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Deba
- Cenarruza
26
km
4
septiembre 2004
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A las siete toca levantarse.
Iñaki Sarriugarte,
un bilbaíno al que revienta el calor, se suma al grupo. Desayunamos antes de emprender el Camino y con
inesperada sorpresa para todos, Javier nos dice que abandona. Aunque al
principio "suena" a broma, habla en serio. Para alguno será el
primer golpe que producen las despedidas (...) Como recuerdo, me dejará
su bordón. |
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Seguimos disfrutando, en estas alturas vascas, de
paisajes siempre verdes. Los caseríos se diseminan aprovechando los
escasos llanos o las suaves ondulaciones del terreno. Las montañas
preservan la intimidad de los lugareños que orientan su economía a los
recursos que les ofrece la geografía que vamos recorriendo... |
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...y donde la montaña se abre, o desaparece, surge el
mar, y aquí, la luz es color: azul y verde. |
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En lo alto del Calvario, con ermita y Via-Crucis, nos
detenemos en una mañana que amaneció algo más fresca, aunque pronto el
calor hará estragos.
Las nieblas cubren de "telarañas" las construcciones y los
prados. |
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En el sendero descubrimos una piedra con una cruz en alto
relieve que evidencia que es obra secular y no resistimos la tentación de
inmortalizarnos con ella.
Iñaki, Fermín y Karla |
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Campanario en el trayecto de Deba al Monasterio de
Cenarruza |
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En uno de los senderos, entre carballos y castaños,
nos encontramos a Kike, de Bilbao, y a Carmen, de Malpica. A partir de ese
momento, el grupo ya es de seis personas y los lazos de amistad se van
estrechando cada vez más a medida que sumamos kilómetros... |
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Pero el Camino de Santiago del Norte no sólo se
caracteriza por la belleza de sus paisajes, sino, también, por su dureza.
A los continuos rompepiernas hay que añadir, este mes de
septiembre, las elevadas temperaturas que pueden más que las ganas de
Iñaki por lograr llegar a Bilbao.
En Markina, Iñaki decide despedirse del Camino... |
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...y nosotros, después de recobrar fuerzas
compartiendo lo más parecido a un "xantar" con Iñaki, que regresará en autobús a su Bilbao, continuamos
hacia Cenarruza, localidad a casi siete km de Markina y a 27 de Deba, de
donde partimos esta mañana |
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En Bolívar creemos observar por vez primera los
azulejos con el símbolo de la concha como indicadores del Camino. Hasta
entonces la señalización venía dada, únicamente, por las flechas amarillas. |
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Maternal estampa vacuna |
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Entre las curiosidades que nos ofrece el Camino, este
lugar sagrado. Para satisfacer nuestra curiosidad nos acercamos y
lo que creíamos que era el testimonio de una tragedia es, según podemos
leer en algunos de los recortes de periódicos que cuelgan entre los
restos de flores y cirios, el lugar donde se habla de una aparición de la
Virgen. |
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Son poco más de las siete de la tarde cuando entramos
en el Monasterio de Cenarruza, donde nos recibirá un monje que nos
conduce a unas dependencias habilitadas como albergue de peregrinos. |
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Llegará, también Gabriel (un ciclista), con el que
compartiremos cena, Completas y Maitines. Para asistir a estas últimas
nos levantaremos a las cinco de la madrugada. Todos tenemos curiosidad por
conocer estos rezos que inician los oficios religiosos de la comunidad
cisterciense. |
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Otro monje nos sella la credencial y conversa con
nosotros un buen rato. Nos ilustra sobre la historia del Monasterio. Al
monje le llama la atención la cámara digital, y hasta parece que
desearía tener una en la Comunidad para fotografiar las imágenes que se
pueden ver en el interior del recinto sagrado. |
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Y como teníamos previsto,
aunque con sueño, hacemos un nuevo sacrificio, y a las cinco de la
madrugada nos desperezamos para asistir a Maitines. La puerta del templo
está cerrada. En el exterior aguarda también una mujer. Los intentos de
abrir la puerta "invitan" a uno de los monjes que rezan a
abrirla y pasamos al interior. La comunidad tiene sólo ocho monjes aunque
en los oficios religiosos contamos siete. Uno de ellos toca la cítara. |
Comentamos la dureza de la jornada de hoy. Hablamos
de un relieve tan vertical que, salvo las cabras que hemos visto guardando el
equilibrio entre los riscos, nadie osaría ascender las paredes que jalonaban el
camino. Fermín, experimentado caminante, nos daba en los ascensos su consejo
"Las cuestas hay que subirlas como los viejos, para bajarlas como los
jóvenes".
Hacemos cuentas del número de peregrinos con los que nos
hemos cruzado desde que salimos de Irún: en total 14.
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