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Aldeanueva del Camino-Fuenterrobles de Salvatierra
14 septiembre 2007
41,9 km (12
horas 30 minutos)
La verdad que madrugar no supone ningún esfuerzo
cuando ya estás mentalizado a hacerlo de modo que, un día más, suena el
despertador a las 4.30 de la madrugada y media hora después, salimos del
Aldeanueva del Camino envueltos en el silencio de la noche dispuestos a
consumir los casi 42 kilómetros de esta jornada. Salimos por la Garganta
Buitrera, cruzando por el pequeño puente que la atraviesa. El paisaje, a
estas horas, es negro y entre tanta negrura, están ausentes los árboles
y los campos. Las linternas, al menos la mía, ya ha reducido su
"distancia" de luz, pero cumple todavía perfectamente su función, de
modo que no tengo pensado deshacerme de las pilas para sustituirlas por
las recargables. Pasamos una rotonda y después otra, y seguimos la
carretera N-630 que nos lleva a Baños de Montemayor.
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Hasta la primera parada, en Baños de Montemayor,
hay algo más de nueve kilómetros. Buscamos una de sus farolas y bajo su
luz, Cristian consulta la guía para determinar por dónde
continuar. Aprovechando esa parada, desayunamos. Frutas, galletas,
yogur... cada uno de lo que decidió adquirir la tarde anterior. Una
pequeña ermita, dedicada al Cristo de la Misericordia, queda al
otro lado de la carretera. Un cruceiro destaca en el atrio.
Cuelo la mirada por una de las pequeñas ventanas
de la fachada y, presidiendo el altar, veo al Cristo en la
callada estancia.
Baños de Montemayor tiene, a mí me lo parece,
aires de urbe. Al menos a uno y a otro lado de la calle que seguimos se
levantan varios hoteles y, también, un balneario, pero a estas tempranas
horas, la ciudad duerme y nosotros seguimos ascendiendo por el tramo que
se conserva de la calzada romana del itinerario que unía Mérida
con Astorga, y que fue utilizada también como camino de trashumancia y
de peregrinación desde la la Edad Media. En su nombre, Baños de
Montemayor ya lleva implícita la herencia de Roma como terma
hispanorromana donde la mejor posición económica de los ciudadanos les
permitía acudir a los baños de aguas sulfurosas a 50 grados centígrados.
Volviendo la vista atrás, desde la Calzada, hay
una panorámica de Baños, pero a esta tempranas horas la
bruma impide disfrutar de los mejores colores de aquel paisaje, aun así,
observamos las distancias pintadas de azules y verdes, y un pueblecito
dibujado allá abajo.
Y a punto de regresar a la N-630, volvemos a
detenernos al lado de una fuente que, en una placa, recuerda al
ICONA, el Instituto de Conservación de la Naturaleza que la auspició.
Bebemos. El agua vierte fría. Advertimos el descenso de temperatura;
estamos a más de setecientos metros de altitud y en menos de tres
kilómetros llegaremos, en el Puerto de Béjar, a los 900 metros, de modo
que sacamos de las mochilas una prenda que nos abrigue.
La restaurada calzada romana desemboca en la ya
más que mencionada N-630, por la que transitamos aproximadamente
quinientos metros y en cuyos laterales un panel nos sitúa: a
nuestras espaldas, la provincia de Cáceres, que acabamos de dejar, en
frente, entramos en la provincia de Salamanca, ya en la comunidad de
Castilla y León. Otra provincia, pero también otros paisajes, la
entresierra, más verde, con bosques de robles y castaños, fresnos y
encinas.
Tras un débil cercado, unos imponentes toros nos
ignoran. "Los astados, negros, zaínos y bragados...", me parecer escuchar
la característica voz de Matías Prats, padre, cuando hace ya algunos
años, TVE retransmitía las corridas de toros desde las Ventas o la
Maestranza. Disparo una foto, y me largo para no incordiar.
Seguimos en el descenso del Puerto de
Béjar por una senda de murallas verdes. Cristian, de vez
en cuando se detiene y prueba las moras que, ahora mismo, están ya
apetitosas.
"El paisaje es
extraordinariamente hermoso y el camino se convierte en una senda
agradecida. La vista se recrea. Los soutos -bosques de castaños-
y las fragas -bosques de carballo-, han sustituido a las
dehesas. Hace calor, pero ya no es el calor andaluz o extremeño",
escribo.
La Comunidad castellano-leonesa ha marcado el
camino con simbología distinta a la de Extremadura. Mientras
caminamos, observamos el entorno. A la derecha, en lo alto, vemos un
viaducto, y en la misma senda, la reproducción de un miliario
que recuerda que aquí estuvo el CXXXII. En la parte superior los
peregrinos han dejado algunas piedras en un rito que se repite en todos
los caminos que llevan a Santiago.
La senda nos acerca al río Cuerpo de Hombre,
que vadearemos por el puente de origen romano de la Malena.
Volvemos a detenernos en un paisaje que nos tienta y que, también, nos habla de historias de Trajano y Caracalla. Taka realiza
ejercicios frente a uno de los miliarios que hay en este lugar. Josep,
también hace estiramientos y Cristian aprovecha para reanudar la
curas.
