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Irún 1 septiembre 2004 Son más de las nueve y media de la noche cuando el el tren, que había salido de Vigo a las 9.10 de la mañana, con hora de llegada prevista para las 8.49 de la tarde-noche, se detiene en la estación de Irún. Aquí es más noche que a la misma hora en Galicia, no en vano entre ambos extremos de la península hay casi una hora de diferencia, aunque las manecillas del reloj obvien esta evidencia. Además, el cielo está encapotado. En la estación conozco a Karla, de Vigo, y juntos nos dirigimos al albergue (calle Lucas de Berroa, número 10) siguiendo las indicaciones de un amable señor que hasta se había empeñado en acompañarnos. Diez minutos antes de que cierre, entramos en el albergue Beti-Guria.
Nos recibe Moncho, el hospitalero, con suma amabilidad y nos acomodamos en una habitación que ya ocupan Fermín, interventor de tren, y Javier, maquinista, ambos de Alicante, que llegaron de "rebote" a Irún, tras extraviarse en los montes de Navarra. Nos presentamos. Ducha. Y nos reunimos en la cocina Moncho, Fermín, Javier, Karla y yo. El hospitalero nos invita a cenar de los productos que dejaron otros peregrinos (a estas horas no hay en las cercanías donde comprar algo, y el albergue está a punto de echar el "pasador"). Moncho sella las credenciales. Las preguntas de rigor: de dónde venís, qué tal el viaje... A Moncho le gusta hablar. Y uno se duerme con la ilusión puesta en mañana. Será la tercera vez que haga el Camino, aunque es la primera que hago el del Norte. Santiago queda a 800 kilómetros... |
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