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Camino de Santiago del Norte

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Colindres - Güemes

24,5 km

9 septiembre 2004

 

Desde el puente de hierro que tenemos que cruzar para salir de Colindres por la N-634, carretera que nos acompañará en Cantabria durante algunas etapas, observamos este otro puente sobre la ría del Trento, formada por la desembocadura del río Asón

 

Típicas casas cántabras, en Escalante que se caracterizan por sus muros de piedra y balcones de madera.

Charlamos con unas vecinas del lugar que nos preguntan por el final de etapa. "Güemes", respondemos. Y las vecinas se deshacen en elogios hacia el Padre Ernesto a quien no conocemos pero del que hablan muy bien las guías.

 

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Saliendo de Escalante ascendemos por una carretera de escaso tráfico que pasa por una ermita, quizás la de San Román (?), para llegar a San Miguel de Meruelo

 

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Gran parte del Camino transcurre, en esta jornada, por asfalto, de modo que las posibilidades "culturales" se reducen bastante con relación a días anteriores.

 

 

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Los silos que desde el tren veía enrollados, ahora, para evitar que se moje la paja, se hayan "embolsados" para protegerlos de la humedad y de la luz.

 

Al fin llegamos a Güemes. Pero no está el Padre Ernesto, así que tras la ducha, toca la colada.

La guía que manejamos dice de Güemes que "el peregrino se siente, por fin, acogido como merece".

Las referencias hacia el Padre Ernesto nos llenan de curiosidad...

 

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Somos los primeros peregrinos en llegar al albergue, pero más tarde nos reuniremos el mayor número en el Camino del Norte: seremos por vez primera catorce, quizás, como nosotros, los demás tienen también deseos por "vivir" el espíritu de Güemes

 

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Para sorpresa nuestra, a Güemes llegará, también, Juan Mari (que escribe sus datos personales en el Libro de Peregrinos)...

 

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Y también lo hará Assumpta, los tres franceses y dos alemanas...

 

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Y conocimos a Roget y a Juan Carlos quien se ríe tras saber que yo no soy, como me había presentado,  el "Padre Antonio, colaborador del Padre Ernesto".

 

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Y por fin tendremos el placer de saludar y conversar con el Padre Ernesto, el alma de Güemes. Y damos fe que Güemes es otra cosa.

 

 

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Antes de cenar el Padre Ernesto nos invita a asistir a un concierto de la orquesta juvenil de la Big- Bang alemana y los ocho peregrinos, dos chicos marroquís acogidos por el Padre Ernesto, Carmen (a la que después me referiré) y el P. Ernesto, nos acomodados en un viejo furgón en el que nos trasladamos a la iglesia...

 

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...y en verdad que disfrutamos de un extraordinario concierto que no nos importaría, pese a los muchos km que teníamos en nuestros pies, que se prolongase.

 

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Carmen es una voluntaria, colaboradora del Padre Ernesto, aunque quizás mejor es decir que colabora con los peregrinos a quienes cuida cada día en el albergue. Aceite de almendras y romero, pero sobre todo sus manos y su palabra, son medicina para las cansadas piernas y el espíritu del peregrino.

 

 
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Mientras los "juanes" (Juan Mari y Juan Carlos) preparan una exquisita cena, aunque eso sí, las sartenes utilizadas convirtieron lo que tendría que ser una tortilla en un revuelto... riquísmo.

 

Ahora sabemos cuál es la diferencia de Güemes, porque aquí se vive el Camino.

Otra referencia: generalmente los peregrinos a las diez están ya descansando. En Güemes, era la una y media de la madrugada y todavía disfrutamos con la presencia y la conversación del Padre Ernesto.