Antes de partir, descarmos líquidos. Camino de la Calzada de Béjar, seguiremos
disfrutando de estampas tan hermosas como la que protagonizan Josep y
el caballo.
El Camino vuelve ascender hasta Calzada de Béjar,
y tanto paisaje convierte la Vía de la Plata en un placer.
En Calzada de Béjar visitamos el albergue, que es
nuevo y acogedor. Quienes lo regentan nos invitan a visitarlo. Mientras,
Goisane también ha alcanzado este pueblo que mantiene vivos sus
encantos etnográficos: balcones de madera adornados de geranios; vigas
al exterior sobre columnas pétreas; y sus gentes de tertulia a la
puerta de las casas.
Visitamos la iglesia de la Asunción. El
párroco nos recibe y nos sella la credencial. Como el tampón parece
seco, lanza dos escupitajos a la almohadilla y extiende la saliva con
ayuda del sello. Taka y Cristian, este con los ojos muy abiertos, me
miran sorprendidos y yo sonrío, haciendo un guiño a Josep, que también
dibuja una sonrisa.
En el la pared derecha del presbiterio hay una
fotografía de dos religiosos. El Padre nos explica que fueron asesinados
en la Guerra Civil y que serán declarados santos. Nos identifica a los
dos beatos como Julián, de Salamanca, y Antonio, de
Calzada de Béjar, bautizado en esta misma iglesia de la Asunción, nos
dice indicándonos la pila bautismal.
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La que debe de ser la calle principal cruza
este pequeño pueblo a más de 700 metros de altitud. En la
salida, una fuente, que dicen del Peregrino, ofrece agua fresca
a los caminantes. Bebemos y una joven nos saluda. Un ciclista de
los alrededores se detiene y platica con los cuatro caminantes.
La belleza y variedad del paisaje nos ha deparado muchas
imágenes que congelamos en la tarjeta de la cámara de fotos. La
sierra, más miliarios, cruces, longitudinales senderos
flanqueados de encinas, y hasta otra vez las dehesas. Señales
diversas indicando el sentido del Camino de Santiago... En
Valdelacasa nos detenemos a comer. |
Frente a la iglesia de Santiago, en
Valdelacasa, un cruz preside el atrio. Necesitamos descansar los pies,
enrojecidos por los muchos kilómetros que llevan hoy, así que, mientras
comemos unas tortillas, les damos libertad.
A 7,9 km está Fuenterrobles. Descansados, y el
hambre aplacada, recuperamos las mochilas y hacemos frente al último
tramo.
En Fuenterrobles de Salvatierra nos recibe
Rogelio, colaborador del Padre Blas, una institución en el Camino de
Santiago que no hemos podido saludar por hallarse en un Congreso. Antes
que nosotros al albergue han llegado algunos peregrinos extranjeros y la
vasca Goisane.
Fuenterrobles tiene unos 250 habitantes, una
iglesia gótica, con retablo de Churriguera, bajo la advocación de
Santa María la Blanca, y la hospitalidad de un
albergue donde es bien recibido el peregrino. En el cielo abundan los
nubarrones, así que apuro mi visita a la iglesia de Santa María la
Blanca. Una peregrina me adelanta, en deficiente castellano, dice que las
puertas están cerradas. Comparto unos minutos con ella viendo la belleza de la
portada. Sonreímos. Ella regresa al albergue y yo rodeo el templo
reconociendo sus fachadas.
Avanza la tarde y vuelve la tormenta. Por la
puerta entreabierta, entra el aire frío, y la cerramos. En la cocina,
al otro lado del patio, Taka prepara la cena a base de pastas. Josep, buscó refugio en algún
lugar, y medita. Cristian, duerme y duermen también otros peregrinos. Yo
me acomodo en una de las literas y pienso.
Taka ha preparado la mesa. Cuatro platos y nos
invita. El último en sentarse es Josep. Es un momento para conocernos un
poco mejor. Taka, que tiene 59 años, se ha jubilado hace cuatro. Está
soltero y hace un gesto como de alas en movimiento para indicar que es
libre. El próximo año, en junio, recorrerá el Camino Portugués
desde Lagos. Ha hecho ya varias rutas, y ha viajado, también, por la
India. Se ve en él a un experimentado viajero.
Cristian está separado y tiene una hija de 17
años. Profesor de Historia, en enero viajará a Israel donde participará
en unas excavaciones arqueológicas. Y Josep, les explica que es bombero en
Cataluña, casado y con dos hijas... Yo, soy profesor, les cuento, y
Cristian ríe por la coincidencia. Nos visita Rogelio que nos pide que
dejemos todo bien organizado cuando acabemos de cenar. Se ve que siempre
hay alguien que no lo hace. Las sombras parecen llegar hoy antes.
Es posible por el cielo gris que se ha indo instalando sobre Fuenterrobles de Salvatierra, pero sin duda la velada tan familiar que
hemos compartido, ha hecho que la tarde fuese más breve.
Fuenterrobles
de Salvatierra-San Pedro de Rozados |