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Aljucén-Aldea del Cano
9 septiembre 2007
35,2 km (8 horas
35 minutos)
Hoy salimos de Aljucén cuatro
peregrinos. Taka, Cristian, Josep y yo. Son las 5 de la madrugada, y
hace media hora que nos hemos levantado.
A penas hemos salido, nos parece
que Taka va hablando solo. Disimuladamente nos
giramos y descubrimos que va describiendo la salida de Aljucén y su voz
queda grabada en lo que suponemos que es un mp3, o una de estas
maquinitas modernas.
Durante dos horas y media, las
linternas se hacen imprescindibles. Aunque los cuatro las llevamos,
Taka, la utiliza muy poco. Cantan cerca los grillos, y un cárabo también
anuncia su presencia.
Pasamos el puente sobre el río Aljucén, alcanzamos
la gasolinera, pero ya hemos dejado atrás las flechas. Es que la noche
suele ser traicionera. Nos percatamos de que el Camino se desvía, a
nuestra derecha, pero antes de la estación de servicio. No tardamos en
dar con la senda de tierra descubriendo las flechas.
Entramos en el parque natural del Cornalbo. Un
zorro cruza frente a nosotros y asomándonos a una pared vemos, ya al
otro lado, sus ojos brillantes cuando dirigimos las linternas hacia él.
Abrimos una cancela y bastante más allá, otra que es la salida.
Caminamos por el sendero del Cordel del Gato. Como todavía es noche no
apreciamos el paisaje, pero nos parece ver unas cabras.
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En esta etapa cruzamos el límite provincial que
separa Badajoz y Cáceres. La Vía de la Plata, en su
alternativa por Ourense, pasa por siete provincias: Sevilla, Badajoz,
Cáceres, Salamanca, Zamora, Ourense y A Coruña.
Hoy, por vez primera,
el Sol fue nuestro aliado y nos dio una tregua. O quizás las aliadas son las
nubes, que se han interpuesto entre el cielo y la tierra. La temperatura
es la más idónea para caminar.
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A medida que pasan las horas,
vamos ganando confianza entre nosotros. "¿Sabes Taka?: En España tenemos
una canción que dice: (y tarareo lo que sé, y quizás de un modo fatal
aquella canción del grupo Paco Paco) taka takata...". Y nuestro amigo japonés, ríe
y, de pronto, nos descubre sus dotes de cantante... en español: "Bésame,
bésame mucho....". Y canta completo el bolero de Consuelo Vázquez, con
su peculiar acento y la dificultad para pronunciar la "r" múltiple.
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A nuestra izquierda solitaria, dejamos la Cruz de
San Juan, que otros llaman del
Niño Muerto, y tras media hora de camino, pasamos por uno de los hitos
que señalan el itinerario. Cristian comprueba el trazado. Lo que hoy
conocemos por Vía de la Plata -se explica en el hito- se originó
en la Prehistoria y fue definida en época Romana. Este Camino, obra
cumbre de la arquitectura civil de la época, ha sostenido a caminantes,
animales, nobles y peregrinos durante siglos. Hoy, en algunos tramos se
puede aún apreciar su trazado. Extremadura está atravesada de Sur a
Norte por esta Vía que fue el eje de la vida cultural, económica y
social de la zona hace 2.000 años.
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Unos perros se "enfrentan", desde el otro lado de
la verja, a quienes pasan. Como nuestro destino es Aldea del Cano, no
entramos en Alcuéscar; la rodeamos y descendemos para tomar la
carretera de Montánchez. La población más próxima es Casas de don
Antonio. Dicen las guías que hasta Casas de Don Antonio la señalización
es deficiente. Sea por ello, o porque no las hemos visto, dudamos si la
carreta y senderos que seguimos nos acercaran al pueblo. Así que preguntamos a
un señor que riega su jardín. Lo llamamos repetidamente con un silbido.
Él, oye el silbido, pero no nos ve. Por fin, conseguimos su atención:
"Están ustedes en la buena dirección. Sigan la carretera y ya verán, a
la derecha, las flechas".
De derecha e izquierda, cruza una acequia
cortada por la senda.
Quince minutos después de cruzarla nos detenemos en el puente romano, a
la entrada de Casas de Don Antonio.
El puente, de base romana, permite
vadear el arroyo de
Santiago, a la entrada de Casas de Don Antonio, pero no entramos en el
pueblo.
En una finca,
próxima al puente, trabaja Santiago. Se queja de que algunos jóvenes le
estropean la fruta. "Si al menos la comieran", dice con resignación. Josep
observa los tomates que crecen y Taka ojea el itinerario que aún
resta hasta Aldea del Cano.
Santiago nos dice que pasemos a
la finca porque no encontraremos, en el pueblo, ningún bar abierto.
