Santander
- Queveda
40
km
11
septiembre 2004
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Siete de la mañana en
Santander. Ajetreo de mochilas y trasiego de
pasos que van y vienen. Algunos peregrinos intentan prolongar el sueño.
En el exterior, una señal nos indica la dirección a
tomar, pero la obviamos. Esta nos acerca a la catedral, que ya visitamos
ayer, dando una vuelta innecesaria. |
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Después de detenernos a desayunar cruzamos Santander en dirección a Boo
de Piélagos. |
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Por el camino nos surtimos de agua en una fuente
provista de un artilugio de vai-vén, la única de estas características
que hemos visto en lo que llevamos de recorrido. |
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Desde Boo de Piélagos tenemos
dos alternativas: desviarnos por Arce, que alargará el Camino nueve kilómetros, o cruzar "bajo nuestra responsabilidad" (nos dicen
en el albergue de Santander, y también lo escriben las guías) por el
puente sobre la ría de Mogro. "El tren pasa cada veinte
minutos", nos advierten. Un letrero, que nadie respeta, prohíbe el
paso. |
Nosotros "bajo nuestra
responsabilidad", y teniendo en cuenta que hemos visto pasar el tren,
hacemos caso omiso al letrero, seguimos las vías hasta el apeadero de Mogro.
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En el apeadero conversamos con Cirpriano (Jefe de Estación) y su mujer, Mónica. Ayer ha caído en el lugar
una granizada impresionante: "una vecina", nos cuentan,
"guarda en la nevera bolas del tamaño de una pelota de tenis".
Kike y Carmen, que cruzaron a Santander por Santoña, sufrieron las
consecuencias de este fenómeno atmosférico del que nos libramos quienes
quedamos en Colindres. |
Antes de despedirnos, Mónica nos
obsequia con un bote de tomate casero que ella misma preparó.
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Dejamos atrás la ermita de Mogro, que hoy acoge la celebración de una
boda. |
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La cámara digital nos permite no renunciar a ninguna
fotografía, así que cualquier cosa justifica el disparo. |
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Paisaje entre Mogro y Requejada. En esta última
población se encuentra el complejo químico de Solvay, y desde la ruta
que seguimos podremos observar las vagonetas aéreas que se desplazan
sobre cables de acero y que transportan material para la factoría. |
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Cuando llegamos al centro de Requejada, son las dos de
la tarde, comienza a
llover "con ganas". Buscamos refugio en un bar próximo y
aprovechamos para comer. |
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Satisfechas nuestras necesidades alimentarias, emprendemos la marcha
cuando deja de llover. |
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Pasamos por delante de la Solvay... |
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...y nos metemos en Torrelavega, donde nos llama la
atención el colorido de sus edificios.
Aunque por Torrelavega llegaremos también a Queveda,
no es esta la dirección que debemos seguir, así que retrocedemos para
volver a la rotonda que habíamos dejado atrás. |
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Prácticamente frente a esta iglesia se encuentra la rotonda con una
desviación a la derecha, que cogemos. |
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Cansados y sudorosos llegamos al albergue
"Arco Iris" (17.00h), donde nos recibe José, con un refresco que
agradecemos.
En esos momentos no hay ningún peregrino en el albergue, aunque ya son
casi las siete de la tarde. Pero llegarán. Llegarán
Josep y Roset, catalanes, que formarán parte de este excepcional grupo de
amigos que, desde Irún (siempre Irún estará en mi |
memoria) se ha ido creando, aunque
no todos hallamos coincidido en el tiempo en el Camino. Josep y Roser,
era el matrimonio que hacía ejercicios de calentamiento cuando llegamos al
albergue de Irún . Casi se puede decir, de
entonces, que fue un "hola" y un "adiós", a pesar de
que nos veíamos en el camino cuando unos nos adelantábamos a otros y dejamos
de vernos en Deba. A partir
de Queveda, será otra cosa. Pero la relación se estrechará, sobre todo, a
partir de Oviedo.
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