El Camino de Santiago por la Vía de la Plata

/2007/   Portada   Sevilla-Guillena    Guillena-Castilblanco de los Arroyos   Castilblanco-Almadén de la Plata     Almadén de la Plata-Monesterio     Monesterio-Puebla de Sancho Pérez       Puebla de Sancho Pérez-Villafranca de los Barros       Villafranca de los Barros-Torremejía      Torremejía-Aljucén       Aljucén-Aldea del Cano     Aldea del Cano-Casar de Cáceres   Casar de Cáceres-Grimaldo     Grimaldo-Carcaboso    Carcaboso-Aldeanueva del Camino     Aldeanueva del Camino-Fuenterrobles de Salvatierra     Fuenterrobles de Salvatierra-San Pedro de Rozados     San Pedro de Rozados-Salamanca      Salamanca-El Cubo de la Tierra      El cubo de la Tierra-Zamora...   Epílogo  /2008/  Zamora a Santiago (didicatoria)    Zamora (Esperando)   Zamora-Riego del Camino    Riego del Camino-Tábara       Tábara-Calzadilla de Tera      Calzadilla de Tera-Mombuey      Mombuey-Puebla de Sanabria         Puebla de Sanabria-Lubián        Lubián-A Gudiña      A Gudiña-Laza    Laza-Xunqueira de Ambía       Xunqueira de Ambía-Ourense       Ourense-Oseira      Oseira-A Laxe     A Laxe-Vedra    Vedra-Santiago      Epílogo

 

Tábara-Calzadilla de Tera

16 septiembre 2008

33,6 km (11horas)

Si ayer nos demoramos 15 minutos, hoy el ajetreo se inicia a las 6.15 de la mañana. Hace un rato que estoy despierto. Duermen aún los ciclistas cuando los de 'a pie' dejamos las camas. Nunca encendemos las luces para no molestar a los que duermen, pero hoy alguien ha roto esta norma. Aún así los que duermen no se quejan. Los alemanes, que siempre portan su despensa, demoran la salida para desayunar. Nos acercamos al comedor donde se reúnen y nos despedimos, seguros de que en unas horas nos volveremos a encontrar.

Hoy no hacemos el camino Josep y yo únicamente. Nos acompañan Adrián y Encarni. Hoy, sin saberlo, se encederán otras dos estrellas en el cielo interior del Camino de Santiago.

Caminamos horadando la noche con la luz que sale de nuestras linternas buscando las flechas que lo mismo se dibujan en los árboles, en una piedra del camino, en una acequia o en un monolito. Encarni, parece que tiene alguna molestia y Josep, que posee un montón de recursos mentales (aunque yo soy escéptico a gran parte de ellos "tú no crees en esto, Antón?", me preguntó en una ocasión. Y yo sonreí, y él que es un buenazo, sólo dijo "pues hay algo, Antón, hay algo..."), y también físicos, le coloca una cinta flexible por debajo de la rodilla, a lo Nadal, vamos, o como explicaría el bombero, son remedios muy antiguos. Josep, camina todos los días con estas cintas colocadas de igual manera, por debajo de las rodillas. Josep es un hombre extraordinario, de profundas creencias, politeísta. Admiro esa fe que tiene en la vida y ese mundo interior al que se retira cada tarde durante un tiempo. Muchas veces, mientras camino en los largos silencios que hacemos por los senderos que recorremos, y lo veo muchos metros por delante, pienso en la suerte que he tenido haberlo conocido. Josep nos enseñó a 'vivir' la salida del sol y a dar gracias porque la vida nos concede una nueva oportunidad con cada amanecer.

Nuestros pasos andan las pistas ocres, eternamente largas, donde el sol, cuando está ya en lo más alto, nos castiga un día más. En estos itinerarios sólo nos adelantan los ciclistas, como José Luis, que ya nos ha dado alcance al subir un repecho y se pierde, poco a poco en la distancia que aún tenemos que recorrer.

De modo espontáneo, Adrián y Encarni, Josep y yo nos hemos emparejado. Adrián, suele caminar con Josep, que avanzan más rápidos; Encarni y yo (a mí me gusta disfrutar más del entorno, disparar la cámara, beber de esta atmósfera, y sentarme cuando me place), vamos en la retaguardia. Hacia Bercianos de Valverde van alternando las veredas que nos proporcionan agradecidas sombras que mendigamos sin rubor, y senderos que nos niegan el cobijo deseado, porque están huérfanos de esas mismas sombras. Las pacas cilíndricas, secas ellas, se dispersan por los campos que amarillean, contrastando con los verdes maizales que se yerguen altivos sobre los campos segados. Al fondo, asoman las primeras casas de Bercianos de Valverde.

En esta población buscaremos un lugar donde desayunar. Cuando entramos en Bercianos, llegan también los extremeños Miguel, José y Miguel, los tres peregrinos que en el albergue de Riego del Camino, por causas que no merece la pena nombrar, buscaron acomodo en el exterior. Nosotros, los extremeños y, poco después, el grupo de alemanes, nos reunimos en el único bar de Bercianos de Valverde que parece que hay, y aunque está cerrado algún vecino nos indica que llamemos a la puerta. Nos atiende una señora de edad. Terminado casi el verano, el bar dormita por falta de clientes. Y la buena señora, que tiene la cafetera apagada, nos hace un café con leche, de los de casa. En unos minutos, el pequeño local cuenta con un inesperado grupo de trece clientes.

