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Raúl González Puebla, ex alcalde de A Guarda

 

Raúl González Puebla, primer alcalde democrático de A Guarda ve la política como un espectador

Raúl González Puebla fue el primer alcalde de la Democracia en A Guarda. El 19 de abril de 1979, bajo las siglas de Agrupación Independiente Guardesa, presidió una Corporación de 13 miembros (cuatro años después se presentaría con las siglas de Alianza Popular). Hoy, a sus 77 años, con ocho de alcalde , seis como corporativo antes de la democracia, y otros cuatro como concejal en la época de la primera alcaldesa de la comarca, Purificación Álvarez Álvarez, dice ver la política como un espectador, y retirado de la vida política activa. Dedicado a viajar, el 19 de abril emprenderá viaje e Siria y en junio visitará Rusia, Raúl González Puebla fue objeto ayer, con los doce corporativos primeros de la etapa democrática, de un caluroso homenaje durante el cual se leyó una declaración institucional. El día 19 de abril tendrá lugar, en el Centro Cultural, un reconocimiento a cuantos corporativos lo fueron del ayuntamiento de A Guarda en estos 30 años de democracia.

 

¿Cómo recuerda Raúl González Puebla aquella etapa de los comienzos de la Democracia en los ayuntamientos?

            Fue una época de mucha nostalgia, sobre todo en el plano sentimental, porque empezamos con ‘nada’. En aquellos momentos los ayuntamientos no tenían recursos, y muchas cosas de las que se hicieron fue adelantando nosotros el dinero particular. Pensemos que en aquellos años no disponíamos de terrenos para servicios, no había alcantarillado. Los alcaldes tampoco teníamos nómina, y teníamos que compaginar nuestro trabajo con la dedicación municipal. Creo que hicimos una labor importante de cosas que no se ven pero que están ahí: la perforación de las calles para dotarlas de redes de saneamiento y abastecimiento… pero claro, entonces éramos jóvenes.

 

O sea que entre las muchas dificultades primaba la económica…

            Sí, la económica, a pesar de que contamos con mucha ayuda por parte de los vecinos que cooperaron en esas obras, incluso aportando medios como palas y camiones de formal totalmente altruista, y esto hay que decirlo porque fue una ayuda muy grande.

 

Quiere usted decir también que las realizaciones de entonces eran obras que no ‘vendían’, políticamente hablando, porque no se veían.

            Exactamente. Hoy se puede ver un instituto, unas escuelas, pero si supiera mucha gente lo que costó comprar esos terrenos… porque había que andar acelerados en la compra ya que, demorarse un día, podía suponer que los propietarios no nos vendiesen a día siguiente all haber otro comprador que ofreciese más que lo que estábamos dispuestos a pagar, eso significó que tuviésemos, en ocasiones, que adelantar nosotros los dineros para cerrar la operación, y llegamos Raimundo, a aportar un millón de pesetas, y yo otro millón. Había otras dificultades en A Sangriña para adquirir terrenos: por ejemplo que ochenta propietarios se hallaban en el extranjero, sobre todo en Suiza,  Alemania y algunos en Brasil.

 

De su etapa de alcalde, ¿qué destacaría?

            No sabría muy bien qué responder. Muchas cosas se hacían sobre la marcha, y cuando nos presentamos no llevábamos, digamos, un plan; había tanto que hacer que si hicieses un guión resultaría interminable.

            Las infraestructuras era lo que más necesitábamos, la apertura de calles, me preocupó mucho. Tuvimos problemas para la apertura de Os Bechos, un camino muy estrecho que entonces había, constreñido por dos fincas, una de ellas de nuestra propiedad de la que, finalmente, decidimos ceder mil metros para poder ampliar ese vial tan importante para comunicarse con Salcidos.

            Otro vial fue la ampliación de la calle llamada entonces José Antonio, que se llevó por delante el surtidor de gasolina que teníamos.

            Aunque pudo haber algunas tiranteces con algunos vecinos, con otros las actuaciones se llevaron cordialmente, y la Corporación yo creo que dimos ejemplo de magnanimidad en ese aspecto.

 

¿Qué le impulsó a Raúl dedicarse a la vida política?

            La verdad que nada. Es eso de hablar entre amigos: ‘oye y si hiciéramos algo’. La política en aquellos tiempos ya sabes cómo era, alcaldes y corporaciones que estaban por compromiso y no se hacía nada de nada, pero no porque hubiese dejadez o desinterés, no. Es que había que ganarse la vida y no había tiempo para hacer otras cosas, pero también había que estar pendientes de lo que aportaban otras instituciones. Pero esto último también ocurre hoy: los ayuntamientos están cargados de cosas, hay competencias que pertenecen a otras instituciones y las tiene que asumir el ayuntamiento.

 

¿Hay alguna actuación que quiso usted realizar, un sueño que no fue posible?

            Sí. Tuvimos la ilusión de hacer una carretera circunvalando el monte, partiendo del Campo de Chans y la iniciamos incluso, pero resultaba un proyecto caro que no pudimos asumir.

