Oviedo
- S. Juan de Villapañada
27,4
km
18
septiembre 2004
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Andreas
preparando la mochila antes del partir de Oviedo |
En Oviedo hemos coincidido seis peregrinos, dos de
ellos ciclistas. Algún despertador ha sonado a las seis y media, de modo
que, ya despiertos, todos decidimos levantarnos.
Josep, Roser y yo, partimos juntos, aunque en el
trayecto nos iremos distanciando y encontrando.
Aquí conoceremos al alemán Andreas; profesor en la
Universidad de Colonia. |
Domina el
inglés, el francés, alemán, holandés y estudia italiano. Será uno más del
grupo muy pronto. Inicialmente, hace el Camino sólo, desde Biarritz. Si algo
más hubiera que destacar, es la señalización del Camino desde Oviedo: un
diez, tanto en la misma capital con conchas de peregrinos en cada cruce, en cada
paso de peatones, como en todo el recorrido hasta Santiago. Se "podría
hacer con los ojos cerrados".
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La mañana está fresca. Un termómetro, en la
calle, marca 11º. Cuando cruzamos Oviedo, quedan restos de la movida
por todas partes, pero los servicios municipales ya están en el tajo.
Muchos jóvenes todavía no se han retirado a sus casas tras una noche de
fiesta en la capital asturiana.
Las nieblas invaden el valle saliendo de Oviedo
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Bajando de San Lázaro Paniceres (donde antiguamente
hubo una leprosería) nos detenemos con Mino. El anciano gusta de
conversar y reflexiona sobre el Camino y su sentido. Habla de esta ruta como un lugar de
encuentro, y habla de paz y de concordia. Se muestra, dice, contento de
ver pasar a los peregrinos. Incluso habla con alegría cuando los
menciona.
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Recorriendo la ladera del monte Naranco, y dejando a un lado
Llampanxuga, cruzamos, en Loriana, el puente medieval de Los Gallegos,
sobre el río Nora para ascender al alto de Escamplero, por carretera y
por un precioso sendero que atraviesa un bosque de frondosas. Las nieblas
aún siguen acompañándonos.
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Encantadora ermita en Loriana
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Desde lo alto de Escamplero se divisan las sierras por
donde discurre el Camino.
Como todo el del Norte, seguiremos en un continuo subir
y bajar, pero como todo el Camino de Santiago del Norte, el paisaje
recompensa el esfuerzo. |
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Una de las muchas panorámicas que nos ofrece Escamplero
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Bajando de la montaña, seguimos en Escamplero, nos
encontramos con una leyenda escrita en la pared de una construcción
semiabandonada.
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Puente en Premoño, para salvar el río Nalón |
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La fotografía no lo revela, pero Peñaflor es una de
esas aldeas con un encanto especial cuando se cruza por su única calle
central.
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El río Nalón excavó la montaña hasta encauzar sus
aguas por el desfiladero de Peñaflor.
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Desde Grado hay que salvar una empinada cuesta
para llegar al fin de la etapa, en San Juan de Villapañada. Con un sol
"que pela", hago un descanso en la subida y aprovecho para dar
cuenta de la fruta que he comprado y, tras ese paréntesis, reanudo la
marcha. En la distancia ya se observa la iglesia de San Juan de Villapañada.
Muy cerca se encuentra el albergue, desviado casi un
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km del camino. Hacia él dirijo los
pasos. Una hora más tarde llegarán Josep y Roser, que se detuvieron en
Grado, donde comieron.
San Juan de Villapañada es una aldea sin servicios por lo
que hay que abastecerse en Grado, casi tres km antes. El albergue es una antigua
escuela rural reconvertida.
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Llegarán también tres jóvenes andaluces, alguno con
problemas de ampollas, y otros dos peregrinos que no compartieron la mesa
porque ya habían cenado.
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