificio nuevo del ayuntamiento construido sobre los restos de un castillo árabe. Todas las torres de iglesias de las poblaciones por las que hemos ido pasando están coronadas con nidos de cigüeñas.

Como acostumbro, doy un paseo por el pueblo. La escultura más moderna es la que rinde "Homenaje al Rehalero". También me llaman la atención los artísticos respiraderos (no sé cómo llamarles) abiertos en algunas ventanas y la vieja y alta chimenea con su nido de cigüeña.

Como mañana volveremos a madrugar, y saldremos cuando la noche aún lo envuelva todo, decido conocer la senda que seguiremos. Una flecha en uno de los caminos me dirige hacia la Plaza de Toros de Almadén de la Plata, "El Coso",y aprovecho para degustar unos higos maduros que me ofrece una higuera próxima.

Desde la Plaza de Toros observo el Camino. A su izquierda, un amplio campo sembrado de paneles solares, que también se extiende al pie de la loma que se eleva suavemente a la derecha del camino. Al sur, está el cerro del Calvario y una panorámica de Almadén, con las torres de la iglesia y del Reloj compitiendo en altura, más cerca, una urbanización de casas clónicas.

De regreso al albergue, adquiero en el supermercado algunos productos para cenar y una bebida isotónica y algo de fruta para la jornada de mañana. Y hasta una tableta de chocolate, porque confieso que soy goloso.

Almadén de la Plata-Monesterio