Aquel café con leche familiar, servido con timidez por la buena mujer, y en taza grande, está tan bueno que hay quien repite. Repuestas las fuerzas, Adrián, Encarni, Josep y yo, reanudamos la marcha para recorrer los seis kilómetros y medio que nos separan de Santa Croya de Tera.

Josep se muestra eufórico y optimista. El paisaje va cambiando y, lentamente, alternan otros cultivos que rompen la monotonía de los cereales. Las choperas, crean un bosque que, seguramente en los meses de julio, agosto y primeros días de septiembre, acoge a los peregrinos que pasan por estos pagos agradecidos por las sombras que prodigan.

En nuestro camino a Santa Croya dejamos a un lado una especie de cabaña, dotada de una rústica mesa y asientos de troncos aserrados, quizás utilizada como descanso de los lugareños. Y cuando estamos apenas a cinco minutos de Santa Croya, volvemos a ver una de esas construcciones embutidas en la tierra...

Una acequia justifica la presencia de los maizales cerca de Santa Croya de Tera...

y un hito nos anuncian la llegada a esta población de la que ya vemos sus tejados.

Tras pasar una conducción de regadío, por fin, entramos en Santa Croya...

...aunque aquí no nos detenemos, excepto una breve parada que hacen Adrián y Josep para acudir a una farmacia y reponer el botiquín.

El río Tera da nombre a las poblaciones que recorre: Santa Croya de Tera, Santa Marta de Tera, Calzadilla de Tera, Olleros de Tera...

En Santa Marta de Tera, a poco más de ocho kilómetros de Bercianos de Valverde, donde desayunamos, decidimos hacer una nueva parada y aprovechamos para visitar lo que queda del que fuera monasterio de Santa Marta de Tera, con notables ejemplos arquitectónicos y escultóricos románicos y la curiosa entrada al cementerio parroquial. Columnas con capiteles historiados, y un Santiago peregrino de los más antiguos del Camino, pues data del siglo XII.

Rodeamos el ábside de la iglesia y observamos con detenimiento su oferta románica. La iglesia está en obras, y, como ocurre en tantas otras, sus puertas cerradas. Aún así, lo que ofrece exteriormente es de agradecer.

 

Encarni dejando huellas en el Camino y en el corazón, cuando nos dirigimos a Calzadilla de Tera. Hay momentos muy especiales en la vida en que esta nos da la oportunidad de descubrir la persona que llevamos dentro y entonces uno está en condiciones de decir que sí, que ha merecido la pena hacer el Camino, porque la meta, no está en Santiago, sino en el corazón de los otros... 

Pasa callado el Tera y descansan a la sombra de las encinas los peregrinos. ¡Ay, quién fuese poeta para cantarle al río, para cantarle al agua y a la encina que acoge al peregrino!

Si en otras ocasiones nos hemos referido a las distintas señales que van guiando a los peregrinos que van a Santiago, también hemos de hacer referencia a las huellas que se dibujan en el camino y que, muchas veces, desvelan la dirección a seguir, sobre todo cuando, como ocurre otra vez con la señalización del mojón y la flecha amarilla, siembran la duda en los peregrinos sobre cuál es la dirección correcta que se debe seguir.

Calzadilla de Tera. El punto y seguido de nuestra jornada. Los últimos kilómetros hasta alcanzar el albergue fueron, emocionalmente, muy intensos. Todavía hoy, trascurrido algún tiempo desde ese día, no puedo evitar emocionarme cuando recuerdo esos últimos cuatro o cinco kilómetros caminados, porque hay vivencias que no se pueden explicar, sentimientos sin palabras que los describan, y caminos que se abren al andar...

Miguel, que es enfermero, cura los pies doloridos de José...

 

...y también los de Adrián donde se han instalado las ampollas. Miguel, el enfermero, las pincha e inyecta betadine donde antes había pus, y Adrián contiene la queja que busca salir de su garganta y se abandona sobre la cama. A mí nunca me ha gustado inyectarme betadine, prefiero el otro método totalmente indoloro y eficaz: pinchar la ampolla; exprimirla una y otra vez hasta que se elimina totalmente el líquido interior, y cuando eso ocurre, aún después de que ya no hay nada que expulsar, sigo masajeando la parte dolorida un buen rato. Finalmente, extiendo un poco de betadine exteriormente y termino cubriendo la herida con una tirita. A la mañana siguiente puedo pisar, saltar y hasta 'molestar' la zona que ocupaba la ampolla, porque los dolores han desaparecido.

Encarni, que ha hecho un esfuerzo superior, se abandona sobre una de las camas del albergue y piensa... y, después, recibe también los auxilios de Miguel. En el Camino nadie es un extraño; aunque, claro, también hay excepciones. Se comparte lo que se tiene, y se ayuda en lo que se puede.

  

Mi cuaderno de notas se merece una referencia en esta historia, porque él es la memoria del Camino; el confidente de un peregrino desorientado; a veces, también, el consejero en momentos contradictorios... Antes de que la tarde decline, regreso a las calles de Calzadilla de Tera para conocer sus construcciones tradicionales...

...y sus edificios principales. De camino converso con unas vecinas del pueblo que, en la despedida, me piden que abrace al Apóstol

En un restaurante de Calzada de Tera, contiguo a Calzadilla de Tera, nos reunimos los siete peregrinos que hoy nos encontramos en el albergue: José, Miguel, el enfermero; el joven Miguel, Encarni, Adrián, Josep, y yo. A estas alturas de septiembre, por la Vía de la Plata, el número de peregrinos es muy escaso; aún así, comparado con el año 2005, se ve que esta alternativa la eligen, poco a poco, cada vez más peregrinos.

Calzadilla de Tera-Mombuey