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Camino de Santiago del Norte

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Sestao - Castro Urdiales

29,3 km

7 septiembre 2004

La noche pasada siguió la tónica de las precedentes: lluvia intensa y tormenta. Y el día seco y soleado.

Como de costumbre, a las siete "toca diana". Karla y yo nos organizamos para iniciar el Camino. Por delante algo más de 29 km.

Fermín hace ya una hora que partió. No volveremos a verlo. Kike y Carmen, regresan a Bilbao, para hacer el recorrido que ayer no cubrieron, de modo que no volveré a verlos, en un inesperado encuentro (y de agradable sorpresa y alegría para mí) hasta Santander.

Cerca del ayuntamiento nos cruzamos con el Técnico de Cultura que nos habla de sus proyectos para el Camino: quizás un albergue en Sestao. Se empeña en que nos acerquemos al Ayuntamiento para sellar la credencial.

Abandonamos Sestao en dirección a Portugalete, pasando por delante de la basílica de Santa María. Sestao y Portugalete parecen una sola ciudad: las últimas casas de la primera población podrían ser las primeras de Portugalete, y al revés.

 

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Parte de nuestro recorrido discurre por el bidegorri, el carril-bici con un lateral para peatones, que, unos doce kilómetros después, nos dejará en la playa de La Arena.

Aunque es un trayecto agradecido (por su horizontalidad), cuando ya se ha caminado un buen rato, se empieza a notar la dureza del asfalto.

 

Tres horas después de Sestao, alcanzamos la playa de La Arena, en Ziérbana: pasaremos por las peculiares casas de madera, en la misma playa, y cruzaremos el Puente Azul (en la foto casi se puede ver, a la izquierda), sobre el río Barbadum, camino de Ontón.

En Ziérbana volvemos al mar que habíamos dejado casi en Zumaia, con atisbos en Bilbao.

 

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Antes de dejar La Arena, volvemos la vista: ¡Qué contraste de paisajes y de colores! Y que hermoso es el norte!!!

 

Si saliendo de Sestao caminamos por el bidegorri, al dejar La Arena, lo hacemos por la "Vía verde", una antigua vía del ferrocarril minero que daba servicio al cargadero de la Arena (en la fotografía, sus restos) y que, además, se ha convertido en un recurso didáctico.

La costa acantilada cae vertical sobre el mar contrastando con nuestras Rías Baixas.

 

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A lo largo de la "Vía Verde" se han instalado distintos paneles informativos sobre flora, fauna, geología, agricultura y los recursos y valores que, en su recorrido, podemos ir observando.

 

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Prácticamente aquí decimos adiós al País Vasco y nos internamos en otra comunidad, entramos en Cantabria.

Santiago se encuentra, aproximadamente, a 610 km. 

 

 

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Ontón es impresionante: parece un pueblo de liliputienses visto de lejos, y uno no sabe si la montaña lo amenaza o lo protege.

En la parte baja de la ladera aún se conservan restos de construcciones mineras.

 

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Desafiando el equilibrio y al mar, alguna aldea se asoma al acantilado antes de llegar a Castro Urdiales, final de etapa.

 

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En Mioño, la romántica playa de Dicio, vista desde la carretera.

 

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Tres peregrinos franceses, parisinos, en la Plaza dedicada al Minero (Mioño), con los que coincidiremos un par de jornadas más.

 

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Puerto de Castro Urdiales, con la iglesia gótica de Santa María, el castillo-faro y el puente de Santa Ana.

 

Juan Mari a quien volvemos a encontrar en Castro Urdiales, como el doncel de D. Enrique el Doliente, consulta la etapa de mañana

Cuando se llega a los albergues (aquí el polideportivo de Castro Urdiales) lo primero que hace el peregrino es pegarse una buena ducha y luego, la colada. Así que no es raro ver la ropa colgada sobre las cabezas y cuando no seca durante la noche, que suele ser a menudo, se acomoda en el exterior de la mochila, compartiendo espacio con las concha de peregrino, y se va de "secaderos ambulantes" por calles, sendas y carreteras.

 

En Castro Urdiales observo que se me ennegrecen tres uñas como consecuencia del primer par de tenis que utilicé y que iban un poco justos. Supongo que me terminarán cayendo. De todos modos no son ningún inconveniente porque no me molestan. Como suelo decir, en este caso qué son tres uñas comparadas con la eternidad: nada meu rei.