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Irún - San Sebastián
24,4
km
2
septiembre 2004
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A las 7 de la mañana toca diana. En adelante
será la hora señalada para abandonar el saco de dormir y organizarse
para iniciar la partida que se producirá poco después de las siete y
media. Generalmente, antes de iniciar el camino nos acercaremos a alguna
cafetería para desayunar.
Las primeras noches son calurosas y los sacos parecen sobrar.
. Moncho,
el hospitalero de Irún, Karla y Javier, antes de emprender el Camino |
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En el Pont Saint-Jacques, sobre el Bidasoa,
Hendaya, emprendemos el Camino ilusionados. Tan ilusionados que tras la salida, un
error (seguimos las flechas amarillas con la A, de albergue, en vez de las
que llevaban la C, de Camino), nos devuelve al trayecto que ya habíamos
hecho.
Fermín nos alerta jocosamente: "Que no nos vea Moncho que nos echa
una reprimenda". Y es que Moncho bien nos había indicado por donde
discurría el Camino desde el Puente de Santiago.
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Bajo un cielo plomizo, tras dejar atrás la urbe, el
recorrido nos conduce por caminos y pistas asfaltadas. Todo el norte es del
color de Galicia: verde y azul, con una vegetación exuberante. Vamos
camino del Santuario de Guadalupe, y en mi memoria el eco de nuestros
marineros en cualquier taberna : "A
Virxe de Guadalupe cando vai pola ribeira..." |
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Según
avanza la mañana, y la distancia a Santiago se acorta, en el
cielo se van abriendo claros. Pasamos por una zona húmeda y observamos
garcetas, garzas, los limícolas picoteando aquí y
allá, y hasta un cisne. A medida que ascendemos, Guadalupe sale a nuestro encuentro. |
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Desde
el Santuario observamos el
Bidasoa que, en esta jornada, adquiere un cierto carácter sagrado con la luz que horada un cielo nuboso.
Visitamos el
templo y sus alrededores y nos refrescamos en la fuente próxima. Y
continuamos el Camino para cruzar el monte de Jaizkibel. A media ladera
divisamos extraordinarios paisajes que vamos dejando a
nuestra izquierda. A la derecha asoman, olvidados, los torreones
que sirvieron de atalayas desde las que los cazadores de ballenas veían pasar
los cetáceos.
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En nuestro recorrido observamos unas deliciosas moras
de un tamaño extraordinario, que parecen decir "comednos".
Karla se anima y los demás tampoco hacemos ascos al banquete que se nos
presenta. Y damos buena cuenta de estos frutos como auténticos hombres
del paleolítico.
Fermín
y Javier en plena tarea |
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Pasajes fue,
sin duda, el puerto que más me impresionó. Un auténtico desfiladero
natural por el que entra el mar, ya domesticado, para ser ría. En sus
orillas, Pasajes de San Juan y Pasajes de San Pedro.
Descendemos a la primera de estas poblaciones a través
de unas escaleras, tras haber atravesado el monte Jaizkibel. |
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Bajando
a San Juan, descubrimos un delfín. Fotografiarlo no es tarea
fácil. Nadie le presta atención. Luego sabremos que no
es ninguna novedad en la ría. "Pakito", que así le
bautizaron, es un vecino
más de San Juan, de San Pedro y de los pueblos ribereños más próximos. |
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En San Juan las construcciones se levantan apretadas
sobre la ría... |
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... y algo parecido ocurre en Pasajes de San Pedro.
Ambas poblaciones están unidas por trasbordadores (0,50 €) que llevan a
vecinos, turistas y en este caso a los peregrinos de San Juan a San Pedro.
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Un trasbordador llegando a San Pedro |
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Desde Pasajes de San Pedro
tomamos una fuerte subida que nos llevará hasta la proximidades del Faro
de la Plata, en el monte Ulía, monte que atravesamos siguiendo un sendero
que nos obsequia con unas impresionantes vistas del litoral cantábrico.
Restos
de un acueducto en el monte Ulía |
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Es necesario
detenerse algún momento para no perderse estas magníficas
vistas.
El cielo se ha despejado de nubes y el calor, a media
mañana, aprieta aunque estemos en el norte, quizás es un septiembre de
temperaturas atípicas. En Ulía comemos. |
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, , . Es
media tarde cuando llegamos a San Sebastián. Recorremos el Paseo de la
Concha, el de Satrústegi y el Paseo de Igeldo, para llegar al albergue
juvenil. En Donostia (San Sebastián) concluimos la primera jornada
después de cubrir nuestros también primeros veinticuatro km y medio del
Camino de Santiago del Norte. |
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Albergue juvenil de San Sebastián |
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Aún nos queda "tarde" para acercarnos a la
playa de la Concha... |
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...y al Peine de los Vientos...
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.....o disfrutar con las bocanadas de aire que la entrada
del oleaje provoca por los "sumideros" abiertos en el mirador
del Peine de los Vientos. La noche nos reserva una
tormenta y un aguacero. Pero ya estamos en el refugio. Eso sí, tras
cenar, fue necesario correr al albergue para no llegar empapados. |
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