Pasamos, pues, y desayunamos higos. Los hay "tintos" y
"verdes", pero todos maduros, dulzones, apetitosos. Y comemos hasta
saciarnos de aquellas higueras colmadas.
"Sopa de tomate e higos" es uno
de los desayunos típicos de Casas de Don Antonio. Santiago nos ilustra
sobre algunas comidas tradicionales. De fácil conversación, y rebosante
de amabilidad, durante media hora conversamos con este vecino adoptivo
de esta localidad. Pero el tiempo apremia y debemos despedirnos.
Antes deseamos llevarnos una foto-recuerdo de Santiago. Siguiendo la carretera, nos explica
antes de irnos, encontraremos una fuente en la que
apagar la sed y refrescarnos.
Acomodamos las mochilas a las
espaldas, y con un apretón de manos, reiniciamos el Camino para
detenernos ante la fuente, donde también se levantó un monumento al
aceite.
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Allí está Gabriel Pizarro, con herramientas
propias de un cantero, que eso debe de ser -cantero y escultor- este hombre
autor de la fuente nueva. "Beban ustedes, refrésquense o báñense, que la
fuente se ha hecho para los peregrinos. Para los peregrinos y, vamos,
también para los del pueblo", y añade, como para darnos confianza, "es
agua potable, de la traída" y bebe él primero, para ratificar sus
palabras; sin embargo nos advierte que no tomemos agua de la fuente, al
otro lado de la carretera (ya un cartel informa también), porque esa no
es potable. Gabriel, que no abandona
el cincel y el martillo, nos explica su obra, cuyos últimos retoques,
para dejarla totalmente acabada, tal y como la concibe, los está
dando hoy, pese a que es domingo. |
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Hasta llegar a Aldea del Cano, a donde nos
dirigimos, población que queda separada de la ruta 500 metros, tendremos
la oportunidad de ver miliarios, como este miliario-correo, y más puentes
romanos, algunos modificados a lo largo de los 2.000 años que pasaron
desde su construcción. No olvidemos que la Vía de la Plata fue el
itinerario romano que unía el sur de Hispania con el norte peninsular, y
es en esta ruta donde las huellas de Roma se hacen particularmente
visibles. Cada ruta del Camino de Santiago ofrece unos valores
culturales diferentes, pero complementarios. Tres ejemplos pueden bastar
para darnos una idea: el Prerrománico, con ejemplos extraordinarios en
el Camino del Note, sobre todo, en Asturias; el Románico, en el Camino Francés, y el antes
mencionado mundo romano, en la Vía de la Plata.
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En esta llanuras, las torres de las iglesias nos
anticipan, muchas veces, la proximidad del pueblo. Nos desviamos medio
kilómetro de la Vía de la Plata para entrar en Aldea del Cano,
que está a nuestra derecha.
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Aldea del Cano ofrece un acogedor albergue
a los peregrinos. Las llaves las pedimos en el único
restaurante que está abierto, a pocos metros de él, y donde, a nuestra
llegada, hay un importante movimiento de clientes. El albergue es amplio; con dos literas en otras tantas habitaciones, y dos camas por
litera. Hay una cocina, pero las posibles tiendas están cerradas, de
modo que no podemos utilizarla. |
Nuestro paseo por el pueblo nos lleva a contemplar
algunas referencias de esta localidad. En la plaza principal, donde se
levanta la iglesia de San Miguel, los restos monumentalizados de
una impresionante encina reclaman poderosamente nuestra atención.
Es hora de comer, de saborear un helado y hasta de
sestear donde se tercie. Pero la auténtica siesta se hace en el silencio
del albergue, que como en otros, abundan las moscas, a las que ya nos
hemos acostumbrado, aunque siguen siendo igual de molestas.
Y tras la siesta, como en cada pueblo, me dejo
llevar por sus calles. Y a veces se hace necesario preguntar para
regresar porque uno, metido entre calles y más atento a lo que ve que
por dónde va, se desorienta. Una ventana gótica, caprichosas
chimeneas sobre un tejado, la casa del cura, con una
impactante puerta de aluminio... van reclamando mi atención.
Y como final de la jornada, cada uno memorizamos
en el cuaderno de ruta lo que fue este día. Ordenamos los apuntes
que hemos ido tomando por el Camino. Taka escucha la grabación que ha
hecho en distintos momentos del día. La ayuda de las guías contribuye
también a situarnos, y las fotografías que hemos tomado, también
ilustran algunos momentos que se nos olvidan.
Son cerca de las ocho de la tarde cuando llegan
José Sánchez y Agustín, su hijo, extremeños, aunque residen en Madrid,
que se han marcado como meta Carcaboso, de donde es natural José. Nos
dicen que salieron de Alcuéscar y que eran tres peregrinos haciendo el
camino. A su compañero le dio, cuenta el padre, el mal de gota, lo
acompañaron hasta que unos familiares se hicieron cargo de él.
Aldea del Cano-Casar de Cáceres |