 

El que nunca hace nada, nunca cometerá tampoco errores. ¿Hay algo de lo que tiene que arrepentirse? ¿Qué es lo que no repetiría?

            Pues mira. Nosotros tuvimos la oportunidad de comprar la casa de Eloy Domínguez, con el terreno que además tiene, que sería el sitio ideal para un ayuntamiento. Entonces costaba doscientos millones de pesetas. Aquella idea me la sacaron de la cabeza los concejales; eso hoy vale una fortuna. Fue una de las cosas que considero un error, y otro fue no haber adquirido el Estadio del Tecla, pero claro, estaba en unas manos un poco especiales, así quedó…. El problema de los ayuntamientos es que tiene unos ingresos muy pequeños y unos gastos muy grandes, unos gastos de ciudad.

           

¿En política se termina saliendo con más amigos o estos se pierden y resulta más los ‘enemigos’?

            Yo creo que enemigos no. Puede haber algunas discrepancias, algunos malentendidos porque no siempre puedes hacer lo que te piden, pero estas situaciones se olvidan, porque también se llegan a comprender.

            ¿Enemistades?, yo creo que no me granjee ninguna, porque siempre atendí, dentro de lo que pude, sin hacer cosas raras, a todos el mundo. Pero repito, hay cosas que no se pueden hacer, y aunque parezca que al principio la gente no lo entiende, después sí, sobre todo si sigues siempre esa misma trayectoria. Lo que no puedes es ceder a unos lo que niegas a otros.

 

Y conociendo lo que ya sabe, teniendo como maestra aquella experiencia, ¿volvería a ser alcalde Raúl González Puebla si tuviese la oportunidad?

            No, no. La tuve, pude ser diputado incluso. Pero fue una etapa realizada. ‘Ligero’ tenía la ilusión de ser alcalde, y yo le aconsejé que se retirase conmigo, porque estaba ya enfermo, pero él tenía esa ilusión… duró dos años.

            Siempre se suele decir: ‘si no hubiese nadie… si….’. Pero no, y a mis años nada, hay gente competente para hacerlo. Además la ilusión se va perdiendo con los años. La gente que está ahora tiene su ilusión, hará las cosas mejor o peor….

 

¿Cómo vive Raúl González Puebla la política en la actualidad?

            La vivo como espectador. Yo veo que en la política hay muchos fracasos también, por culpa de que los seres humanos tenemos tendencia al egoísmo; aspiramos a más de una forma insatisfactoria, y en ocasiones no se respetan las formas; la moralidad está por los suelos. Qué te voy a decir… Yo siempre fui un enamorado de las autonomías; hoy ya no; hoy es un derroche tan grande de recursos el que existe, que asusta. Que cada Comunidad tenga sus consejeros, sus asesores, sus coches, qué se yo. España no puede aguantar esto muchos años; pero además las competencias que tienen las autonomías están vaciando al Estado, y el Estado no puede estar pendiente de lo que hacen los otros; el Estado no puede estar vacío de poder, el Estado tiene que controlar todo.

 

¿Sigue Raúl vinculado a alguna sigla política, si se puede decir?

            Hoy en día yo no estoy afiliado a ningún partido. Hombre, efectivamente tengo una gran simpatía por Fraga, fuimos muy amigos muchos años. Fíjate, la única calle que tiene Fernández Albor, es aquí en A Guarda, y yo estoy desvinculado de él, y es una cosa de que Fernández Albor debiera estar pendiente de esa calle, porque no tiene otra en Galicia.

 

¿Qué envidia, en el buen sentido de la palabra, a un alcalde de hoy?

            Nada; no envidio nada. ¿Qué ganan dinero?, a mí, la verdad, no me hace falta.

 

¿Cuál fue el día más triste, políticamente hablando, para Raúl?

            Yo sentí tristeza cuando los propios compañeros te hacen el vacío. Hubo compañeros que nunca debí haberlos llevado conmigo; pero mira, a veces también se aprende de estas cosas.

 

¿Y con qué alegría se queda?

¡Uy!. Con las elecciones; cuando ganas las elecciones.

 

¿Y cómo celebraban entonces la victoria?

            No había una celebración especial. Tomábamos un vino, algo por ahí. Lo celebrabas casi interiormente porque cuando uno se presenta y el pueblo te acepta, es un orgullo. Yo siempre he ganado por mayoría absoluta, y es que si no es por mayoría absoluta, no se puede hacer nada.

 

¿Cómo valora el recuerdo y homenaje que brindó la actual Corporación a cuántos tuvieron responsabilidades municipales, y cuyo acto principal se celebrará el 19 de abril?

            Fue un acto emotivo, no cabe duda. Fue una pena que no se celebrase con ocasión de los 25 años, que lo añoré, porque parece que son las fechas más adecuadas: los 25, los 50… y como a los cincuenta ya no vamos a estar aquí, pues haberlos celebrado, cuando menos, a los 25.

 Abril, 2009